Nace Faro Santander, un 'botín' artístico encerrado en un antiguo banco

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Al eje de los museos Madrid-Barcelona le ha salido una gran competencia en la cornisa cantábrica. Todo arrancó allá por 1997, con el conocido como 'efecto Guggenheim' en Bilbao. Atraídos por este imán de titanio, llegarían el Museo de la Universidad de Navarra en Pamplona, el Centro Niemeyer en Avilés, el Centro MOP en La Coruña, el Centro Botín en Santander... A todos ellos, se suma en esta misma ciudad la apertura de Faro Santander y, a comienzos de octubre, la ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Y aún falta la inauguración del centro asociado al Museo Reina Sofía-Archivo Lafuente en el antiguo edificio del Banco de España, y el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (Mupac), ambos en Santander y con las obras en marcha. En todos estos proyectos se ha involucrado a un puñado de arquitectos de primerísima fila; entre ellos, premios Pritzker como Frank Gehry, Oscar Niemeyer, Renzo Piano o Norman Foster. Nueve años después de que naciera el Centro Botín en la bahía de Santander, apenas a unos 200 metros de distancia, un proyecto impulsado por la Fundación Banco Santander pone a la ciudad en el foco del mapa museístico nacional. Si entonces fue el italiano Renzo Piano quien firmó un edificio con dos volúmenes, recubierto con una piel formada por 270.000 piezas circulares de cerámica nacarada, con un voladizo sobre el mar, que parece volar, ahora es el británico David Chipperfield el elegido para renovar uno de los espacios más emblemáticos de Santander, el Edificio Pereda, histórica sede de Banco Santander, situado en los números 9-12 del paseo del mismo nombre y declarado Bien de Interés Cultural (BIC). Es el primer edificio de uso museístico construido por el arquitecto en España. Comenzó el proyecto en 2018 y lo concluyó en 2026. El presupuesto sigue siendo un secreto. De antigua sede bancaria, a centro de arte para la ciudad. Faro Santander ha sido inaugurado este lunes con la presencia del Rey Felipe VI , acompañado por Jordi Hereu, ministro de Industria y Turismo; María José González Revuelta, presidenta del Parlamento de Cantabria; Gema Igual, alcaldesa de Santander; Ana Botín, presidenta de Banco Santander; Rodrigo Echenique y Borja Baselga, presidente del Patronato y director gerente, respectivamente, de la Fundación Banco Santander; Daniel Vega, director de Faro Santander, y el arquitecto David Chipperfield. Entre los numerosos invitados, el director de ABC, Julián Quirós. Tras descubrir Don Felipe una placa conmemorativa, abrió el acto el violonchelista Asier Polo , exalumno de la Escuela Reina Sofía, que tocó una pieza con un Ruggieri de 1689 de la Fundación Banco Santander. Ana Botín, anfitriona del evento , dio las gracias a los que han participado en este proyecto y tuvo un recuerdo para los que ya no están. «Los Botín siempre volvemos a Cantabria» , advierte la presidenta de Banco Santander, quien recordaba que este edificio «tenía muchas cerraduras y un aire de misterio. Concebido para ser un lugar seguro y cerrado, hoy sigue siendo seguro, pero abierto a todos. Nos preguntamos qué conservar y qué cambiar sin perder la esencia. Los grandes edificios se reinventan. Hay que ser valientes, como mi madre, que lo defendió. Derribar los despachos de mi abuelo y mi padre no fue una decisión que tomamos a la ligera». El edificio, de 1795, fue hotel y club de regatas antes de que lo adquiriera el Banco Santander en 1923. El reto era cómo adaptarlo a los tiempos actuales para crear «un museo moderno, un lugar abierto, una casa para los santanderinos, conservando nuestros pilares, un lugar abierto a todos, al cambio, al futuro», concluyó Ana Botín, quien no perdió la ocasión para meter una cuña publicitaria y animar a todos a abrir una cuenta en Openbank, algo que ya hiciera en el Mundial de Fútbol con el célebre 'streamer' IShowSpeed. Son más de 10.000 metros cuadrados de superficie útil , de los que unos 3.000 (repartidos en cinco plantas) se han destinado a espacios expositivos. La cuarta planta acoge la Colección Banco Santander, que atesora un millar de pinturas y esculturas -además de obra gráfica, artes decorativas, tapices, numismática...