De Dover a Ceuta, de Calais a Turín: la ofensiva violenta de los ultras para tomar las calles se extiende

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En el ámbito de la seguridad europea se observa un cambio doctrinal y operativo alarmante dentro de la extrema derecha. La tesis de que este espectro ideológico ha transitado de la agitación verbal y digital hacia la violencia física sistemática y el sabotaje se ve confirmada por investigaciones, informes de inteligencia y datos policiales verificados. Es un fenómeno que no responde a brotes espontáneos de descontento, sino a una estrategia definida y cada vez más documentada.Entre sus promotores se cuentan los llamados “aceleracionistas”, que abogan por ejecutar acciones violentas para precipitar el colapso democrático y forzar un enfrentamiento civil de carácter étnico. El Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET) documentó 190 incidentes de extrema derecha en 15 países en 2025, un incremento del 33,8% respecto al año anterior.Esta transición se sustenta en discursos deshumanizantes en redes que, sin dar órdenes directas, aumentan la probabilidad de atentados ejecutados por actores autónomos y la cada vez más frecuente organización “en colmena”, coordinada a través de comunidades virtuales radicalizadas. Como detalla el Instituto para el Diálogo Estratégico (ISD), este circuito instrumentaliza delitos cometidos por extranjeros, imputándolos a toda la población migrante para generar indignación y disturbios. Posteriormente, las detenciones de agitadores, cuando se producen, son presentadas como pruebas de una “conspiración institucional” por la narrativa de la “política de doble rasero”, con el objetivo de promover nuevas oleadas de violencia.El discurso que apela a la mano dura contra los migrantes encuentra un claro reflejo en la opinión pública española, como constató este lunes un estudio de 40dB. Al situar a la ciudadanía ante una disyuntiva explícita (más asilo justificado a riesgo de más entradas irregulares o bien menos concesiones a las personas en peligro en otros países a cambio de reducir la entrada de migrantes, como si una cosa conllevase necesariamente la otra), un rotundo 70% de los encuestados abogó por endurecer los controles fronterizos.En contraste, menos del 20% de los encuestados antepuso la acogida. Aparentemente, el enfoque punitivo y de repliegue se ha instalado en el sentir social, preparando el terreno para una mayor tolerancia ante las posturas hostiles hacia la inmigración.Esta situación es visible en toda Europa. El Reino Unido registró un incremento del 166,7% en incidentes de extrema derecha de 2024 a 2025, con agresiones directas contra infraestructuras críticas y redes de apoyo social.Hace apenas unos días, la organización antiinmigración Patriot Platform movilizó a cientos de manifestantes ataviados con pasamontañas e indumentaria paramilitar para bloquear la autopista A20 y los accesos al puerto de Dover, colapsando el tráfico de mercancías. Es el puerto de pasajeros y ferris más importante del país y se encuentra en el punto más estrecho del Canal de la Mancha, a tan solo 34 kilómetros de la costa de Calais, en Francia. Esta movilización fue amplificada por Daniel Thomas (Danny Tommo), antiguo guardaespaldas de Tommy Robinson —un activista de extrema derecha que utiliza las redes sociales para difundir convocatorias de protestas y promover la movilización masiva y la violencia en el Reino Unido—, para instar al enfrentamiento físico.Al día siguiente, la violencia se desplazó al puerto de Portsmouth, también en la costa, pero a unos 200 kilómetros de distancia, donde la llegada de un bote con 140 solicitantes de asilo sirvió de excusa para una concentración de cientos de activistas encapuchados que bloquearon carreteras para impedir que los autobuses con migrantes abandonaran el puerto.La protesta derivó en choques directos con la policía antidisturbios y el destrozo de vehículos policiales. Paralelamente, más de 150 abogados y miembros de ONG dedicadas a atender a refugiados políticos denunciaron haber sido sometidos a campañas de hostigamiento físico y presiones para forzar su silencio.En junio de 2026, Belfast (Irlanda del Norte) sufrió disturbios catalogados como auténticos pogromos raciales que muestran una peligrosa convergencia entre tácticas paramilitares históricas y agitación digital xenófoba. Tras la propagación en redes de información manipulada