La última vez que Estados Unidos operó un reactor nuclear en el espacio fue en 1965, con el SNAP-10A de la NASA. Sesenta y un años después, una startup llamada Antares ha recibido un premio estratégico de 161 millones de dólares de la Fuerza Espacial de EE.UU. para desarrollar su reactor R1-S y demostrar en 2027 su sistema de generación eléctrica Mark-1.El prize es de la categoría Strategic Breakthrough Award —la denominación que la Fuerza Espacial usa para inversiones que buscan cerrar brechas estratégicas concretas, no fondos de investigación básica—. La brecha que Antares está intentando cerrar es la energía persistente para satélites militares: los sistemas actuales dependen de paneles solares y baterías que limitan la capacidad de cómputo, maniobra y sistemas de energía dirigida de los satélites en zonas de sombra orbital o en órbitas polares donde la exposición solar es intermitente.¿Qué es el R1-S y cómo funciona?El reactor R1-S usa heat pipes (tubos de calor) para mover el calor del núcleo nuclear hacia el exterior sin componentes mecánicos convencionales. Es el mismo principio que en los procesadores de ordenador: el calor viaja por convección en el interior de un tubo cerrado, sin bombas ni partes móviles. Eso reduce la probabilidad de fallo mecánico en el entorno de vacío y radiación del espacio.El Mark-1 convierte ese calor en electricidad mediante un ciclo de Brayton cerrado —básicamente una turbina de gas, pero en circuito cerrado donde el «gas» es helio que circula entre la fuente caliente y el disipador sin escapar—. Antares prevé operar Mark-1 durante más de seis meses en el test de 2027.El contexto de este premio es el Executive Order 14369, que establece como objetivo de la administración Trump tener reactores nucleares en el espacio para 2028. Y una iniciativa nacional separada fija la instalación de energía nuclear en la superficie lunar para 2030. Estos objetivos políticos han creado una demanda real de inversión en tecnología de núcleo de fisión compacto para aplicaciones espaciales.Hemos comprobado en wwwhatsnew.com que la carrera por asegurar energía firme para infraestructura de IA ha llevado a Amazon a apostar masivamente por reactores modulares pequeños (SMR) en el ámbito terrestre. Antares aplica una lógica similar al espacio: si quieres escalar el cómputo en órbita —para satélites de inteligencia artificial, comunicaciones de alta capacidad o sistemas de defensa con procesamiento local— necesitas una fuente de energía que no dependa del ciclo día/noche del Sol.El precedente terrestre más cercano al logro de Antares en el espacio fue el que la empresa alcanzó en junio de 2026: el reactor Mark-0 alcanzó criticidad inicial en el Idaho National Laboratory el 4 de junio, convirtiéndose en la primera empresa privada en lograr criticidad de reactor avanzado bajo el Reactor Pilot Program del Departamento de Energía. Criticidad inicial significa que el reactor sostuvo una reacción en cadena de fisión nuclear autosuficiente. Eso no es energía todavía —el paso siguiente es convertir el calor en electricidad y gestionar la operación prolongada— pero es el hito técnico que da credibilidad al Mark-1.El dilema energético de la IA, que documentamos en wwwhatsnew.com, tiene en la Tierra una respuesta que mezcla nuclear de gran escala, solar, eólica y gas como puente. En el espacio, el abanico de respuestas es mucho más estrecho: los paneles solares son la única fuente disponible actualmente, y su potencia decrece con la distancia al Sol y es cero en sombra orbital. Un reactor que opere 24 horas, 7 días a la semana, en cualquier órbita, es una ventaja estratégica tan grande que justifica la inversión que EE.UU. y China —que también tiene programas de reactores espaciales activos— están haciendo ahora mismo. Starlink demuestra con 6.400 satélites que la infraestructura en órbita baja puede escalar enormemente; el siguiente límite que ese escalado encontrará, si continúa, será la energía.Antares recaudó 470 millones de dólares en una Serie C en julio de 2026. Su CEO Jordan Bramble dijo que «la empresa persiguió aplicaciones espaciales desde su fundación.» El Strategic Breakthrough Award es el punto donde esa ambición se convierte en misión oficial.El contexto presupuestario del premio merece atención. 161 millones de dólares es una cantidad relevante para una startup que en julio recaudó una Serie C de 470 millones, pero es modesta para el objetivo declarado: un sistema de propulsión nuclear funcional en el espacio en menos de tres años. La NASA ha gastado más de mil millones de dólares en el proyecto DRACO (reactor nuclear para propulsión de vehículos espaciales) sin haber llegado aún a un prototipo en órbita. Los proyectos nucleares espaciales de la era espacial —el SNAP-10A de 1965 incluido— tardaron años en pasar de concepto a sistema funcional.Antares tiene una ventaja que los proyectos anteriores no tenían: el Mark-0 alcanzó criticidad en el Idaho National Laboratory en junio, lo que elimina la pregunta más fundamental sobre si el concepto funciona. La siguiente pregunta —si puede miniaturizarse, blindarse para el lanzamiento, operar en el vacío durante meses y sobrevivir la radiación espacial— es donde la industria ha fallado repetidamente en los últimos 60 años.El Executive Order 14369 fija el objetivo de reactores en el espacio para 2028. Eso es dos años. La ingeniería de Antares proyecta tests del Mark-1 en 2027 y un posible sistema de vuelo para 2028, lo que coincide con el objetivo político. La coincidencia entre el objetivo del presidente y el cronograma de la startup puede ser la razón principal por la que la Fuerza Espacial emitió el Strategic Breakthrough Award ahora: no es solo financiar la mejor tecnología disponible, sino asegurarse de que la tecnología más avanzada llega a tiempo para un objetivo político concreto. Si 2028 pasa sin reactor en el espacio, habrá explicaciones políticas que dar. Si llega con Antares, la narrativa se escribe sola.La carrera por la energía espacial tiene también una dimensión China que el premio a Antares señala implícitamente. China tiene su propio programa de reactores nucleares espaciales en desarrollo, y la CNSA ha anunciado objetivos de sistemas de propulsión nuclear para misiones de largo alcance en los próximos cinco años. Si EE.UU. logra un reactor en el espacio en 2028 y China en 2029 o 2030, habrá establecido un precedente tanto técnico como militar que definirá quién controla las órbitas de mayor energía en la siguiente décadas de exploración espacial.La noticia EE.UU. no ha tenido un reactor nuclear en el espacio desde 1965. Antares acaba de recibir 161 millones para cambiar eso fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.