Con la realeza mundial en Oslo, Noruega despidió a Harald V

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OSLO.– Con la presencia de casas reales de todo el mundo en el país, Noruega se detuvo este miércoles para despedir al rey Harald V, el monarca que durante 35 años ocupó el trono y que construyó una imagen de cercanía poco habitual para una institución asociada al protocolo, la distancia y la solemnidad. Miles de personas se agolparon en las calles de Oslo para acompañar el cortejo fúnebre y rendir homenaje a un rey recordado por su calidez, su sentido del humor y, sobre todo, por su voluntad de estar cerca de la gente.Una salva de 21 cañonazos marcó el comienzo de la procesión desde el Palacio Real hasta la catedral de Oslo. El féretro, cubierto con el estandarte real noruego rojo y colocado sobre un cañón, recorrió durante aproximadamente una hora el centro de la capital, mientras miles de personas permanecían detrás de las vallas, muchas de ellas con banderas noruegas, flores y fotografías del monarca.Detrás del ataúd caminó la familia real, encabezada por el nuevo rey, Haakon VIII, hijo de Harald. La reina Sonja, viuda del monarca, y la nueva reina Mette-Marit siguieron el cortejo en automóvil. Mette-Marit, de 53 años, se encuentra todavía en recuperación de un trasplante de pulmón realizado en junio y había tenido que cancelar la semana pasada su asistencia a la ceremonia de juramento de su marido en el Parlamento por complicaciones posteriores a la operación.La despedida tuvo también una fuerte dimensión internacional. A Oslo llegaron los reyes de España, Suecia, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Mónaco y Jordania, además de representantes de otras casas reales. También participaron el príncipe Guillermo y la princesa Ana del Reino Unido, el príncipe heredero Akishino de Japón y jefes de Estado y de gobierno de más de 20 países.Entre ellos estuvo el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, que llegó a Oslo el martes por la noche y mantuvo reuniones con el primer ministro noruego, Jonas Gahr Store, y otros funcionarios sobre la guerra con Rusia. La presencia de Zelenski subrayó además el papel que Noruega desempeña en Europa en un momento marcado por la guerra y las tensiones geopolíticas.A las 13, cuando comenzó el servicio religioso en la catedral luterana, todo el país guardó un minuto de silencio. Las banderas habían permanecido a media asta desde la muerte del rey, el 28 de agosto, a los 89 años. Con el funeral termina oficialmente el período de 13 días de luto nacional.Harald había sido hasta su muerte el monarca más longevo de Europa. Reinó desde 1991, cuando sucedió a su padre, Olav V, una figura enormemente popular que durante años proyectó una sombra sobre su heredero. Harald necesitó tiempo para construir su propia identidad como rey, pero terminó convirtiéndose en uno de los miembros más queridos de la monarquía europea.Su sello fue el de una monarquía moderna, abierta y cercana. El presidente del Parlamento noruego, Masud Gharahkhani, lo recordó durante el funeral como un rey que estaba cerca del pueblo y que no tenía miedo de encontrarse con la gente vestido, incluso, con sus “botas de goma”.La imagen resume buena parte del personaje que los noruegos quisieron despedir este miércoles: un monarca dispuesto a salir del palacio y mezclarse con sus ciudadanos, lejos de la pompa que suele rodear a las familias reales.“Convirtió en humano lo solemne”, dijo el primer ministro Store durante su elogio fúnebre. “Hizo que Noruega fuera más grande, al hablar de un ‘nosotros’ noruego en el que todos tienen cabida”, agregó.Harald también hizo de la inclusión y la tolerancia uno de los rasgos distintivos de su reinado. En un discurso pronunciado en 2016, durante la celebración de sus 25 años en el trono, describió una Noruega en la que tenían lugar personas de distintas orientaciones sexuales, creencias y orígenes.“Los noruegos son chicas que aman chicas, chicos que aman chicos, chicas y chicos que se aman recíprocamente”, dijo entonces. Y agregó que los noruegos podían creer en Dios, en Alá, en el Universo o en nada.Aquella declaración condensó una concepción de la monarquía como símbolo de una sociedad diversa, más que como una institución destinada a imponer una identidad nacional única.Esa cercanía también apareció en uno de sus discursos de Año Nuevo más recordados, en 2008, cuando pidió dejar de hablar de “los más débiles de la sociedad”. “En realidad, algunas de estas personas están entre las más fuertes de todos nosotros”, dijo.