El Sáhara devuelve al PP las contradicciones que explotó contra Sánchez

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El Sáhara Occidental vuelve este jueves al Congreso y lo hace en un momento especialmente incómodo para el Gobierno de Pedro Sánchez tras la crisis de Ceuta, pero también para el Partido Popular. Apenas un día después de que Alberto Núñez Feijóo haya elevado de nuevo el tono contra Sánchez y Marruecos, el PP tendrá que retratarse ante una proposición de ley destinada a facilitar la nacionalidad española a los saharauis nacidos cuando el territorio estaba bajo administración española. Según se desprende de las declaraciones de los propios dirigentes conservadores, el partido optará por la abstención.La votación reúne en una sola decisión los tres equilibrios que el PP trata de mantener simultáneamente con Marruecos. El primero, endurecer su discurso contra Rabat después de la entrada masiva de migrantes en Ceuta a finales de julio y disputar a Vox la bandera de la firmeza. El segundo, no romper con una posición mantenida durante años a favor de saldar lo que los propios dirigentes conservadores califican como una “deuda” de España con los saharauis. Y el tercero, no deteriorar hasta un punto irreversible la relación con un país que Feijóo necesitará como socio desde el primer día si consigue llegar a La Moncloa.La paradoja se ha hecho especialmente visible esta semana. Feijóo responsabiliza ya abiertamente a Marruecos de la crisis de Ceuta, plantea incluso recurrir a las Fuerzas Armadas para blindar la frontera ante una situación semejante y este miércoles llegó a lanzar contra Sánchez, en la sesión de control, una acusación de enorme carga política: “Si Marruecos canta, usted se va”, le espetó. El PP sostiene que el socialista está condicionado por Rabat y le exige que revele los términos reales de la relación bilateral.Pero en Génova también insisten en que no quieren romper con Marruecos. Feijóo ha defendido una relación “estable y constructiva”, “leal, transparente y recíproca” y mantiene su intención, anunciada en agosto, de que Rabat sea el destino de su primer viaje internacional si alcanza la Presidencia del Gobierno. El portavoz nacional del PP, Borja Sémper, descartó el lunes que España deba romper relaciones con Marruecos, tal y como había manifestado la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. El plan del PP, dijo, es “reorientar las relaciones bilaterales con Marruecos, exigiendo respeto y reciprocidad” y promover una relación “que no admita amenazas ni chantajes”.La portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz, evitó este miércoles confirmar formalmente el sentido del voto de su grupo, pero dejó prácticamente dibujada la abstención. “Estamos de acuerdo con darles la nacionalidad, no como lo está haciendo el Gobierno”, explicó.El argumento del PP es que no ha cambiado el fondo de su posición. Los conservadores defienden que los saharauis puedan acceder a la nacionalidad española, pero discrepan de que se haga a través de la carta de naturaleza. Prefieren una modificación que facilite el acceso mediante la residencia. “Tenemos una deuda con el pueblo saharaui”, insistió Muñoz, aunque puso el foco en las garantías jurídicas del procedimiento previsto en la iniciativa.La distinción permite al PP buscar una posición intermedia: no votar contra una iniciativa favorable a los saharauis, pero tampoco respaldar el texto que llegará este jueves al pleno El recorrido parlamentario explica hasta qué punto esa posición se ha ido ajustando. Cuando Sumar llevó la proposición de ley al Congreso en febrero de 2025, el PP votó a favor de su toma en consideración. El texto salió adelante por 195 votos a favor frente a 116 en contra y 33 abstenciones. En aquel momento fueron precisamente los socialistas quienes se opusieron a la iniciativa alegando, entre otras cuestiones, problemas con el procedimiento jurídico elegido. El diputado popular Carmelo Barrio respondió entonces al PSOE que no debía “esconderse” detrás de los argumentos jurídicos porque, a juicio del PP, existía una cuestión política pendiente con el Sáhara. “No metan esta iniciativa en el congelador”, reclamó.Un año y medio después, los papeles se han movido. El PSOE ha terminado respaldando la iniciativa tras introducir modificaciones durante la tramitación y es ahora el PP quien fundamenta buena parte de sus reservas en el mecanismo jurídico escogido. Los de Alberto Núñez Feijóo votaron en contra del dictamen de la ponencia a finales de junio y después optaron por la abstención en la Comisión de Justicia del pasado 23 de julio. Este jueves apuntan a repetir esa abstención y mantienen vivas ocho enmiendas para el pleno.El texto que llega a la Cámara permitiría acceder a la nacionalidad a saharauis nacidos en el territorio cuando se encontraba bajo administración española y contempla distintos documentos para acreditar esa situación. Según las estimaciones manejadas por Sumar, unas 80.000 personas podrían beneficiarse de la medida.Para el PP, la abstención evita dos costes políticos. No desdice el apoyo que ha mostrado durante años hacia los saharauis ni se coloca junto a Vox, que rechaza la iniciativa. Pero tampoco da un sí a una ley sensible para Marruecos justo cuando los conservadores tratan de definir cómo sería su relación con Rabat desde el Gobierno. Génova encuadra