-, fruto de más de 160 años de coleccionismo . Una selección de sus obras maestras compone la muestra inaugural, comisariada por María Dolores Jiménez-Blanco y formada por unas 70 obras, distribuidas en cuatro secciones temáticas: 'Historias sagradas', 'Lugares y paisajes', 'Las cosas: bodegones y naturalezas muertas' y 'Retratos, tipos, figuras'. De momento, solo abren las dos primeras. Las dos restantes lo harán el próximo 18 de septiembre, pues el espacio donde se mostrarán se ha usado para acoger el acto inaugural. La muestra, ya completa, estará abierta hasta febrero de 2027. La Colección Banco Santander, que hasta ahora se exhibía en la Sala de Arte Santander, situada en la ciudad financiera del Grupo Santander en Boadilla del Monte (Madrid) -se seguirá exponiendo parte de la colección, irán algunas de las exposiciones de Faro Santander y el almacén central seguirá estando allí-, es, en realidad, una colección de colecciones. Está compuesta por l a suma de fondos de entidades bancarias hoy extintas que, mediante fusiones o adquisiciones, pasaron a integrarse en el Banco Santander. Es el caso del Banco Urquijo, el Banco Central, el Hispano Americano (más tarde Banco Central Hispano), Banesto y el Popular. Estas operaciones incrementaron considerablemente la colección del Santander. «Ello no le resta ni un ápice de su personalidad diferencial ni de su capacidad de transmitir un relato propio. Al contrario, define su carácter como depositaria de una memoria colectiva y la convierte en símbolo de la compleja historia de la banca moderna española», advierte Jiménez-Blanco. Un puñado de obras maestras proceden del Fondo Cultural Villar-Mir : 'Las lágrimas de San Pedro', de Velázquez; 'Valentín Belvís de Moncada y Pizarro', de Goya ; 'Sansón y el león', de Rubens... Llegaron a la colección del banco gracias a una dación en pago por el impago de un crédito millonario. El Goya perteneció a la familia Ramírez de Haro, descendientes del retratado y familia política de Esperanza Aguirre. A través de Sotheby's, se vendió, no sin una polémica que acabó en los tribunales, en 2012 por más de 5 millones de euros al Fondo Cultural Villar-Mir. La Comunidad de Madrid lo declaró BIC en 2023. De momento, solo podemos ver el retrato del aristócrata y militar en carteles publicitarios, como el que figura en el aeropuerto de la ciudad junto al lema 'Hi, I am Faro'. Josep Maria Sert y José Gutiérrez Solana son dos de los núcleos centrales de la colección. Del primero atesora dos series en grisalla, negro y rojo: cinco paneles que decoraron los salones de Kent House, la residencia de Sir Sixton Noble en el centro de Londres, y los quince paneles que adornaron los comedores de gala del hotel Waldorf Astoria de Nueva York. Solana es el artista mejor representado en ella, con una treintena de pinturas. Están presentes cuatro de sus lienzos y una obra de Sert. Cuelgan en la muestra dos espléndidos Grecos: 'La Anunciación', y 'Cristo agonizante con Toledo al fondo'. La muestra abarca casi cinco siglos: la obra más antigua es 'La predicación de San Juan Bautista', h. 1537-1540, de Lucas Cranach el Viejo; la más reciente, 'Soñé que revelabas', de Juan Uslé, de 2018. A ellos se unen nombres como Juan de Juanes, Gregorio Fernández, Alonso Cano, Tiziano, Tintoretto, Van Dyck, Zurbarán, Snyders, Canaletto, Sánchez Coello, Ribera, Valdés Leal, Picasso, Miró, Sorolla, Romero de Torres, Casas, Nonell, Tàpies, Millares. Chillida, Juan Muñoz, Equipo Crónica, Niki de Saint Phalle, Anish Kapoor, Ángela de la Cruz, Manolo Valdés, Luis Gordillo, Chirino, Barceló, Sicilia, Cristina Iglesias, Richard Serra… Cuelga también la última adquisición: 'Niña sentada en la sala con bancos', de María Blanchard. Otra de las plantas de Faro Santander, la segunda, está dedicada a exposiciones temporales. Se inaugura con un peso pesado: 'México moderno en la Colección Gelman Santander' , comisariada por Marisol Argüelles, que reúne, hasta el 10 de enero, 93 obras de la Colección Gelman, una de las mejores del mundo de arte moderno mexicano, reunida por los coleccionistas Jacques y Natasha Gelman. Él, de origen ruso, nació en San Petersburgo, pero se estableció en México en 1938. Fue el empresario que catapultó a la fama a Cantinflas. Ella nació en Moravia, actual República Checa. El matrimonio atesoró tres colecciones: una de arte europeo que donaron al Metropolitan Museum de Nueva York, otra de arte precolombino y la de arte mexicano moderno. El pasado mes de enero se presentó en Madrid el acuerdo firmado entre Banco Santander y la familia Zambrano para la gestión «a largo plazo, renovable» de tan codiciado botín: 161 obras, entre ellas, 18 de Frida Kahlo, incluidos algunos de sus célebres y cotizados autorretratos; 10 de Diego Rivera, como el 'Retrato de Natasha Gelman' y 'Vendedora de alcatraces', así como trabajos de Rufino Tamayo ('Retrato