Hacer ejercicio por placer podría reducir el riesgo de demencia, pero un trabajo físicamente exigente podría jugar en contra

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Es un hecho que moverse es bueno para la salud, pero quizá no dé igual hacerlo por gusto que pasar horas cargando peso en el trabajo. Un análisis publicado en The Lancet Public Health apunta a esa diferencia: la actividad física durante el tiempo libre se relaciona con un menor riesgo de demencia, mientras que los empleos físicamente exigentes muestran la tendencia contraria.Los investigadores reunieron 74 estudios con más de 4,2 millones de personas de 30 países, seguidas durante unos diez años. En conjunto, quienes realizaban mucha actividad física presentaban un 20% menos de riesgo de desarrollar demencia, aunque al separar cada tipo de movimiento apareció una imagen más compleja.El ejercicio en el tiempo libre sale claramente mejor paradoLas personas con niveles altos de actividad física recreativa tenían un 24% menos de riesgo de demencia que las menos activas. Las tareas domésticas también apuntaron en una dirección favorable, con una reducción del 15%, aunque había menos datos.La ciencia también busca formas de detectar antes la demencia, incluso años antes de que aparezcan los primeros síntomas, pero mientras tanto la prevención sigue teniendo muchísimo peso.La diferencia apareció al mirar el trabajo. Una actividad física laboral elevada se relacionó con un riesgo un 20% mayor. Además, cuanto más esfuerzo requería el empleo, mayor era esa asociación. Caminar o ir en bicicleta al trabajo también mostró un aumento del 10%, aunque esta parte se apoyó en solo dos estudios.Los autores creen que el esfuerzo no tiene por qué ser el culpable directo. Los trabajos manuales suelen venir acompañados de menos descanso, más estrés, menor control sobre la jornada o exposición a ruido y contaminación.Tener un trabajo duro no sustituye al ejercicioEl estudio no dice que haya que moverse menos durante la jornada laboral, solo plantea que un trabajo físicamente exigente quizá no aporte al cerebro los mismos beneficios que caminar, correr, montar en bicicleta o hacer deporte por placer.También es muy importante interpretar las cifras que entregaron los estudios con bastante prudencia. Los mismos eran observacionales, así que muestran relaciones entre hábitos y demencia, pero no demuestran que el esfuerzo laboral sea la causa. Además, los autores califican la certeza de las pruebas como baja o muy baja y el 93% procedía de países con ingresos altos.El riesgo de demencia tampoco depende únicamente del movimiento. Edad, genética, salud cardiovascular y otros cambios cerebrales desde los 50 también entran en juego.Aun con esas limitaciones, estos estudios nos dejan un panorama bastante claro al respecto: tener un trabajo agotador no significa que ya estemos haciendo el ejercicio que necesita el cerebro. Reservar algo de tiempo para moverse por placer podría seguir mereciendo la pena.