Dejar el miedo a PP y Vox e ir a la ofensiva: el plan de la izquierda para remontar las encuestas

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A izquierda y derecha del hemiciclo se asume que Pedro Sánchez ha entrado ya en el tiempo de descuento de su mandato, pero el presidente del Gobierno se resiste. El proyecto del PSOE, proclamó el lunes ante los parlamentarios socialistas, “no acaba en 2027”. La mirada debe ponerse en 2030: pleno empleo, reducción de las desigualdades, cierre de la brecha de género, un 80% de energía renovable y ninguna marcha atrás en derechos. Esos fueron los ejes que marcó y, para llegar hasta allí, pidió a diputados y senadores que expriman lo que queda de legislatura, con la vivienda entre sus grandes prioridades.Sánchez quiere proyectar hacia el futuro, pero desde algunos sectores de la izquierda ya se está pensando en el postsanchismo con las encuestas en la mano. El último barómetro de 40dB. para El País y la Cadena SER coloca a PP y Vox por primera vez por encima del 50% del voto: 32,4% para los de Alberto Núñez Feijóo y 17,8% para los de Santiago Abascal. El PSOE queda en el 27,6%, su segundo peor registro del año. La extrema derecha, además, presenta una elevada fidelidad de voto, crece especialmente entre los jóvenes y los socialistas pierden apoyos sin que Sumar ni Podemos sean capaces de recoger las fugas. El diagnóstico tampoco es exclusivo de 40dB. Otras encuestadoras sitúan a PP y Vox en una horquilla de entre 209 y 213 escaños, lo que supondría una mayoría de tres quintos en la Cámara Baja, que les permitiría realizar incluso cambios constitucionales si obtienen también esa mayoría en el Senado. Un escenario que la izquierda teme por todas las implicaciones que tendría para el conjunto del Estado. Pero más allá de los números de cada sondeo, todos dibujan una mayoría de derechas holgada y un bloque progresista muy lejos de poder reeditar la suma que permitió la investidura de Sánchez en julio de 2023.Ante este panorama demoscópico y con la crisis de Ceuta muy presente, se ha instalado la sensación de que hará falta un “milagro” para remontar las encuestas como ocurrió hace tres años y medio. Pero también que no pueden bajar los brazos y que se debe pelear por la “remontada”. Las conversaciones mantenidas por infoLibre con miembros del PSOE, del Gobierno y de los partidos que sostienen al Ejecutivo permiten identificar varias apuestas. El esquema pasa por ganar tiempo, convertir la acción del Gobierno en una ofensiva social, recuperar capacidad para fijar agenda, volver a colocar a Sánchez en el centro de la escena y evitar que el espacio a su izquierda llegue descompuesto a las urnas. Una idea que aparece de diferentes maneras entre las fuentes consultadas es la de que no basta “con resistir”. Durante buena parte de la legislatura, el Gobierno se ha apoyado en una combinación de buenos datos macroeconómicos, ampliación de derechos —con iniciativas como los permisos de maternidad y paternidad— la polarización entre un PP y Vox en plena competición y la expectativa de que los errores de la oposición reactiven al votante progresista cuando se acerquen las urnas. Esa confianza no ha desaparecido en el PSOE, pero a los socios sí les resulta del todo insuficiente para “ganar” y “no empatar” como afirmó el presidente del Gobierno el lunes. La vivienda, una de las apuestas de la legislatura, absorbe una parte cada vez más grande de los ingresos de hogares y jóvenes, la inflación acumulada ha erosionado el poder adquisitivo y el crecimiento económico por sí solo no sirve. De ahí que una parte de los dirigentes consultados reclame disputar a la derecha los terrenos donde se siente más cómoda. también en el terreno donde la derecha se siente cómoda. Y no ceder en debates como la inmigración, la seguridad y el colapso de los servicios públicos, sino articular un discurso propio y diferenciado en ese ámbito. Asimismo, algunos socios parlamentarios consideran imprescindible “rescatar” algunas iniciativas que ahora