de Cantinflas'), Orozco, Siquieros, Toledo, María Izquierdo…, conforman la Colección Gelman Santander. Es propiedad de la familia Zambrano, unos empresarios de Monterrey, dueños de la cementera Cemex, una de las más grandes el mundo. Los responsables del proyecto siempre dijeron que la propiedad de la colección sigue siendo mexicana, y que la Fundación Banco Santander solo se ocuparía de gestionar, conservar, exhibir y difundir este legado por todo el mundo. Incluso contó con el visto bueno de la secretaría de Cultura de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), pero la noticia levantó una gran polvareda en México. Más de 400 intelectuales del país firmaron una carta abierta exigiendo transparencia en la operación y reclamando que se hicieran públicos los acuerdos con el Banco Santander. Diversos medios internacionales publicaron que las obras se utilizaron como garantía por un préstamo del Banco Santander a la familia Zambrano por unos 150 millones de dólares. Una selección de obras se expuso en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México. La propia presidenta del país, Claudia Sheinbaum , pidió que se prorrogase hasta julio para que estuviera abierta durante el Mundial de Fútbol. Ello hizo que la inauguración de Faro Santander, prevista para el pasado mes de junio, se retrasase al 7 de septiembre. Tras la muerte de Natasha Gelman, la colección quedó en manos de su albacea, el conservador norteamericano Robert R. Littman, quien al parecer en su día la ofreció al Estado mexicano por 200 millones de dólares, pero se desestimó la oferta. Littman creó la Fundación Vergel, que gestionó la colección, hasta que en 2023 la vendió a la familia Zambrano. En 2024 se celebró en Sotheby's de Nueva York una subasta de 30 obras de la Colección Gelman. Entre ellas, un autorretrato de Siqueiros, tesoro nacional de México. Se vendió, pero el dueño no puede sacarlo del país. En el caso de 'Caballos en el circo', de María Izquierdo, se consiguió detener la venta y hoy cuelga en Faro Santander. Hay también fotografías de Manuel y Lola Álvarez Bravo, Nickolas Muray, Graciela Iturbide... En un comunicado, el banco español explicaba que «está previsto el r etorno a México de las obras en 2028 ». ¿Volverían después de nuevo a España con un nuevo permiso de exportación temporal de dos años más? ¿Y a otros países? Daniel Vega, director de Faro Santander , explica a ABC: «La colección volverá a México a finales del verano de 2028, porque será el plazo máximo de autorización de exportación temporal. Estamos ya trabajando en que se pueda volver a presentar allí la exposición y ya decidiremos cuáles son los siguientes pasos . Obviamente, podrían volver a España de nuevo. Tenemos que valorar si queremos volver a exhibir la Colección Gelman en Faro o prestarla a otros museos». Parece que el primer destino podrían ser destacados museos de Europa. Obras de Frida Kahlo irán a una gran retrospectiva de la artista en la Fundación Beyeler de Basilea. Parte de las obras de la colección, incluidas todas las de Frida Kahlo, cuentan con la declaratoria de monumento artístico nacional y, por tanto, no pueden salir del país permanentemente. La Suprema Corte de Justicia de la Nación en México aceptó el pasado mes de julio revisar el veto presidencial de 1984 , que impide la exportación definitiva de las obras de Frida Kahlo. Si finalmente se anulara ese veto, ¿afectaría al acuerdo? «De ninguna manera. Afectaría a lo que puede hacer el propietario de esta colección con ella, no a nuestra relación con él. Es un acuerdo de préstamo a largo plazo, como el que tienen tantos museos con coleccionistas para que sus colecciones sean depositadas en instituciones museísticas y sean preservadas, difundidas, estudiadas, investigadas, presentadas, que es lo que hacemos nosotros», comenta Daniel Vega. Entre ambas plantas, es posible visitar, hasta el 31 de enero de 2027, una tercera exposición en Faro Santander, de pequeño tamaño. Su título: 'El surrealismo sintomático: Leonora Carrington' , realizada en colaboración con el Freud Museum de Londres, donde ya se ha visto antes, y comisariada por Vanessa Boni. La protagonista, esta genial pintora, chamana del surrealismo . Indomable, rebelde, visionaria de temas actuales como la salud mental, el feminismo y la ecología, habitó territorios encantados poblados por seres fantásticos. Entre sus influencias, El Bosco, Brueghel el Viejo, Piero della Francesca, 'Alicia en el País de las Maravillas', los relatos de Edgar Allan Poe y Bram Stoker... Le interesaban la magia, la astrología, la