El Vaticano cita una conversión por TikTok para inspirar nuevas formas de transmitir la fe

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El Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó este jueves Venite ad me, un documento que reconoce sin rodeos que ya no se puede dar por sentado que los padres transmitan la fe a sus hijos. Lo que antes funcionaba, hoy no produce los mismos frutos.El texto, estructurado en ocho capítulos y 144 apartados, lleva la firma del Cardenal Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y de Mons. Armando Matteo, Secretario para la Sección Doctrinal. Los autores precisan que se trata de unas “consideraciones” elaboradas con las aportaciones de diversas conferencias episcopales y no de una nota doctrinal.La elaboración fue impulsada inicialmente por el Papa Francisco y retomada posteriormente por León XIV, quien aprobó formalmente el texto durante una audiencia con ambos responsables el 21 de agosto de 2026 y ordenó expresamente su publicación.El texto reúne testimonios de conversión anónimos enviados por conferencias episcopales de distintos países para mostrar cómo la gracia sigue transformando vidas en contextos muy diversos. Entre ellos, figura un joven belga de 17 años que, tras caer en el alcohol y atravesar varias crisis amorosas, redescubrió la fe al encontrar una oración por casualidad mientras navegaba por TikTok. También se cita el ejemplo de un exmiembro de bandas armadas en Colombia que dejó atrás la drogadicción y la delincuencia gracias a un proceso de oración y acompañamiento cristiano; o un estudiante suizo de neurobiología, criado en un ambiente ateo que llegó a la fe a través de la belleza, la reflexión y la acogida de una comunidad cristiana.El documento sostiene que la ruptura en la transmisión generacional de la fe es ya una realidad global y señala que lo que “en el pasado resultaba eficaz, en la situación actual ya no produce los mismos frutos”.Más aún, advierte que “no solo está en crisis la transmisión de la fe, sino también una determinada visión del ser humano y de sus valores fundacionales”.Volver al núcleo del cristianismoEl texto incorpora aportaciones de la Iglesia universal procedentes de conferencias episcopales de Europa, América, Asia y África.Asimismo, dialoga con una amplia tradición de autores cristianos. Entre los más citados figuran Hans Urs von Balthasar, Romano Guardini, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, San Justino Mártir, Aelredo de Rievaulx y Próspero de Aquitania. También incorpora referencias a San Alberto Hurtado y al jesuita francés Aimé Duval.Ante la situación actual, el texto propone focalizar toda la acción evangelizadora en el kerygma, es decir, en el anuncio fundamental de la fe cristiana.“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”, se lee en el documento.Según explica el Dicasterio, “la fe no se transmite, en primer lugar, como un conjunto de contenidos doctrinales o de información religiosa, sino como una forma de vida eclesial en la que el creyente se va introduciendo progresivamente”. Por ello, advierte que “no parece oportuno”, al transmitir la fe a las nuevas generaciones, a los catecúmenos adultos y a los llamados “reconvertidos”, “dispersarse en tantos ámbitos de la doctrina católica —por muy importantes que sean— y perder de vista lo que en ella hay ‘de más sólido, de más profundo, de más seguro, de más consistente’”.En esta línea, recupera la enseñanza del Concilio Vaticano II sobre la “jerarquía de las verdades”, recordando que existe un núcleo central de la fe al que todo debe remitir.Una catequesis que evite lenguajes “dogmáticos”El documento también realiza una autocrítica sobre los modos actuales de comunicar la fe.Señala que hoy es “más urgente que nunca” analizar las formas de organizar la catequesis para evitar que la transmisión de la fe quede confinada a lenguajes “escolásticos”, “dogmáticos” o “moralistas”.“Con demasiada frecuencia, una comunicación repetitiva y autorreferencial del mensaje evangélico corre el riesgo de no llegar al corazón de los fieles. Por eso, el lenguaje de la fe no debe limitarse a una fría exposición de conceptos; sin duda debe poseer esa claridad que facilita la comprensión, pero sobre todo debe caracterizarse como una llamada del corazón”, afirma el texto.Frente a ello, reclama un lenguaje más cercano, narrativo y existencial, capaz de dialogar con las heridas, búsquedas e interrogantes de las personas.“La comunicación de la fe no debe limitarse a una fría exposición de conceptos”, insiste el texto, que pide un anuncio “apasionado y apasionante”, al estilo de las parábolas de Jesús.Los autores reconocen además que “es un hecho que el elevado número de niños y adolescentes que se alejan de la Iglesia y de los sacramentos inmediatamente después de haber completado el itinerario de iniciación cristiana, o el que ofrece la escuela católica, indica que la catequesis sigue teniendo dificultades para encontrar los caminos más adecuados que motiven un encuentro personal sólido y duradero con Cristo”.Por ello, subrayan la necesidad de promover “en cada comunidad eclesial, grupos de escucha, de meditación, de compartir y de oración de la Palabra, en cuya convocatoria se dediquen momentos específicos y fijos, que complementen la celebración de la Eucaristía dominical”.Además, proponen recuperar prácticas tradicionales como la lectio divina con el fin de “facilitar esa relación de confianza de los creyentes con la Sagrada Escritura”, adoptando “fácilmente la antigua práctica de la lectio divina y las modernas metodologías narrativas”.La liturgia como experiencia de encuentroUno de los apartados más extensos está dedicado a la liturgia, presentada