Netanyahu fía su reelección a la promesa de otra guerra con Irán y al rechazo a los árabes

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En octubre de 2023, cuando el shock inicial por el ataque de Hamás iba dando paso a la interiorización de que había sido el mayor fiasco de seguridad en las siete décadas de historia del Estado de Israel, casi nadie pensaba que Benjamín Netanyahu seguiría como primer ministro tres años más tarde. Tampoco que un país acostumbrado a coaliciones amplias y a adelantos electorales (ninguno fue tanto a las urnas entre 1996 y los últimos comicios, en 2022, cada 2,4 años) completaría la legislatura justo esta vez. Y, menos aún, ambas combinadas: que, tras cuatro años de polémicas y guerras, Netanyahu llegaría a la recta final de las elecciones —que se celebran el martes— con menos apoyo y popularidad, pero con probabilidades de mantenerse en el poder. “No me rendiré”, reza uno de los carteles electorales con su rostro.Seguir leyendo