«Vestida de rosa, cubierta de perlas, con el pelo color algodón de azúcar y las pestañas ennegrecidas con betún para zapatos Meltonian –que aplicaba con un cepillo de dientes–, Barbara Cartland siempre fue una especie de reina madre pasada por el filtro de Stephen King». La descripción pertenece al crítico británico Craig Brown y es tan mordaz como precisa. Porque en Cartland todo era excesivo, como recuerda Matthew Sweet en la biografía titulada The great dictator ('La gran dictadora'), como juego de palabras entre sus hábitos autoritarios y su capacidad para dictar novelas. Siempre implacable, en su 90 cumpleaños, Cartland preparó un documento de 61 páginas titulado «Cómo quiero ser recordada», que fue enviado a periodistas e instituciones. En el... Ver Más