Amancio Ortega, fundador de Inditex, y su predicción cumplida gracias a la tecnología sobre los trabajadores: «Un control anual y punto, eso es lo que me gustaría que me hicieran a mí»

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Amancio Ortega defendía dar libertad a quienes trabajaban en su empresa. Su preferencia por una revisión anual resulta llamativa en una oficina donde cada tarea puede dejar un registro digital y el responsable dispone de numerosas formas de comprobar cómo avanza un proyecto.Un calendario compartido informa de las entregas pendientes. Una lista actualizada permite localizar un encargo terminado o una incidencia que necesita ayuda. Con esa información a mano, el jefe puede consultar los avances sin pedir a cada trabajador que deje lo que está haciendo para explicar en qué anda.Esa posibilidad acerca la reflexión del fundador de Inditex al trabajo conectado. Las herramientas de gestión facilitan delegar sin perder de vista los compromisos, siempre que el equipo mantenga la información al día y sepa qué debe entregar. La frecuencia de las revisiones sigue dependiendo del puesto y de las necesidades de cada proyecto.Decidir con confianzaLa autonomía se prueba cuando llega una decisión que alguien debe tomar. En las declaraciones publicadas por Cinco Días el 26 de junio de 2007, Ortega proponía «un control anual y punto» y recordaba el agradecimiento de la directora de Zara Home tras abrir una tienda en París. La confianza tenía una aplicación concreta, dentro de una gestión que también apostaba por la innovación en Inditex.La distancia entre las expectativas de los jefes y la experiencia de sus plantillas tiene un precedente medido en el trabajo híbrido. En septiembre de 2022, Microsoft publicó una encuesta a 20.000 personas de 11 países: el 87 % de los empleados decía ser productivo, mientras que el 85 % de los responsables empresariales afirmaba que el trabajo híbrido dificultaba confiar en esa productividad. Eran percepciones de ambos grupos, no una medición del rendimiento individual.En su análisis de ese problema, la compañía defendía evaluar la calidad y el efecto del trabajo entregado. Contar correos enviados ofrece poca información sobre si una petición del cliente ha quedado resuelta. El número de mensajes puede aumentar porque hay un problema pendiente, mientras que una solución bien ejecutada puede necesitar pocas comunicaciones. Elegir la medida cambia lo que se está premiando.Avances visibles desde cualquier ordenadorPlanner permite organizar las listas de tareas y consultar gráficos de progreso. Su documentación describe vistas que distinguen encargos pendientes, en curso, terminados y con retraso, además del reparto entre los miembros del equipo. Así resulta posible localizar dónde hace falta intervenir sin preguntar por todos los encargos uno por uno. El tablero debe reflejar el estado real del trabajo para que esa consulta sirva.Asana ofrece otro ejemplo entre las aplicaciones para organizarse. Según explica el servicio, sus actualizaciones permiten señalar si un proyecto marcha según lo previsto, corre peligro de retrasarse o se ha detenido, e incorporar entregas y gráficos. El equipo puede compartir una explicación del avance que los demás consulten cuando la necesiten, junto con el trabajo ya realizado y el que sigue pendiente.Una entrega prevista para el viernes sirve de ejemplo. Si el miércoles aparece un bloqueo porque falta material, el responsable puede centrarse en conseguirlo. La información compartida le permite intervenir sobre un problema identificado y dejar margen al equipo para resolver el resto. Ese es un uso posible de las herramientas, condicionado a que las incidencias se comuniquen y las prioridades estén claras.Ningún programa determina que baste una evaluación al año ni convierte una tarea marcada como terminada en un trabajo bien hecho. Tampoco un recuento de encargos refleja por sí solo su dificultad. La calidad requiere comprobar el resultado: una entrega puede figurar en verde y seguir sin responder a lo que necesitaba el cliente.