alquimia, el esoterismo, el tarot, los mitos celtas... Tenía varios 'alter ego (hienas, árboles, diosas...), pero el principal fue el caballo. En París se codeó con con lo más granado de la vanguardia: Picasso, Buñuel, Dalí, Breton, Miró, Duchamp, Man Ray, Lee Miller... Peggy Guggenheim le compró su primer cuadro. Pero tres son multitud. Leonora y Peggy amaban al mismo hombre: el pintor Max Ernst. Considerado artista degenerado por los nazis, fue arrestado y recluido en un campo francés para ciudadanos alemanes. Leonora vendió la casa y huyó de la Francia ocupada por los nazis a España en 1940. Puso rumbo a Madrid, donde fue violada por unos soldados franquistas . Meses después, llegó a Santander. A petición de su familia, estuvo recluida durante unos meses (del 24 de agosto de 1940 al 1 de enero de 1941) en el sanatorio Peña Castillo , debido a sus crisis nerviosas y brotes psicóticos. En 'Memorias de abajo', que Leonora dictó como una forma de sanación, relata en toda su crudeza el infierno que padeció allí, tratada por el doctor Luis Morales . También plasmó esa experiencia traumática en el cuadro 'Down Below'. «Estoy notando signos de locura en mí -escribió en sus memorias-. Era necesario sacarme de dentro todos los personajes que habitan en mí». Elena Poniatowska noveló su vida en 'Leonora'. Ocho décadas después, la artista regresa a Santander. Se muestran juntos por vez primera en el lugar donde fueron creados los dos óleos que Leonora pintó en Santander en 1940, junto con una selección de los dibujos de sus cuadernos que hizo durante su estancia en el sanatorio, hasta ahora dispersos. Junto al ya citado 'Down Below', que regaló al diplomático mexicano Renato Leduc, que le ayudó a escapar a Nueva York, cuelga 'Villa Pilar', lienzo inédito que ha sido descubierto gracias a una investigación del equipo de Faro Santander. La artista lo dedicó y se lo regaló al doctor Morales al abandonar el sanatorio. Sobre un fondo verdoso retrata a cuatro criaturas: un caballo libre (su alter ego), una hiena rebelde, un pavo real y el perro blanco guardián. La visita del centro comienza en la primera planta con 'Marisma' , un espacio dedicado a los artistas cántabros. Se ha puesto en marcha un programa de ayudas a la creación. Se han seleccionado cuatro proyectos en la primera convocatoria de estas ayudas. En la tercera planta, 'Llamita' , un lugar mágico pensado para los más pequeños, concebido como un espacio de juego, exploración y creatividad. Hay un tercer espacio, 'Cubo: antes de Faro Santander' , dedicado a la innovación tecnológica y la experimentación, que ocupa dos plantas. Esta propuesta incluye tres experiencias audiovisuales. Un viaje por la memoria del edificio y la ciudad de Santander. En su interior, un recorrido histórico que arranca en 1857, año de la fundación del Banco Santander, y llega a la actualidad. Es una proyección inmersiva 360 grados. En su exterior, una piel led de 400 metros cuadrados con detalles de la transformación del edificio. Hay también una experiencia de realidad virtual: una recreación histórica del edificio. Y en el futuro se presentará 'Atelier', un programa para presentar artistas contemporáneos que requieren de la participación del visitante para que sus obras existan, para que se activen. Habrá grandes artistas internacionales, pero también menos conocidos. El objetivo es que haya una programación muy viva, que a lo largo del año vaya cambiando. Referencia en sostenibilidad, el edificio reformado por Chipperfield está distribuido en diez niveles . Los dos superiores están destinados a una cafetería, Los jardines de Faro Santander, con dos terrazas-mirador con unas vistas espectaculares a la bahía y a la ciudad (quinta planta), y un restaurante, Lumen, bajo la dirección del chef Nacho del Corral, en la sexta planta. En las tres bajo rasante están el auditorio y las infraestructuras técnicas. Hay una tienda en el vestíbulo. Faro Santander abre de 10 a 20 h. (cierra los martes). Su precio: 14 euros, la entrada general (7 euros, la reducida). Durante diez días, del 8 al 17 de septiembre, habrá diez jornadas de puertas abiertas con acceso gratuito, previa reserva de entrada en la web o en las taquillas. «Nosotros buscamos imbricarnos de una manera relevante en lo que ya hay. Venimos para aportar, para complementar, para intentar traer cosas que pensamos que no hay o para las que hay hueco, y de ninguna manera para competir. Eso está haciendo que este modelo de Santander sea muy genuino. Faro Santander pone la Colección Banco Santander en otra dimensión. Esencialmente, es