Saber exactamente cuándo va a producirse un gran terremoto sigue estando fuera del alcance de la ciencia. Pero conocer con mayor precisión qué parte de una enorme falla tiene más posibilidades de romperse ya parece algo bastante más cercano. Investigadores de la Universidad de California en Riverside han desarrollado un método que busca precisamente eso.La idea consiste en observar cómo se mueve lentamente el terreno durante años para localizar las partes de una falla que permanecen bloqueadas y acumulan tensión. Su primera gran prueba ha dado un resultado especialmente llamativo: el modelo señaló la misma zona de Kamchatka que terminó rompiéndose durante el terremoto de magnitud 8,8 registrado en 2025.El GPS permite ver dónde se está acumulando la tensión Zona donde se acumula la tensión antes de un terremotoLas placas tectónicas están moviéndose continuamente, pero no todas las partes de una falla avanzan con la misma facilidad. Algunas quedan enganchadas por la fricción mientras las placas siguen empujando. Es ahí donde la tensión se va acumulando hasta que finalmente puede liberarse en forma de terremoto.Los investigadores utilizan mediciones GPS extremadamente precisas para detectar pequeños movimientos de la superficie. Después, un algoritmo analiza esos datos y calcula qué zonas parecen estar más bloqueadas.En Kamchatka apareció una gran región con acumulación especialmente fuerte. Cuando los científicos compararon ese mapa con la ruptura del terreno de 2025, encontraron una clara coincidencia entre las zonas bloqueadas y las que terminaron desplazándose. También localizaron áreas más pequeñas cerca del punto donde comenzó la ruptura.Esto podría ser extremadamente útil en zonas de subducción, donde una placa se introduce por debajo de otra y pueden producirse algunos de los terremotos y tsunamis más destructivos del planeta.La preocupación por identificar mejor estas amenazas también está creciendo en otras regiones. Un estudio reciente encontró indicios de que Cascadia y San Andrés podrían llegar a generar terremotos muy próximos en el tiempo.Saber dónde no significa saber cuándo ocurriráAquí es donde está la principal limitación. El método no puede decir si una zona bloqueada se romperá mañana, dentro de diez años o mucho más adelante. Tampoco permite calcular con precisión el tamaño del terremoto ni el tsunami que podría generar.De hecho, Kamchatka demuestra esa dificultad de manera muy clara. La región sufrió enormes terremotos en 1952 y 2025, pero el segundo produjo un tsunami bastante menor. Según los investigadores, una posible explicación es que la parte más superficial de la falla se desplazó menos en el último evento.El siguiente paso será probar el sistema en Japón, México, Nueva Zelanda y el noroeste del Pacífico. También estudian si puede funcionar en fallas de California, donde algunas partes se deslizan lentamente mientras otras permanecen bloqueadas.El gran obstáculo está justamente bajo el océano, pues allí se encuentran muchas de las fallas más peligrosas, aunque hay muchos menos instrumentos capaces de medir sus movimientos. Japón ya utiliza sensores acústicos instalados en el fondo marino y otros países estudian sistemas similares.La mejora de estas mediciones se está sumando a otras nuevas formas de estudiar el interior del planeta, como el análisis de dos millones de sismogramas que recientemente permitió encontrar estructuras hasta ahora desconocidas.El nuevo método, por tanto, no permite marcar una fecha en el calendario como muchos creen. Su valor está en reducir el mapa, o sea, señalar dónde conviene prepararse mejor antes de que llegue un terremoto que nadie puede decir exactamente cuándo ocurrirá.