Jamás habíamos detectado tanto calor en el Pacífico ecuatorial, y lo inquietante es que El Niño todavía no ha alcanzado su fase más crítica. Pero la historia aquí no va solo de un fenómeno que ya conocemos bien. La importante está en el escenario: este Niño llega a un océano sobrecalentado y a una atmósfera cargada de energía, más de lo habitual. Ya no podemos mirarlo como un simple vaivén del termómetro; se ha convertido en un acelerador que hace avanzar la crisis climática a base de sacudidas, no de cambios suaves.Solemos pensar en el calentamiento global como una rampa continua, una línea recta que sube poco a poco año tras año. Es un error. La física del clima avanza a trompicones. Lo viene avisando Antonio Turial, físico e investigador del CSIC: «Esto va creciendo más deprisa ahora mismo. Creo que el año que viene nos vamos a llevar un susto grande, pero grande, grande». Lo más frustrante es que, justo cuando el planeta da estos saltos tan bruscos, el negacionismo parece ganar espacio en la conversación pública, dinamitando la voluntad política que hace falta para actuar.Un viaje acelerado hacia temperaturas que esperábamos en décadas La temperatura está cerca de superar los 1,55 grados por encima de los niveles preindustrialesEste ritmo está echando por tierra todos los calendarios oficiales. Hace nada dábamos por hecho que el límite crítico de los dos grados se alcanzaría en 2050; hoy, viendo el balance del calor del planeta, los científicos ya sitúan ese escenario a mediados de la década de 2030, probablemente hacia 2036. Nos han recortado prácticamente quince años de golpe. Como dice Jorge Olcina, climatólogo de la Universidad de Alicante, es como viajar al futuro térmico a toda velocidad: nos están cayendo encima, ahora mismo, las temperaturas que esperábamos para los años cuarenta o cincuenta.¿Por qué pasa esto? En teoría, El Niño aparece cada siete u ocho años y luego llega La Niña para enfriar el agua y devolver el equilibrio. Pero en lo que llevamos de siglo, esto parece que no se está dando. El océano se ha tragado cerca del 90 % del exceso de calor del planeta, comportándose como una esponja gigante. Cuando se activa El Niño, esa esponja se escurre de golpe y suelta toda esa energía a la atmósfera. Por eso Jorge Olcina insiste en que cualquier Niño de los últimos veinte años viene redoblado: no porque el ciclo haya cambiado de naturaleza, sino porque la piscina tiene mucha más gasolina acumulada. Evolución de la temperatura media de la superficie del mar entre 1982 y 2026Las pruebas están ahí. Los episodios de 2015-2016 y de 2023-2024 no fueron simples anomalías; cada uno le sumó más de una décima de grado a la media del planeta y nos empujaron hasta los 1,55 grados actuales. Y lo que se está formando ahora mismo asusta todavía más. James Hansen, una de las grandes voces históricas de la climatología, lo ha dicho sin rodeos: este evento se sale de las gráficas. Actualmente, el calor almacenado en el Pacífico ecuatorial supera ya al mítico superniño de 1997. Vamos, que lo vivido hasta ahora ha sido casi un ensayo de lo que está por venir.Con la superficie del mar ardiendo y una gran cantidad de calor atrapada bajo las olas, estamos entrando en territorio desconocido. Sobre todo porque al episodio todavía le quedan meses para tocar techo. El Niño ha dejado de ser ese curioso fenómeno meteorológico que traía lluvias a un lado del mundo y sequías al otro; se ha convertido en el detonante que rompe las previsiones y nos planta, de golpe, un clima extremo que creíamos lejano.