Hay décadas en las que no pasa nada y hay semanas en las que pasan décadas. Esta frase apócrifa de Lenin resume a la perfección el vértigo revolucionario que se vive en el mundo de la inteligencia artificial (IA). Durante lustros fue un árido campo académico que avanzaba dentro de las ciencias computacionales y ahora, en una sola semana, los riesgos derivados de la aceleración han obligado a declarar código rojo en los grandes laboratorios de IA. Destacan dos protagonistas: Dario Amodei y Sam Altman. El primero, al frente de Anthropic, por pedir el sábado en un ensayo que se ralentizara sustancialmente el desarrollo de la IA. El segundo, al timón de OpenAI, por anunciar que pospone la milmillonaria salida de su compañía a Bolsa, pocas horas después de apoyar la idea de Amodei. Junto a ellos, se han posicionado a favor de la desaceleración otros líderes del sector, como Elon Musk (xAI) y Demis Hassabis (Google). Los responsables de los modelos más potentes del mercado han tirado del freno de mano y medio mundo se pregunta: ¿qué han visto? Seguir leyendo