“Vivió a la altura de su lema: Lo dio todo por Noruega”, afirmó Gharahkhani.Más de 46.000 personas pasaron durante la última semana frente al féretro instalado en la capilla del Palacio Real. En algunos momentos, la espera llegó a siete horas. Frente al palacio se acumularon flores, velas, dibujos y mensajes de despedida.“Era el abuelo de la nación”, dijo Gunn Johnsen, de 81 años, una de las personas que acudieron a rendir homenaje al monarca.“Generoso, inclusivo, cariñoso”, añadió su amiga Vigdis Simonsen.Otros llegaron desde lugares alejados del país. Anne Marte Ellertsen, de 35 años, viajó en tren junto con su esposo y sus dos hijos y vistió el traje tradicional noruego para participar de la despedida. Dijo que Harald era un hombre que había estado “profundamente en sintonía con su pueblo y con la época en la que vivía”.La estudiante Nadia, de 26 años, esperó su turno tejiendo sentada en el suelo. “Era, sencillamente, un rey muy bondadoso y cariñoso, que se preocupaba por todos”, afirmó.El duelo también produjo un renovado respaldo a la monarquía. Según una encuesta de Norstat para la radiodifusora pública NRK realizada después de la muerte de Harald, el 72% de los noruegos apoya actualmente la continuidad de la institución, mientras que el 20% prefiere una república u otra forma de gobierno. El respaldo aumentó ocho puntos respecto de una medición realizada en mayo.El dato resulta particularmente significativo porque la popularidad de la monarquía había caído a comienzos de año, cuando distintos escándalos golpearon a la familia real. Entre ellos estuvieron las controversias vinculadas con Mette-Marit y su antigua relación con el fallecido delincuente sexual estadounidense Jeffrey Epstein, además de los problemas judiciales de su hijo, Marius Borg Hoiby.Hoiby, nacido de una relación anterior de Mette-Marit, asistió al funeral pese a encontrarse bajo arresto domiciliario mientras apela una condena a cuatro años de prisión por violación y otros delitos. Su presencia volvió a poner bajo los reflectores a una familia que, en los últimos meses del reinado de Harald, había quedado expuesta a una serie de controversias.Harald, sin embargo, decidió no abdicar, incluso cuando su salud se deterioró durante sus últimos años. A diferencia de otros monarcas europeos que optaron recientemente por ceder el trono a una generación más joven, permaneció en el cargo hasta su muerte.Haakon se convirtió automáticamente en rey tras la muerte de su padre y asumió una institución que conserva un papel esencialmente simbólico: el poder político reside en el gobierno y el Parlamento elegidos. Pero la monarquía sigue teniendo un importante papel representativo y diplomático para Noruega.La tradición de la casa real se remonta al siglo IX, al rey Harald Cabellera Hermosa. Cuando Noruega recuperó su independencia de Suecia en 1905, tres cuartas partes de los votantes respaldaron en un plebiscito la restauración de la monarquía.La familia real noruega está además estrechamente vinculada con otras casas reales europeas. Harald y Haakon descienden, al igual que el rey Carlos III del Reino Unido y el rey Felipe VI de España, de la reina Victoria de Inglaterra.Después de la ceremonia religiosa, cuatro aviones de combate F-35 sobrevolaron la catedral en formación. Luego, una comitiva más reducida acompañó el féretro hasta la fortaleza de Akershus, donde se encuentra la cripta real con los restos de los antepasados de Harald.Allí, en una ceremonia privada, el ataúd fue depositado junto al de sus padres. Harald será enterrado en un sarcófago cuyo diseño se mantuvo en secreto y cuyo costo ronda los dos millones de dólares.Cuando Haakon abandonó la cripta, el luto nacional terminó oficialmente. Las banderas volvieron a izarse por completo y las campanas de las iglesias repicaron durante una hora. Noruega recuperó entonces su ritmo habitual. Agencias AFP, AP y ReutersFotos: AP y AFPEdición Fotográfica: Fernanda Corbani