No somos tan distintos

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Dicen que las comparaciones son odiosas. Cuando nos desfavorecen. Obviamente. En realidad, los paralelismos son imperfectos. Pero no por eso menos útiles. Siempre andamos buscando parecidos y diferencias. Y la memoria juega con caprichosamente con ellos. Para consolarnos. O flagelarnos. Para explicar. Y para comprender. Para no sentirnos tan distintos. O todo lo contrario. Ahí están violentas manifestaciones en Francia. También en Italia. Y hasta en la Albania de la que no sabíamos ni sabemos. Solo que ahora nos enteramos que los negocios y negociados de la familia Trump llegaron hasta ahí para encender la mecha de la bronca. Efecto imitación. Razones estructurales. Nada que no hayamos vivido acá. Demasiadas veces. Como los parecidos con en ese París en llamas y con toque de queda un día. Y partido de fútbol al día siguiente. Como si nada. Como para llevarme a aquel glorioso 27 de diciembre de 2001 cuando (mi) Racing volvió a salir campeón luego de 35 años. Después de destrozos , muertos y caída de presidentes en serie. Un día estado de sitio y al otro día fiesta futbolera en el Obelisco. No habrá sido Champs Elysees ni en el Arco de Triunfo. Pero no somos tan distintos. Aunque sea en algo y por un ratito.