una colección española, aunque tiene destellos internacionales muy importantes. Es un reflejo de la historia del banco», advierte Daniel Vega. En cuanto a la previsión del número de visitantes al año, dice: «No vamos a sacrificar la calidad por las cifras. Estamos trabajando con una horquilla entre 200.000 y 250.000 visitantes ». David Chipperfield, premio Pritzker en 2023 , es un viejo conocido de nuestro país (se construyó una casa en Corrubedo, Galicia, donde pasa parte del año) y es célebre por la arquitectura de la reutilización : da nueva vida a los edificios históricos respetando su esencia y su historia. Ya lo hizo con éxito en la Neue Nationalgalerie de Berlín, un edificio de Mies van der Rohe, y en la Royal Academy de Londres. Se lamenta de que «con demasiada frecuencia, en arquitectura se ha confundido la novedad con el avance. La reutilización no es una concesión, sino un acto de invención . Puede ser un proceso creativo, significativo y profundamente gratificante, y no una mera obligación tediosa. La intensidad y complejidad de trabajar con edificios existentes nos han enseñado a entender la reparación y la adaptación como oportunidades para proyectar nuevos futuros a partir del material heredado». Subraya el coste medioambiental de demoler y construir de nuevo, el valor de preservar y cree que el papel del arquitecto evoluciona de «diseñador de nuevas formas a custodio de entornos existentes». Chipperfield, que mantendrá este martes un encuentro con Ana Botín, presidenta de Banco Santander, comentaba este lunes durante la inauguración de Faro Santander: «El deseo de abrir el edificio como un espacio público de exposiciones y eventos supuso un desafío para la estructura histórica que (debido a su propósito original) reflejaba seguridad y hermetismo, con sus múltiples salas, variados niveles y capas acumuladas de historia. Un edificio que no estaba naturalmente adaptado a la permeabilidad ni a un programa que requería grandes espacios expositivos y una identidad pública clara. El desafío de crear espacios expositivos con estándares internacionales, y la logística museística asociada, dentro de las restricciones del edificio existente, fue significativo. Este desafío se vio enfatizado por el hecho de que lo que exteriormente parecía ser un solo edificio, en realidad eran dos edificios. Cada uno fue construido en diferentes momentos en el tiempo y luego unidos por el gran arco que se convirtió en su rasgo arquitectónico definitorio. Y aunque el arco resultaba problemático para la organización interna del edificio, desempeñó un papel como un potente gesto urbano que conectaba el edificio con su entorno y se ha convertido en el corazón del edificio . Durante generaciones, este edificio fue conocido como un banco y la ciudad lo experimentó en gran medida desde el exterior. Hoy, ha sido reimaginado como un lugar de cultura, encuentro y acceso público ». En cuanto a los materiales (hormigón, acero, piedra natural y roble) , han sido elegidos, explica Chipperfield, «para unificar lo antiguo y lo nuevo, respetando los acabados históricos e incorporando elementos contemporáneos y duraderos». En el espacio de entrada ha creado una escalera helicoidal de estructura de hormigón vista que da comienzo a la secuencia de escaleras que ascienden por el interior del emblemático arco y conectan con las galerías expositivas. El arco ha sido reinterpretado como un espacio de conexión. Define y divide el edificio. Se ha convertido en su eje vertebrador, mediante el cerramiento parcial de su parte superior con un acristalamiento. Eso sí, de momento, un juez ha ordenado la reapertura provisional al tráfico rodado del arco de Faro Santander, que cerró a los vehículos con motivo de las obras en el edificio. El auto admite las medidas cautelares que pedía Izquierda Unida. Del proyecto de Chipperfield, el director de Faro Santander valora que, «como museógrafo, ha sido capaz de generar unos espacios muy diversos con su economía de medios, que es la marca de la casa, de David Chipperfield Architects. El empleo muy respetuoso de cuatro elementos (piedra, madera, acero y cristal) permite ver en cada momento dónde está el edificio original y dónde la intervención. Ha creado unos espacios expositivos extraordinariamente cálidos que te abrazan cuando llegas. Se sienten casi como un espacio doméstico. Ayuda mucho la cantidad de vanos y ventanas que tiene el edificio. Parece que estás casi en un apartamento. Hay espacios que parecen el salón de un coleccionista. Y esa escala tan humana hace muy especial la visita».