están “enterradas” en el Congreso como la reforma de la ley mordaza, el control horario y la reducción de la jornada laboral, entre otras.Hay otra cuestión que sale a relucir y es la “democratización del Estado”, con el Poder Judicial en el centro. Compromís, por ejemplo, plantea recuperar la responsabilidad civil directa de jueces y magistrados que eliminó el Gobierno de Mariano Rajoy en 2015. Desde entonces, quien sufre un daño por error judicial o funcionamiento anormal de la Justicia debe reclamar frente al Estado que, posteriormente, puede exigir al juez el reembolso de la indemnización si existió dolo o culpa grave. “No se puede hablar todo el día de lawfare y no hacer nada desde la acción legislativa”, analizan en la coalición valencianista.El planteamiento en el entorno gubernamental pasaba por presentar unos Presupuestos expansivos, cargados de contenido social, y utilizarlos para dibujar un proyecto de país con ese horizonte 2030. La intención política era obligar a cada fuerza parlamentaria a retratarse ante una propuesta que el Ejecutivo presentaría como la alternativa a un futuro Gobierno de PP y Vox. Se buscaba convertirlos en una suerte de programa político para la siguiente etapa, una frontera entre dos modelos de país y, llegado el caso, en el último gran combate parlamentario de la legislatura con elecciones en marzo, una fecha que no está confirmada por Moncloa, pero que tanto en el Gobierno como en el PSOE manejan. Los partidos que apoyan a Sánchez se muestran convencidos de que se utilizarán esas cuentas como el programa electoral de las generales. Hacienda ha fijado un techo de gasto no financiero de 226.032 millones y la orden de elaboración de las cuentas señala entre sus prioridades el fortalecimiento del Estado del bienestar, la vivienda, los jóvenes, el mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones, la ciencia, la innovación y la transición energética. Sánchez ha prometido además que la vivienda tendrá un despliegue de recursos públicos sin precedentes.Mientras, la crisis de Ceuta ha alterado el tablero porque ha expuesto algunas de las debilidades que arrastra el Gobierno desde hace tiempo, con dificultades de coordinación, ausencia de un horizonte compartido entre los intereses del Ejecutivo y los del partido y una toma de decisiones “cada vez más concentrada”, según explican cargos bien posicionados.Otra de las apuestas tiene un nombre propio. Una de las fuentes consultadas utiliza una metáfora futbolística para describir el momento del PSOE. Un equipo que ha protagonizado partidos extraordinarios gracias, en buena medida, a una estrella, pero que empieza a mostrar signos de final de ciclo. En esa lectura, Sánchez continúa siendo el principal activo de los socialistas y, al mismo tiempo, concentra ya una parte importante de su desgaste. “Los mejores partidos del presidente han pasado y esa suerte legendaria se le ha acabado por mil motivos”, analiza la citada fuente.Sánchez ha comenzado el curso aumentando su exposición pública. El 1 de septiembre reapareció tras el verano con una entrevista en la Cadena SER y este miércoles tiene programada otra en TVE, en el programa Mañaneros 360, la primera televisiva desde la crisis de Ceuta y el lunes protagonizará otra en La Sexta, en El Intermedio. En el Gobierno y el PSOE analizan que, de esta manera, tratará de recuperar el control del relato después de semanas en las que Ceuta, los casos judiciales y la migración lo han definido todo. También hay quien detecta aroma de precampaña.El antecedente evidente es 2023. Entonces Sánchez respondió al descalabro de las municipales y autonómicas convocando inmediatamente las generales, asumió una intensa exposición durante la campaña y convirtió la posibilidad de una mayoría PP-Vox en uno de los grandes motores de movilización. A una semana del 23J defendía públicamente que el PSOE estaba “remontando” cuando la mayoría de las encuestas ofrecían una victoria clara a Feijóo. Eso alimenta ahora una expectativa dentro del