sobre una agresión con arma blanca, grupos de leales radicales (loyalists) y redes de Active Clubs como el Ulster Youth Club y el sueco Gym XIV —una red global y transnacional de carácter neonazi y supremacista blanco— organizaron patrullas de asalto que se desplazaron de puerta en puerta por diferentes barriadas para identificar viviendas ocupadas por inmigrantes y prenderles fuego.Esta campaña provocó que al menos 27 personas perdieran sus hogares, afectando a familias de origen gitano, ucraniano y africano. Los atacantes incendiaron vehículos, comercios de personas originarias de Oriente Medio y un autobús urbano, obligando a la policía a emplear cañones de agua y balas de plástico.En la República de Irlanda, la violencia se ha estructurado en torno al uso de incendios provocados contra inmuebles para el alojamiento de refugiados. Entre finales de 2018 y mediados de 2024, RTÉ —la televisión pública irlandesa— contabilizó al menos 31 incidentes de incendios provocados o sospechosos contra estos alojamientos.Esta tendencia criminal se ha manifestado en asaltos como el incendio de julio de 2024 en una fábrica en desuso en Coolock (Dublín norte) utilizada para albergar refugiados, donde una multitud de más de mil personas se enfrentó físicamente a las fuerzas de seguridad e hirió a varios bomberos.En julio de 2024, individuos armados con cuchillos y barras metálicas asaltaron un campamento temporal de refugiados en el City Quay de Dublín, una zona ribereña ubicada en el centro de la capital irlandesa, a orillas del río Liffey. Rajaron tiendas de campaña y arrojaron al agua las pertenencias de sus ocupantes. En octubre de 2025, un edificio que albergaba a solicitantes de asilo en Drogheda, una pequeña localidad a 50 kilómetros al norte de Dublín, fue incendiado con sustancias acelerantes. El ataque atrapó a los residentes, obligando a evacuar de urgencia a una familia con cuatro niños pequeños, incluido un bebé, que tuvieron que ser hospitalizados.En España, con un incremento del 75% en incidentes de extrema derecha en 2025 (OIET), destaca la desarticulación en noviembre de ese año de una célula de la organización supremacista blanca estadounidense The Base en Castellón. La investigación policial constató que esta célula constituía un grupo operativo en posesión de manuales de sabotaje industrial y planes de adquisición de armas para forzar el colapso social bajo la doctrina del aceleracionismo terrorista.Desde entonces, la agresión física directa se ha normalizado en diversos contextos de alta tensión social, en particular contra periodistas y trabajadores de ONG. En Ceuta, durante las manifestaciones radicales frente a la Delegación del Gobierno, grupos ultras organizaron batidas destinadas a agredir físicamente a personas percibidas como extranjeras. En este escenario, los periodistas encargados de la cobertura informativa, incluyendo corresponsales de medios extranjeros, como France 24, además de periodistas españoles, sufrieron persecuciones físicas e intentos de agresión para impedir que documentaran los ataques brutales que los radicales ejecutaban en la playa de El Trampolín.Ya había ocurrido en Torre Pacheco (Murcia) en 2025. Entonces las organizaciones de periodistas emitieron comunicados de condena ante las repetidas agresiones físicas, insultos y daños materiales a equipos sufridos por reporteros que cubrían mítines de organizaciones de extrema derecha. Especialmente intenso fue el hostigamiento sufrido por las reporteras de RTVE y La Sexta, que tuvieron que salir escoltadas por la Guardia Civil. Además, se registró la aparición de una pancarta de intimidación frente a la sede del diario La Verdad con el mensaje “Blanqueadores de la violencia inmigrante”.En las protestas por la gestión de la catástrofe de la dana de València, en 2024, grupos de activistas radicales agredieron físicamente a equipos de televisión de RTVE e intimidaron a profesionales de la información, registrándose también incidentes de agresión física policial contra periodistas.El fenómeno se repite en Francia, donde la violencia ultra opera tanto en las dinámicas de frontera como en la confrontación política urbana. En el litoral norte, en Calais y Dunkerque, a donde acuden los migrantes que tratan de llegar al Reino Unido, se está registrando una alarmante coordinación entre activistas de extrema derecha británicos y franceses.Grupos vinculados a colectivos como Raise the Colours —bajo la iniciativa de hostigamiento que han bautizado como Operation Overlord, en alusión al desembarco en Normandía— y misiones de militantes del partido ultra UKIP realizan incursiones físicas en los campamentos de tránsito donde duermen los solicitantes de asilo. Equipados con chalecos antibalas, botas de combate y linternas tácticas, estos militantes asaltan las acampadas nocturnas, alumbran los rostros de los refugiados para intimidarlos y sabotean sistemáticamente sus recursos de supervivencia.Los informes de organizaciones humanitarias como Calais Food Collective y Utopia 56 documentan el apuñalamiento de contenedores de agua potable, el vertido de detergentes para inutilizar depósitos y el corte físico con armas de los botes neumáticos, mientras los perpetradores se jactan de estas acciones violentas en transmisiones en directo a través de redes sociales para captar fondos.La muerte en febrero de 2026 del neonazi Quentin Deranque en Lyon, tras un enfrentamiento físico con la organización antifascista Jeune Garde, desató manifestaciones ultras que derivaron en ataques directos contra sedes y oficinas de La France Insoumise (LFI) bajo el lema “Justice for Quentin”, así como en amenazas de bomba en su sede nacional. En el ámbito periodístico, asociaciones profesionales han denunciado que el sitio web de extrema derecha Réseau Libre llegó a publicar una lista de 180 personalidades, incluyendo periodistas, señalando que merecían “una bala en el cuello”.En Italia, la violencia ultra se ha focalizado con especial saña en el silenciamiento de los periodistas de investigación que denuncian el auge neofascista. Uno de los incidentes de mayor gravedad se registró en Turín en 2024, donde el reportero de La Stampa Andrea Joly fue golpeado brutalmente en la vía pública por militantes de la organización neofascista CasaPound tras intentar grabar un mitin de la formación, requiriendo hospitalización de urgencia.Meses antes, el periodista Alberto Dandolo fue agredido físicamente por sujetos desconocidos en el interior de su propio domicilio en Milán. Asimismo, el coche del periodista de la RAI Sigfrido Ranucci fue destruido mediante un artefacto explosivo en octubre de 2025, un acto interpretado por las asociaciones de prensa como un mensaje de intimidación física.En Alemania, la Oficina Federal de Investigación Criminal (BKA) registró 1.598 agresiones físicas de extremistas de derecha contra migrantes y opositores en 2025, lo que representa un incremento de un 7% anual. También desmanteló la célula terrorista juvenil Last Defence Wave, que planeaba ataques contra albergues de refugiados y mezquitas.En Portugal, la Policía Judiciaria detuvo a 37 sospechosos del neonazi Grupo 1143 en la Operación Irmandade (enero de 2026). Incautaron un fusil militar calibre 7,62 mm, escopetas recortadas, puños americanos y escudos. La red se preparaba como ala paramilitar para una “guerra racial” e incluía a un agente de la Policía de Seguridad Pública (PSP) y a un sargento de la Fuerza Aérea. Meses antes, en junio de 2025, la Operación Desarme 3D desmanteló el Movimento Armilar Lusitano (MAL), incautando armas impresas en 3D y explosivos que planeaban usar para asaltar el Parlamento portugués.En Suecia, los servicios de seguridad han alertado sobre la captación de niños de entre 10 y 12 años por parte de organizaciones neonazis a través de la plataforma TikTok, empleando estéticas de videojuegos y memes para normalizar la violencia física. Esta radicalización rápida de menores ha tenido consecuencias directas, como las agresiones organizadas por menores bajo las directrices de la red nihilista No Lives Matter. En Noruega, el Servicio de Seguridad de la Policía (PST), en su Evaluación Nacional de Amenazas para 2026, advirtió que la amenaza de atentados de extrema derecha se mantiene en niveles críticos debido a la fascinación de menores por la violencia física aceleracionista.La evidencia recopilada a través de investigaciones judiciales, informes policiales y análisis independientes demuestra la consolidación de una fase operativa física y violenta en el extremismo ultra europeo. El análisis de los patrones delictivos detectados permite concluir que la violencia física no constituye un conjunto de acciones espontáneas ni aisladas, sino una estrategia coordinada que utiliza la agitación digital como detonante y justificación moral para el sabotaje, la agresión física directa y el terrorismo.