Adrian Hill, piloto británico, pulsó tres botones para salvar un dron de 2,5 millones de libras: «Un cuarto de segundo después habría tocado el agua»

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Cuando pensamos en drones, nos vienen a la cabeza los ya conocidos por todos “pequeños” dispositivos voladores controlados remotamente con un mando a distancia o el smartphone, que a menudo integran cámaras de alta resolución para facilitar la navegación de los operadores. Su versatilidad ha provocado que ejércitos de todo el mundo empiecen a utilizarlos en operaciones de lo más variadas: desde misiones de reconocimiento hasta ataques de precisión, pasando por el transporte de suministros y tareas de protección. Sin embargo, conviene abrir la mente en cuanto al tamaño de los drones, ya que algunos son relativamente grandes, como el Peregrine.De tres metros de largo, el Peregrine es uno de los últimos mini-helicópteros no tripulados de la Marina Real británica. Capaz de realizar misiones que duran hasta cinco horas y a largas distancias, es el primer helicóptero pilotado a distancia por la Marina Real, y se estrenó en operaciones antidroga en Oriente Medio, destacando las incursiones en el Océano Índico y el Golfo de Omán en busca de contrabandistas y traficantes de drogas.El Peregrine integra las últimas novedades tecnológicas, lo que le permite proporcionar grandes cantidades de datos e imágenes de radar en tiempo real que se reproducen directamente en las pantallas de monitoreo de la sala de operaciones. Un dispositivo de estas características, lógicamente, no es barato. Está valorado en 2,5 millones de libras (al cambio actual, unos 2,98 millones de euros). Que se estrellara supondría un duro golpe para la Marina Real británica, tanto a nivel operativo como económico. Y estuvo a punto de ocurrir recientemente, pero el teniente comandante Adrian ‘AJ’ Hill lo salvó de una “muerte” casi segura.“Si hubiera estado en el mar, habría sido el fin” El teniente comandante Adrian 'AJ' Hill siendo condecorado por su hazañaA principios de 2026, el Peregrine, durante una misión de rastreo de narcotraficantes en el Golfo de Omán, estuvo a punto de estrellarse. Justo al final de una patrulla rutinaria de dos horas y media, al lado de la popa del HMS Lancaster (fragata conocida históricamente como “La Fragata de la Reina”), se mantenía suspendido en modo autónomo a unos 18 metros de altura. Pero un movimiento hizo que el teniente comandante Adrian ‘AJ’ Hill se pusiera en alerta, justo a tiempo para evitar el desastre.Hill tomó los mandos y redirigió el pequeño helicóptero no tripulado a un lugar seguro: «Voló muy bajo. Estaba a tan solo entre 30 y 60 centímetros del mar. Un cuarto de segundo después habría tocado tierra, y si hubiera estado en el mar, habría sido el fin». Hill añadió: «Casi de reojo, lo vi descender repentinamente. Estuvo a solo unos segundos de estrellarse contra el mar. Tuve que tomar el control manual, es decir, presionar tres botones en el orden correcto, y usar los controles al máximo». Después de eso, lo elevé a una altura segura, me tranquilicé y la aterricé manualmente en la cubierta. Fue uno de mis mejores aterrizajes, ya que la adrenalina estaba a topeAdrian 'AJ' Hill, teniente comandante La hazaña del teniente comandante Hill fue presenciada por dos ingenieros del escuadrón de drones con base en Culdrose, que habían estado observando el aterrizaje. El hito los sorprendió, así como la repentina caída de altitud del Peregrine. «No se puede entrenar para este tipo de emergencias, pero yo sabía lo que tenía que hacer. Fue simplemente una reacción, no una entrada en pánico», explicó Hill.Los reflejos casi felinos de Hill lo llevaron a ser condecorado con el máximo galardón en materia de seguridad tanto en la Fleet Air Arm como en la Real Fuerza Aérea. Hasta entonces, ningún piloto de drones había sido condecorado con uno. Si el Peregrine se hubiera estrellado, aunque una tragedia, tendría su explicación, y es que se encontraba en fase de pruebas cuando se voló desde el HMS Lancaster.El Peregrine es el nombre elegido por la Marina Real británica para el S-100 desarrollado por Schiebel, un “camcopter” de 200 kilogramos equipado con radar marítimo de cobertura amplia y cámara electroóptica/infrarroja para tareas de inteligencia, vigilancia, reconocimiento, localización de blancos y apoyo en misiones de seguridad marítima. Puede incluso portar misiles ligeros para casos de ataque.