David Céspedes, experto en longevidad: «La remolacha no es un superalimento. Cómela porque te gusta, pero no porque te hayan prometido milagros»

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La nutrición está más de moda que nunca. O, mejor dicho, la preocupación por todo lo que tiene que ver con ella. Comer sano es tendencia. Y buena parte de la población mundial se ha dado cuenta de lo importante que es. Especialmente en una sociedad que vive a toda velocidad y en la que cada vez hay menos tiempo para tomarse las cosas con calma o incluso para hacer deporte de manera periódica. Por ello, todo lo que se pueda ganar llevando una dieta sana y equilibrada es terreno andado y ganado a la vida. Sin embargo, hay quienes agudizan el ingenio y en mitad de esta 'fiebre' intentan aprovecharse de aquellos que parecen más ingenuos. Así es como colocan ciertas técnicas de entrenamiento o dietas que aseguran y prometen milagros. Desde perder peso hasta ganar masa muscular pasando por la desinflamación. No obstante, muchos de estos consejos tienen un interés comercial detrás. De desmentirlos se encargan expertos como David Céspedes, especialista en longevidad y que a través de redes sociales tiene una campaña que va destinada a ir desmontando mitos. Y uno de los más importantes, tal y como él mismo señala, es la desmitificación de la remolacha. Este es un producto que tiene sus beneficios, como muchos otros, pero que no consigue maravillas en tiempo récord. Por ello, rechaza a todos aquellos que la tachan de «superalimento». Para él es simplemente «una verdura y está bien que lo sea». Su misión en este caso no es condenarla, sino informar de sus propiedades en su justa medida y derribar las falsas creencias que se han instaurado como dogma a su alrededor. «Últimamente circula por redes que la remolacha baja la inflamación, mejora tu inmunidad, regula la insulina, te da energía y es ideal en la menopausia. Y que, si quien la produce supiera lo que vale, nos la cobraría carísima». Para empezar, el primer mito que deshace no tiene nada que ver con sus aportes ni beneficios nutricionales, sino con el bolsillo. «La venden a un par de euros el kilo, al lado de las zanahorias. Muy escondida no está». Acto seguido entra en materia y va aclarando cuáles son los efectos que tiene su consumo moderado en función de ciertos síntomas. Por ejemplo, para la «tensión arterial» reconoce que su beneficio es «real, pero modesto». Por ello, en cualquier caso «no sustituye a tu tratamiento». Otra de sus populares atribuciones es «mejorar la sensibilidad a la insulina». Sin embargo, afirma que no es algo que esté demostrado. De hecho, en varios estudios realizados no generó ningún resultado positivo. Se ha escrito mucho también sobre si aumenta el rendimiento. Y en este sentido, es cierto que «mejora algo el aguante hasta el agotamiento». Pero nuevamente, no hace milagros, aunque puede ser un buen complemento. Sobre los efectos que tiene para síntomas de inflamación, búsqueda de la inmunidad o beneficios durante la menopausia, David Céspedes es muy claro: «No hay ensayos sólidos en humanos que lo respalden». Por ello, termina su argumentación con dos conclusiones muy claras y que resumen lo que suelen ser este tipo de productos que se presentan como auténticos salvavidas. «Cómetela porque te gusta, porque es barata y porque una dieta con verdura es mejor que una sin ella. No porque te hayan prometido un milagro». Y cierra con una afirmación que sirve de enseñanza para muchos de los que se dejan engañar por los falsos consejos que circulan actualmente en redes sociales. «Lo que funciona casi nunca se vende. Y lo que se vende casi nunca funciona».