En la Santa Sede nadie se atreve a darlo por sentado, pero por si acaso, el séquito papal está preparando las maletas. El próximo 6 de noviembre, León XIV tiene previsto aterrizar en Montevideo tras catorce horas y media de vuelo transoceánico para arrancar una visita pastoral de once días por América Latina . El Vaticano acelera con los preparativos para este viaje, apoyado en el dictamen favorable del cirujano que operó al Pontífice y en los buenos resultados de los análisis histológicos, que han descartado metástasis. «Los resultados han confirmado que se trataba de un adenocarcinoma pulmonar y que la enfermedad estaba localizada. Una evaluación oncológica posterior ha confirmado que no es necesario ningún tratamiento adicional», declararon los médicos a última hora de este lunes. Hasta ese momento, el único dato a favor era la opinión del cirujano, que se limitaba a la recuperación física tras la intervención. «Pensé que quizá lo retrasarían», reconoció este domingo su hermano Louis Prevost, que reside en Florida y tiene previsto esperar al Papa en Perú. Incluso un equipo de la Santa Sede, con agentes de seguridad, liturgistas, protocolo y representantes de la comunicación, está haciendo estos días la última visita de reconocimiento a los lugares que visitará León XIV en los tres países. Este miércoles la certeza de que el viaje se haría aún no era total. Con prudencia, el cardenal Ángel Rossi, arzobispo de Córdoba, una de las ciudades que visitará el Papa, había reconocido a un medio argentino que «estamos esperando la última palabra de él que nos diga 'voy para allá'. Parecería que sí pero faltaría la ultimísima palabra». Se trata de una visita muy simbólica por varios motivos. Después de tres días en Uruguay, uno de los países más laicistas del continente, León XIV llegará a Buenos Aires para visitar la patria del Papa Francisco, país al que éste prefirió no desplazarse. La idea es rendir homenaje a su predecesor, y subrayar algunos frutos de su Pontificado. Desde Buenos Aires, el miércoles 11 de noviembre, el Pontífice se trasladará al Perú, que considera su patria espiritual, para reconocer todo lo que este país hizo por Robert Francis Prevost. Los planes contrastan con la expresión que usó el Papa el pasado domingo en la que fue su primera aparición pública. «Ahora retomaré gradualmente mis actividades, siempre con la ayuda de Dios y de sus oraciones», dijo. Y en ese «gradualmente» se concentran todas las dudas. No está claro si «gradualmente» incluye la posibilidad de hacer un viaje de 11 días y 14 vuelos, que incluiría desplazarse en el mismo día, por ejemplo, desde el frío de Cusco, a 3.400 metros de altura, hasta el calor extremo y la humedad constante de Pucallpa, a sólo 156 metros sobre el nivel del mar. Antes de la operación, la versión vaticana era que el Papa había adelantado la intervención quirúrgica, en la que supuestamente debían extirparle un nódulo, para poder recuperarse con tiempo suficiente para realizar este viaje. Sin embargo, el mismo martes por la noche, tras la operación, el comunicado del Vaticano revelaba que el motivo de las prisas era que los análisis previos a la operación apuntaban que el nódulo era un tumor maligno. Una vez que se conoció el diagnóstico, la cuestión central pasó a ser si era prudente que el Papa hiciera un viaje de estas características solo tres semanas después de la cirugía. La respuesta llegó con una inédita entrevista al cirujano que lo operó, Stefano Margaritora, concedida a los medios de comunicación oficiales del Vaticano tras haberle dado de alta. «Ante la posibilidad de un viaje largo con desplazamientos en avión, que se efectuará dentro de unas tres semanas, diría que no hay motivos clínicos para que este viaje no se realice», aseguró Margaritora. Con esas declaraciones se esperaba poner punto final a los rumores de que el viaje podría cancelarse. Pero se referían sólo a la cirugía, y no al futuro tratamiento. Los resultados de los análisis publicados este lunes han despejado todas las dudas. El cardenal Pietro Parolin apuntó la posibilidad de que la agenda del viaje sea reformulada, y se elimine o modifique alguna de las etapas. Un indicio de cómo actuará será la visita que tiene programada el próximo martes 27 de octubre a Asís, donde participará en el 40 aniversario del encuentro que allí convocó Juan Pablo II con representantes de todas las religiones. Mientras que esta semana el Pontífice no tuvo encuentros públicos ni el lunes ni el martes, este miércoles presidió la audiencia general. A pesar de la lluvia, recorrió en papamóvil la plaza de San Pedro como si no le hubieran extirpado hace ocho días un lóbulo del pulmón. Desde allí, bromeó con peregrinos, bendijo a bebés y recogió cartas. Acto seguido, tras pronunciar una larga catequesis, se despidió cantando con voz enérgica el padrenuestro y la bendición. «¡Gracias por el apoyo de vuestras oraciones!», dijo a los peregrinos sin mencionar directamente la cirugía. «Este Papa tiene fuerza de sobra no solo para hacer el viaje, sino para subir andando al Machu Picchu», bromeó una de las asistentes.