Rafael Dávila, general retirado, avisa sobre los proyectos europeos para el ejército: «cuando se ponen en manos militares resulta que están anticuados»

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Rafael Dávila Álvarez, general de división retirado, cuestiona el tiempo que Europa emplea en convertir sus proyectos de armamento en equipos disponibles para las tropas. Su advertencia afecta a España: considera que los retrasos consumen la ventaja tecnológica que debería justificar una nueva adquisición.Un programa de compra reúne tareas que se prolongan más allá de la fabricación. Hay que probar los equipos, formar a quienes los utilizarán y organizar las reparaciones. Esa sucesión de trabajos determina cuándo puede aprovecharse una incorporación y qué recursos harán falta para sostenerla durante su servicio.En España, los encargos de aviones incluyen simulación y apoyo, mientras el diseño de las nuevas fragatas reserva espacio para herramientas que ayuden a anticipar averías. Son decisiones que acompañan al armamento desde su adquisición: afectan al aprendizaje de las tripulaciones y a la conservación de los equipos.Del encargo al cuartelEn un artículo publicado el 12 de junio de 2026 en su blog General Dávila, el militar extiende su crítica a la industria de defensa española y reclama responsabilidades por los programas fallidos y el deterioro de equipos e instalaciones. También propone revisar periódicamente las capacidades necesarias y repartir las aportaciones entre aliados según las misiones que deba asumir cada país.La OTAN reconoció un problema de velocidad en su Plan de Acción para la Adopción Rápida, aprobado el 25 de junio de 2025. El documento señala que la aparición de nuevas tecnologías militares supera el ritmo al que los aliados pueden adquirirlas e incorporarlas. Fija como objetivo general un máximo de 24 meses desde que se identifica una necesidad hasta que se compra e integra el producto.Ese plazo admite variaciones según la madurez y la naturaleza de cada tecnología. La propuesta contempla reducir la investigación del mercado a unos tres meses y completar las pruebas, la evaluación y la integración, por lo general, en doce meses tras identificar posibles soluciones. También prevé formación específica para los responsables de las adquisiciones y de la planificación, porque acelerar una compra exige cambiar procedimientos además de disponer de proveedores.Repuestos, simulación y vida útilEl contrato Halcón ofrece un ejemplo español de lo que se adquiere junto a un avión. Según el anuncio de Airbus del 23 de junio de 2022, la compra de Eurofighter comprendía 20 aparatos para sustituir los F-18 de Canarias. El paquete, valorado en 2.043 millones de euros, incluía motores, un simulador y servicios de apoyo. La preparación del personal y el sostenimiento figuraban así dentro del propio encargo.La misma comunicación describía el trabajo con el Centro Logístico de Armamento y Experimentación para renovar el software de los Eurofighter de la primera serie. Entre las mejoras figuraban nuevas funciones de ataque a tierra y cambios en las comunicaciones. Es una forma de añadir capacidades a aeronaves existentes sin esperar a la sustitución de toda la flota.En el caso de las futuras fragatas F-110, Navantia describe un gemelo digital desarrollado con la Armada y la Dirección General de Armamento y Material. Esa réplica virtual está concebida para apoyar la operación, el mantenimiento y el adiestramiento. El diseño conecta la información de los sistemas del buque con herramientas destinadas a prever averías y recomendar intervenciones, tanto a bordo como desde tierra.El proyecto contempla también impresoras 3D embarcadas para fabricar algunos repuestos. Con ellas se pretende producir determinadas piezas en el buque, una aplicación concreta de la fabricación aditiva. Su desarrollo cuenta con la colaboración de la Armada y del centro de excelencia dedicado a esta técnica en Puerto Real, Cádiz.