como un lugar privilegiado para la transmisión de la fe. “Es necesario superar una visión reduccionista que la considere un mero marco ritual de la vida eclesial”, señala el documento, que rechaza reducirla a una simple ejecución formal de ceremonias.Por el contrario, el texto presenta a la liturgia eucarística como una experiencia viva de encuentro con Cristo resucitado. “La liturgia, de hecho, es ante todo una experiencia de fe, incluso antes que una enseñanza, ya que permite al fiel participar en gestos, palabras, silencios y símbolos, haciendo una experiencia viva del misterio de Cristo”.Asimismo, sostiene que “solo a través de una participación plenamente consciente, que presupone una educación adecuada en el lenguaje litúrgico, la fe puede transmitirse no como una doctrina abstracta, sino como una vida nueva que se comunica ‘por atracción’ en lo cotidiano”.Según el documento, mediante la belleza de los signos, la música, el silencio, la Palabra de Dios y la celebración de los sacramentos, especialmente la Eucaristía, la fe se transmite de manera “performativa”: no solo se habla de Dios, sino que se entra en relación con Él.Por ello reclama una renovada atención a la calidad de las celebraciones y un acompañamiento “mistagógico” que permita a las nuevas generaciones comprender plenamente lo que celebran.También pide valorar la riqueza de las distintas sensibilidades litúrgicas presentes en la tradición católica. “Los pastores están llamados a poner en valor la riqueza del patrimonio litúrgico católico (...) de tal manera que puedan entrar en contacto con las diversas sensibilidades de sus contemporáneos”.El testimonio y la opción por los pobresEl documento insiste en que la evangelización solo será creíble si va acompañada por el testimonio concreto de los creyentes. Ese testimonio se articula en tres dimensiones fundamentales: la santidad, la cercanía y la opción preferencial por los pobres.Recogiendo enseñanzas de León XIV, recuerda la “fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres”.Como ejemplo, cita el caso de la Iglesia en Myanmar. Los obispos de aquel país, marcado por múltiples conflictos, muestran su cercanía a los más necesitados “incluso simplemente en el silencio de la escucha, sin distinción alguna de pertenencia religiosa”. Según el documento, esa cercanía concreta despierta en muchos no cristianos el deseo de conocer el origen de esa actitud y abre espacio al anuncio del Evangelio.Sociedades poscristianasVenite ad me ofrece, por otro lado, uno de los diagnósticos más amplios realizados por la Santa Sede sobre la crisis de la evangelización en Occidente.El texto sostiene que la Iglesia se enfrenta a una transformación cultural tan profunda que, en muchos países de antigua tradición cristiana, ya puede hablarse de sociedades “poscristianas”.“Tal y como denuncian los obispos de Rumanía, la rápida secularización de dichas sociedades hace que ‘la falta de práctica religiosa ya no se perciba socialmente como una ausencia que haya que justificar’”.Por ello, concluye que “en el caso de los países de antigua evangelización, ya se puede hablar de sociedades post-cristianas”.El análisis de la situación se repite en distintas regiones del mundo. En Chile, los obispos recuerdan que durante décadas la fe “se transmitía relativamente de manera orgánica de una generación a otra”. En Panamá, en cambio, observan que “ya no se transmite de manera natural dentro de las familias”, mientras que en Colombia son cada vez más los abuelos quienes suplen el papel catequético de los padres.Evangelizar a los adultosAnte esta realidad, el dicasterio plantea una inversión de la perspectiva pastoral. Si durante décadas la atención se centró principalmente en niños y adolescentes, ahora la prioridad pasa por la evangelización de los adultos.“Hoy en día surge cada vez con mayor urgencia la necesidad de acompañar a personas, incluso a aquellas bautizadas en la infancia, que viven alejadas de la comunidad eclesial y que, aunque sienten una llamada interior a una vida evangélica, tienen dificultades para comprender y hacer suyo el lenguaje de la Iglesia”.Por ello, se plantea una pregunta directa: “¿Cómo pueden los adultos transmitir la fe a las nuevas generaciones si ellos mismos no la viven primero a nivel personal?”.Alerta contra una fe hecha “a su medida”El documento también dedica una reflexión específica a las nuevas tecnologías. Aunque reconoce las oportunidades evangelizadoras que ofrece el mundo digital, advierte de sus riesgos. “La desinformación no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador”, afirma.Asimismo, alerta de que algunas personas pueden terminar construyéndose una fe hecha “a su medida”, desligada de la vida concreta y de la enseñanza de la Iglesia.Frente a estos desafíos, insiste en la necesidad de una renovada inculturación de la fe. La evangelización, señala, exige “la encarnación del Evangelio en las culturas autóctonas y, a la vez, la introducción de éstas en la vida de la Iglesia”.“No se evangeliza un lugar, sino siempre a las personas”, recuerda el texto, que llama a llevar el anuncio cristiano también a las periferias urbanas, a los migrantes, a los trabajadores temporeros y a las múltiples subculturas presentes en las sociedades contemporáneas.Una llamada a la esperanzaPese a la dureza del diagnóstico, el documento rechaza cualquier actitud derrotista. Desde el Vaticano destacan signos esperanzadores, como el aumento de conversiones y solicitudes de bautismo entre jóvenes y adultos en algunas zonas altamente secularizadas, especialmente en Francia.“Una visión realista de esta situación no debe llevarnos a desesperarnos por el futuro de la Iglesia”, afirma el texto.