Julián Álvarez no pidió perdón ni mostró mensaje alguno. No hizo falta, pues el argentino, con un gol de ratón de área, el primero como local , salvó a un gris Atlético del Deportivo y amplió a seis la racha de victorias rojiblancas en liga. Una aparición mesiánica que convirtió los silbidos en aplausos, especialmente críticas las gradas del Metropolitano con el juego de su equipo, y minimizó a los gallegos, que aplicaron en la capital un fútbol serio, ambicioso y que muy cerca estuvo de darles una alegría en uno de los fortines más complejos de la competición. Muy emotivos fueron los instantes previos al choque, coral el pésame a Dani Martín, del Canto del Loco, por el fallecimiento de su padre , y amplio el aplauso a Josema Giménez, que pisaba el Metropolitano como invasor por primera vez en su carrera. Muestras de cariño que dieron paso a un dominio absoluto del Atleti en los primeros minutos, temeroso el Deportivo por el escenario, flojo su pie, débil como un flan cuando los rojiblancos encaraban su área. Al menos, hasta que Soriano y Yeremay comenzaron a recitar hechizos, colapsados Hjulmand y Llorente ante esos locos bajitos. Dominaban los locales, sí, pero ni mucho menos conseguían dibujar un escenario propicio para soltar el primer zarpazo. Fue Julián, con una jugada fantástica, espantapájaros los zagueros visitantes a su paso, el que empezó a caldear los ánimos en el Metropolitano. Aunque el tiro de Barrios no estuvo a la altura de la excelencia del argentino, parece que, poco a poco, este empieza a equilibrar la balanza a su favor en su gresca con la afición colchonera. El chispazo, sin embargo, fue único en su especie y, con el paso de los minutos, los gallegos crecían en el partido, despacito y con buena letra, mientras a los de Simeone les empezaban a entrar los agobios al ver que su fútbol no afloraba. Necesitó el Atleti una gloriosa intervención de Oblak para evitar el 0-1, gigante el esloveno ante un tiro a centímetros de la línea de Amatucci. El susto silenció al recinto, señal de que el Dépor, liderado por un exquisito Yeremay, estaba haciendo las cosas muy bien. Así, los primeros silbidos empezaron a escucharse en las gradas por los cíclicos errores en el pase de los rojiblancos, muchos obra de Baena, y las amplias posesiones deportivistas. Unas sensaciones nefastas cortadas de raíz por Kang-In Lee, autor de un serpenteo muy parecido al de Julián aunque más plástico, menos canchero, que acabó en un potente disparo por encima de Leo Román. Repitió en la siguiente jugada el surcoreano y, en esta ocasión, el esférico rozó el larguero. Dos chispazos brillantes a la vez que efímeros pues, al poco tiempo, los coruñeses volvieron a adueñarse de la posesión y, por ende, a generar peligro. Tras el paso por vestuarios, todos los malos presagios se esfumaron tras una gran jugada de Grimaldo por la banda izquierda, esfuerzo coronado por Julián Álvarez que, al fin, vio cómo el Metropolitano volvía a gritar su nombre sin resentimiento, con pura rabia, después de que inaugurara el marcador con olfato y un toque sutil. Verse por encima en el marcador infló los ánimos locales y convirtió los pitos en aplausos, cíclicos los acercamientos rojiblancos, pese a que el Dépor ni mucho menos renunciaba a sus oportunidades. Julián, eso sí, estuvo muy cerca de doblar la ventaja, aunque en esta ocasión se topó con la genial salida de Román, que desvió la vaselina del delantero con la cara. Sorloth y Giuliano, ambos suplentes, también tuvieron la oportunidad de redecorar el electrónico poco después. Incluso el Dépor pudo empatar en la última jugada, en el último segundo, pero Oblak volvió a imponerse sobre la cal.