Henri Parot, el etarra que planeó una matanza un Lunes de Pasión en el corazón de Sevilla

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El Gobierno vasco ha concedido este miércoles el tercer grado al etarra de origen francés Henri Parot , uno de los etarras más despiadados de la historia de la banda terrorista, que tuvo la determinación de atentar con más de 300 kilos de explosivos en el Centro de Sevilla, aunque fue detenido a la altura de Santiponce en un control rutinario que evitó un drama de dimensiones mayúsculas. La de Parot es la historia de uno de los etarras más sanguinarios de ETA, que con la connivencia del gobierno vasco gozará ahora de este régimen de semilibertad penitenciaria que permite a los reclusos cumplir su condena fuera de la cárcel ordinaria. Todo ocurrió un 2 de abril de 1990. Lunes de Pasión en Sevilla, con el Domingo de Ramos a la vuelta de la esquina, a las puertas de la Semana Santa. Cuando agentes de la comandancia de la Guardia Civil de Sevilla detenían a uno de los miembros más activos de la organización terrorista ETA. A sus espaldas, y con su participación directa e indirecta, nada menos que 39 asesinatos imputables , una de las cifras individuales más escandalosas de quienes componen la banda, argumentos más que suficientes para justificar las 26 sentencias condenatorias con las que sumó casi 5.000 años de prisión. Fue en un control de tráfico al Renault 14 que pilotaba y que tuvo lugar en Santiponce hace ya 36 años. Henri Parot mostró resistencia en un fuego abierto contra los agentes de la Guardia Civil, que acabó frustrando el que hubiera sido uno de los peores atentados en la historia de Sevilla. El coche de Parot almacenaba en su maletero nada menos que 320 kilos de explosivos. El etarra de origen argelino, pero nacionalizado francés, pretendía llevar todo este material, amonal, a tres zonas para él fundamentales: la comisaría de Jefatura Superior de Policía de Sevilla, por entonces en la plaza de la Concordia; el Parlamento de Andalucía, que por entonces se ubicaba en San Hermenegildo, y El Corte Inglés. Detener a Parot fue uno de los grandes golpes que el país le propinó a la banda terrorista de ETA con el brazo de Sevilla en los noventa, tras tanta sangre inocente derramada durante tantos años con tantos asesinatos. El acto alcanzó tal nivel mediático en el plano internacional que se unió a los preparativos de la ciudad de cara a la celebración de la Expo del 92. En septiembre de 1990, el Ayuntamiento hispalense concedió a la Guardia Civil de Sevilla «por haber evitado la comisión de gravísimos atentados de la banda terrorista ETA en Sevilla, con su oportuna y eficaz intervención en los hechos ocurridos el pasado día 2 de abril». El 21 de octubre del presente año, en cuestión de mes y medio, se cumplirán diez años de aquel monolito conmemorativo que la hermandad Amigos del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil (Habecu) impulsó a modo de recuerdo con la colaboración del Ayuntamiento de Sevilla. Aquel día, volvió a ponerse el foco en el «ángel» que logró detener a la persona que hubiese instaurado un régimen de terror con una de las mayores amenazas nunca vistas en la ciudad. El guardia civil Adolfo López, uno de los agentes que participó en la detención de Parot, participó en la detención del etarra. Casi 40 años después, el gobierno vasco le ha concedido el tercer grado a uno de los etarras más execrables de la banda. Su apellido sirvió de inspiración a aquella famosa interpretación jurídica implantada por el Tribunal Supremo en 2006, que modificaba la forma de calcular las reducciones por beneficios penitenciarios —como el trabajo o el estudio en prisión— para los condenados a penas muy altas bajo el Código Penal de 1973. Su objetivo era evitar a todas luces que personas con condenas que sumaban cientos o miles de años, como fue el caso del etarra detenido en Santiponce, salieran en libertad tras haber cumplido únicamente una fracción de la pena efectiva.