sus reparos exclusivamente en el diseño de la ley, pero el contexto diplomático convierte la votación en algo más que un debate técnico sobre las vías de acceso a la nacionalidad.El primer equilibrio del PP es hoy el más visible. Feijóo ha abandonado progresivamente la prudencia que mantuvo durante las primeras semanas posteriores a la crisis migratoria de Ceuta y ha empezado a señalar directamente a Rabat. Afirma que la operación “salió de Marruecos” y que existen indicios de que fue coordinada desde allí. Génova, además, da credibilidad al informe policial que apunta a la posible participación de gendarmes marroquíes y lo utiliza como uno de sus principales argumentos contra Sánchez. El Ejecutivo, por su parte, sostiene que no dispone de pruebas concluyentes para atribuir al Gobierno marroquí la organización de lo sucedido.En ese endurecimiento ha pesado también José María Aznar, que, según el diario El País, ha tenido un papel importante entre bambalinas para definir la posición del PP en la crisis de Ceuta, aconsejando a la dirección de Feijóo que endureciera el tono. El expresidente ha defendido tanto en público como en conversaciones con la dirección popular que frente a Marruecos hay que actuar con “contundencia” y que ante la crisis de Ceuta “solamente cabe la firmeza”.La presión de Vox completa el cuadro. La formación de Santiago Abascal sostiene una posición mucho más beligerante y ha llegado a defender la ruptura del Tratado de Amistad con Marruecos, una posibilidad de la que el PP se distancia. La competición a la derecha empuja a Feijóo a mostrar firmeza, pero la condición de candidato con posibilidades de gobernar le obliga al mismo tiempo a marcar un límite.En el PP tienen muy presente el precedente de Pedro Sánchez. En marzo de 2022, el presidente del Gobierno modificó la posición española sobre el Sáhara Occidental mediante una carta a Mohamed VI. España pasó a considerar la propuesta de autonomía presentada por Marruecos en 2007 como “la base más seria, creíble y realista” para resolver el conflicto, aunque Sánchez mantuvo que la solución debía enmarcarse en Naciones Unidas y ser aceptada por las partes.El giro permitió iniciar una nueva etapa en las relaciones con Rabat después de la grave crisis diplomática de 2021, pero provocó una tormenta política en España y abrió otra crisis con Argelia. El PP convirtió desde el primer momento aquella decisión en uno de sus principales reproches en política exterior. Su entonces portavoz, Cuca Gamarra, calificó de “intolerable” que Sánchez modificase una posición vigente durante décadas como política de Estado sin informar ni buscar el consenso con el principal partido de la oposición. El PP de Pablo Casado exigió entonces que Sánchez compareciese en el Congreso y reclamaron conocer el contenido completo de sus compromisos con Mohamed VI. Feijóo mantuvo después esa ofensiva. En abril de ese año, todavía como presidente de la Xunta, calificó de “inadmisible” el cambio e insistió en que una decisión de esa relevancia no podía descansar únicamente en el presidente del Gobierno. Meses después siguió preguntando públicamente qué había pactado España con Marruecos y qué había obtenido a cambio.Pero, una vez en Génova 13, el líder del PP evitó comprometerse a revertir automáticamente la decisión si gobernaba. Su posición sobre el fondo del contencioso saharaui ha permanecido desde entonces calculadamente abierta. El argumento utilizado por Feijóo es que antes necesita conocer con precisión los compromisos adquiridos por Sánchez con Rabat. Esa ambigüedad anticipa el dilema al que ahora se enfrenta el PP. Durante cuatro años, el Sáhara ha sido una herramienta para acusar al Gobierno de subordinar la política exterior española a las necesidades de la relación con Marruecos. Pero gobernar obligaría también a Feijóo a administrar esa misma relación y sus dependencias. Los conservadores son conscientes de ello y, por ese motivo, no quieren hacer anuncios ni compromisos que no saben si podrán cumplir.La cooperación con Marruecos atraviesa el control migratorio, la seguridad y la lucha antiterrorista, Ceuta y Melilla, las relaciones comerciales y una larga lista de intereses compartidos. A ello se añade ahora la organización conjunta con Portugal del Mundial de fútbol de 2030.Entre los anteriores gobiernos del PP, José María Aznar hizo de Rabat su primer destino extranjero después de llegar a La Moncloa en 1996. Su sucesor, Mariano Rajoy, siguió también la tradición de conceder a Marruecos una consideración prioritaria, pese a que los mandatos del PP tampoco estuvieron libres de fuertes tensiones bilaterales.Feijóo quiere conservar esa tradición y, al mismo tiempo, diferenciarse radicalmente de Sánchez. Con la abstención, el PP busca defender que no reniega de los saharauis y que continúa considerando la nacionalidad una deuda histórica, aunque rechace el mecanismo planteado. El Sáhara fue durante años uno de los asuntos con los que el PP denunció los equilibrios y las concesiones de Sánchez ante Marruecos. El desafío para Feijóo va, sin embargo, mucho más allá de una votación. Su partido intenta ser más duro que Sánchez con Marruecos, evitar que Vox monopolice ese espacio, mantener una posición propia sobre el Sáhara y presentarse al mismo tiempo como una alternativa de Gobierno capaz de reconstruir una relación estable con el reino alauí.