Todos en el barrio se lo imaginaban desde el primer día, pero este fin de semana han podido comprobarlo definitivamente. “Serán tres días y no habrá molestias para los vecinos” fue el mensaje de Ifema para los residentes de Hortaleza cuando pidieron explicaciones sobre la llegada de la Fórmula 1 a su barrio. Año y medio después de unas obras tediosas se ha confirmado una a una todas las calamidades que denunciaron los vecinos, además de algunas que ni siquiera contemplaban.Una vecina de la calle de Francisco Umbral, donde comienza la famosa curva La Monumental, convive desde hace veinte días con un muro de más de seis metros levantado frente a su casa. En teoría, es una valla acústica que el Ayuntamiento instaló para aplacar las protestas tras el intenso ruido registrado durante las pruebas realizadas a finales de agosto, pero para los que viven detrás ha resultado una condena aún mayor."El ruido es el mismo y encima ahora tengo un muro en la puerta de casa", se queja esta vecina. Tiene pocas esperanzas de que las pantallas desaparezcan la semana que viene, tras el fin del evento, ya que están ancladas al suelo con bloques enormes de hormigón.Este viernes, a primera hora, cuando empezaron a rodar los primeros bólidos en los entrenamientos, el sonómetro de su móvil marcaba picos de más de 100 decibelios desde la entrada de su vivienda, prácticamente el doble de los 55 dbA que son el máximo permitido por el Ayuntamiento de Madrid en una zona residencial entre las 7:00 horas y las 23:00 horas, con un margen extra de cinco dbA previsto en la ordenanza municipal. Se espera que el domingo, con 300.000 espectadores y más de una veintena de coches de Fórmula 1 corriendo a pleno rendimiento, la experiencia sea ensordecedora.Tras más de año y medio soportando las obras, los vecinos empiezan a asumir que esta pesadilla solo acaba de empezar porque el contrato que tiene Ifema cerrado con los promotores del Gran Premio es por diez años, de 2026 a 2035. A eso se suma que la enorme instalación preparada para 350.000 visitantes es itinerante, por lo que habrá que montarla y desmontarla cada temporada, garantizando al menos tres o cuatro meses de obras, cortes de calles y modificaciones en el transporte público cada año. Todo esto, si no deciden además organizar más campeonatos en el recinto para explotar al máximo su potencial económico. Ya se habla de posibles carreras de motos, de camiones e incluso un campeonato de ciclismo de carretera, pero por ahora son solo rumores.El ruido es la principal batalla legal que mantienen los vecinos de la zona con Ifema, ya que sobrepasa límites que se consideran dañinos para la salud. Exponerse a más de 100 dbA, como ocurrió durante las pruebas de agosto, equivale a estar a 10 metros de distancia de la sirena de una ambulancia o a un metro del tubo de escape de una moto, y está demostrado que puede provocar daños en las células nerviosas del oído y efectos neurodegenerativos.La plataforma Stop F1 denuncia que en el entorno cercano al el circuito hay residencias de mayores, guarderías, centros de educación especial e incluso un centro de atención a niños con autismo. Las quejas de los vecinos hablan por sí solas. Este viernes, durante las primeras pruebas del recorrido, con coches de Fórmula 3 y Fórmula 2, se escucharon sus pasadas desde el barrio madrileño de El Viso o desde el municipio de Alcobendas, a cinco y siete kilómetros de distancia, respectivamente.Para poder denunciar formalmente esta situación ante la Fiscalía de Medioambiente, la plataforma vecinal ha contratado este fin de semana a una empresa especializada para registrar los niveles de ruido en el barrio y elaborar una denuncia con la que intentarán que la carrera no se repita el próximo año. La Plataforma Ecologista Madrileña, una agrupación que participa en la campaña contra la F1, añade además que el espectáculo se realiza bajo una opacidad absoluta por parte del Ayuntamiento de Madrid, que es quien tiene la potestad para conceder excepciones de ruido en circunstancias especiales. Mariángeles Nieto, miembro de esa plataforma, explica que, a fecha del viernes, con el evento ya en marcha, el consistorio dirigido por José Luis Martínez Almeida no había publicado la resolución por la que suspende los niveles de ruido.No es un asunto legal menor, aclara la portavoz. El proyecto no se sometió a una evaluación ambiental ordinaria, sino a una simplificada, a cambio de que el ayuntamiento autorizase expresamente superar los límites de ruido durante el evento, con horas concretas y hasta unos niveles determinados. Sin embargo, con el Gran Premio en marcha, esa resolución todavía no se ha hecho pública. "No es un simple defecto formal, sino la expresión de un profundo desprecio hacia las personas que viven en el entorno del circuito. Se les impone un evento de masas, con niveles sonoros excepcionales, sin informarles de sus términos exactos ni ofrecerles cauce alguno de participación o réplica", denunció la plataforma en un comunicado emitido este viernes. Jorge de la Morena vive en la primera línea de casas que dan al circuito e incluso hay una estrecha franja desde la que puede ver a los bólidos pasando a más de 200 kilómetros por hora. Aunque es un forofo de la Fórmula 1, confiesa que Madring, como se ha bautizado el trazado, es una pesadilla para él y su mujer. "Me encantan las carreras, pero lejos de mi casa. La gente me dice que vaya lujo vivir enfrente de algo así, que el ruido no es para tanto, pero es que no son tres días, llevamos así 16 meses", subraya. Con un hijo de menos de un año, De la Morena explicaba este viernes que los tres se iban a marchar todo el fin de semana a casa de sus padres, también en Madrid, porque no es solo el sonido de los coches, es la música continua, las calles cortadas, cientos de miles de aficionados, cambios en las rutas de los autobuses… Hasta se han llevado los cubos de basura de debajo de su edificio. "Vinimos aquí porque era tranquilo, y me encanta vivir aquí. Pero como esto sea año tras año, terminaré vendiéndole la casa a uno de estos que dice que tengo suerte de tener el circuito enfrente", comenta enfadado. Añade que está harto de leer en redes sociales que él y sus vecinos son unos desagradecidos por boicotear un hito como este, que tanto dinero trae a la ciudad. Como anécdota, cuenta también que el colegio público Juan Zaragüeta, ubicado a 500 metros del espectáculo, permitió este viernes a los alumnos ausentarse de clase o llegar tarde debido al intenso tráfico y a los cortes de carreteras programados. Por las molestias ocasionadas, la organización dio a los alumnos de 5º y 6º entradas para visitar el circuito este jueves. Para Daniel Rebner, vecino de San Lorenzo, ubicado a un kilómetro del circuito, estos intentos de compensar el daño ocasionado al barrio son solo una prueba más del descaro de los organizadores, que cuentan con el apoyo incondicional del alcalde y del Gobierno autonómico. "No es una excepción, es el modelo de ciudad del Ayuntamiento de Madrid y de la Comunidad. Convertirlo todo en un evento multitudinario", opina. El barrio ya es famoso por no tener centro de salud ni instituto, y solo dos colegios y dos escuelas infantiles para una población aproximada de 40.000 o 50.000 personas. Rebner denuncia además que el abandono de Almeida de esa zona de la capital es sistemático. "En San Lorenzo llevamos años peleando para que nos pongan un paso de cebra y para que nos arreglen los parques y las aceras, y parece que es imposible hacer esas cosas. Pero sí es posible montar un circuito internacional en tiempo récord y cortar todas las calles que haga falta. Y te garantizo que por mucho dinero que venga, el barrio va a seguir igual", concluye.