Cada monoplaza de Fórmula 1 incorpora más de 300 sensores capaces de generar alrededor de 1,1 millones de puntos de telemetría por segundo. Detrás de las carreras existe una infraestructura tecnológica gigantesca en la que la inteligencia artificial empieza a ser clave para detectar anomalías y resolver problemas en cuestión de minutos.