En cualquier clase de primero de primaria es habitual encontrar a niños que han cumplido los seis años en enero junto a compañeros que no los cumplirán hasta finales de diciembre. Aunque están en la misma clase y se les pide exactamente lo mismo —que aguanten sentados el mismo tiempo, que presten la misma atención y que entreguen los mismos trabajos—, la realidad es que hay casi un año entero de diferencia entre unos y otros. A esas edades, diez u once meses cambian muchísimo las cosas en la forma de crecer y aprender de un niño. El psicólogo Rafa Guerrero ha querido hablar sobre este problema a través de un vídeo publicado por Formación Psicoterapia en TikTok ( @formacionpsicoterapia ). El experto recuerda que «los niños nacidos en diciembre tienen un 39% más de probabilidades de ser diagnosticados con TDAH» si los comparamos con los que nacieron al empezar el año, un dato que obliga a pararse a pensar en cómo se está juzgando el comportamiento de los más pequeños en las aulas. Para entender por qué se produce esta diferencia, hay que mirar cómo funciona la cabeza a esas edades. El TDAH es un problema del neurodesarrollo, lo que significa que el cerebro lleva su propio ritmo para ir formando sus conexiones. Como explica Rafa Guerrero, en un niño tan pequeño esa parte del cerebro va todavía «con el freno de mano echado» de forma natural. Si a un desarrollo que ya de por sí es lento se le restan casi doce meses de vida frente a los compañeros de enero, la desventaja en el aula al pedirles lo mismo es enorme. Por eso, el psicólogo alerta del error que se comete a diario en las escuelas: «Comparar a un niño de diciembre con uno de enero es comparar dos madureces distintas y llamar trastorno a la diferencia ». Uno de los puntos más críticos que remarca el psicólogo es la falta de pruebas objetivas a la hora de dar un diagnóstico de este tipo. A diferencia de otras consultas médicas, aquí no hay una prueba matemática que confirme que existe ese trastorno. «No existe la prueba del TDAH. No hay un test ni analítica ni neuroimagen. Esto no es un test de embarazo», advierte Guerrero. Al no existir una prueba médica clara, la valoración se basa en observar si el niño se despista o se mueve mucho. El problema, como concluye el experto, es que «estamos diagnosticando síntomas y los síntomas nunca son la raíz» . Confundir la inmadurez de un niño pequeño con una enfermedad lleva a poner etiquetas a alumnos que solo necesitaban tiempo. Para no sacar conclusiones antes de tiempo, hay cosas muy fáciles que se pueden poner en marcha tanto en casa como en el colegio: • Lo que pueden hacer los padres: • Lo que pueden hacer los profesores: Y es que tener en cuenta los meses que tiene cada niño ayuda a respetar su ritmo sin ponerle etiquetas antes de tiempo.