La guerra entre Rusia y Ucrania se había convertido en un laboratorio para el desarrollo de nuevas tecnologías militares. Eric Schmidt, antiguo CEO de Google, defendió que Estados Unidos debía estudiar las lecciones del conflicto para adaptarse a un escenario en el que los drones y la inteligencia artificial ganarían cada vez más protagonismo.Durante la conferencia Global Conference 2025 del Milken Institute, celebrada en mayo de ese año, Schmidt cuestionó la utilidad de seguir invirtiendo grandes cantidades de dinero en vehículos blindados tradicionales. «Un dron de 5.000 dólares puede destruir un carro de combate de 5 millones», afirmó al explicar cómo la diferencia de costes estaba cambiando las prioridades militares.Para el empresario, el problema no era únicamente económico. Los drones podían atacar desde posiciones difíciles de detectar y obligar a los ejércitos a replantearse cómo protegían sus vehículos y desplegaban sus tropas. Por ello, consideraba que las fuerzas armadas debían acelerar la transición hacia sistemas automatizados y más baratos.Ucrania, el campo de pruebas de la guerra con dronesEl conflicto había demostrado el valor de los drones comerciales adaptados para misiones militares y de los aparatos de visión en primera persona (FPV), utilizados para atacar vehículos, posiciones y equipos enemigos.Su reducido precio permitía fabricar y desplegar grandes cantidades, mientras que su capacidad para operar cerca del objetivo dificultaba la defensa. Esta combinación había convertido a los drones en una amenaza importante incluso para vehículos blindados avanzados.Schmidt también destacó el papel de la inteligencia artificial en esta evolución. A su juicio, los sistemas autónomos permitirían coordinar operaciones cada vez más complejas y gestionar enfrentamientos con cantidades enormes de aparatos. En ese escenario, la capacidad humana para planificar y dirigir todos los movimientos resultaría insuficiente sin herramientas de IA.El antiguo directivo defendió que Washington debía aprender de la experiencia ucraniana y apostar por la innovación en lugar de continuar ampliando sus arsenales convencionales sin revisar sus necesidades.Un cambio de estrategia para los ejércitos del futuroLa propuesta de Schmidt iba más allá de sustituir carros de combate por drones. Su visión apuntaba a unas fuerzas armadas basadas en sistemas autónomos, relativamente económicos y capaces de trabajar coordinadamente en grandes cantidades.El empresario también cuestionó la utilidad futura de los aviones de combate tripulados y sostuvo que las plataformas robóticas ofrecerían nuevas posibilidades tanto en misiones ofensivas como defensivas.Sin embargo, la creciente importancia de los drones no significaba que los carros de combate hubieran perdido toda su utilidad. Los vehículos blindados seguían desempeñando funciones esenciales, aunque su supervivencia dependía cada vez más de la protección frente a ataques aéreos, la guerra electrónica y la coordinación con otras unidades.Las declaraciones de Schmidt reflejaban una transformación profunda: la superioridad militar ya no dependía exclusivamente de disponer de las armas más grandes o costosas, sino también de desarrollar tecnologías capaces de actuar con rapidez, adaptarse al enemigo y ofrecer resultados a un precio asumible.