socialismo, la de que Sánchez vuelva a encontrar la jugada maestra cuando el resto da por agotada la partida.Pero existen diferencias profundas con la situación de hace tres años. Entonces la campaña duró semanas. Ahora el deterioro de la izquierda lleva meses consolidándose. Vox es más fuerte y el espacio situado a la izquierda del PSOE es más pequeño y está más fragmentado. Y a todo ello se le suma que la figura de Sánchez llega después de otros cuatro años de desgaste. Por eso otra de las fuentes consultadas cree que el presidente intentará, como mínimo, mantener el control de la fecha electoral. En el núcleo socialista se ha instalado progresivamente la idea de que el objetivo de las derechas ya no es simplemente derrotar electoralmente a Sánchez, sino provocar su caída política e incluso “meterlo en la cárcel”.Su agenda internacional también será una pieza importante. La próxima Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York a finales de septiembre ofrece uno de esos escenarios en los que Sánchez se siente especialmente cómodo. Un terreno en el que puede proyectar una dimensión presidencial distinta de la conversación nacional sobre corrupción, crisis de gestión o desgaste parlamentario. La evolución política de Estados Unidos y las elecciones de mitad de mandato también pueden ser claves en esa “baza internacional”, según apuntan algunas voces.Dentro del PSOE existe además un precedente histórico que vuelve periódicamente cuando las encuestas se ponen cuesta arriba: 1993. Felipe González llegó entonces desgastado al final de una larga etapa de Gobierno y terminó imponiéndose a José María Aznar por 159 diputados frente a 141. La participación superó el 76%. La movilización de la izquierda y el temor a la llegada del PP fueron factores centrales de aquella campaña.Según resume una fuente socialista a este medio, una parte del partido tiene la esperanza de otro “milagro del 93”. Pero hay quien considera que esa bala fue la del 2023 y que el miedo a la derecha sigue teniendo capacidad de movilización, pero difícilmente puede convertirse por sí solo en un proyecto político después de años de advertencias sobre PP y Vox. Hay además una generación joven que no tiene memoria del aznarismo ni del felipismo y en la que la extrema derecha ha conseguido penetrar con mucha más fuerza.Esa es una de las razones por las que las voces más críticas de la izquierda reclaman algo más que una reedición del “que viene la derecha”. La cuestión no sería dejar de explicar qué supondría un Gobierno PP-Vox, sino acompañarlo de una oferta capaz de responder a las causas materiales del malestar: vivienda, salarios, precariedad, servicios públicos, expectativas de futuro y desigualdad. O, dicho en boca de uno de estos dirigentes, “que el antifascismo funcione como frontera política, pero no como sustituto de un programa”.Aunque el PSOE recuperase varios puntos, el problema seguiría existiendo si no hay nada que sumar a su izquierda. En las generales de 2023 la capacidad de Sánchez para resistir se apoyó también en la existencia de un segundo espacio progresista con suficiente representación. La construcción de Sumar con Yolanda Díaz como candidata fue clave para lograr una mayoría. Hoy, sin embargo, ese espacio está en reconstrucción.Movimiento Sumar, IU, Comuns y Más Madrid iniciaron en febrero el proceso para levantar una nueva alianza electoral. Entonces el calendario fijó entre septiembre y octubre la presentación del manifiesto político, la futura marca y, en una última fase, el candidato. Pero el proyecto arrastra de salida ausencias como la de Podemos y nuevos proyectos como el de Adelante Andalucía, que acudirá a las generales con marca propia y ya ha rechazado integrarse bajo una candidatura estatal, convencido de que una izquierda excesivamente vinculada al Gobierno del PSOE corre el riesgo de caer con él.Así, y aunque prácticamente todos los actores de la izquierda coinciden en que la fragmentación puede ser letal, continúan discrepando sobre quién debe liderar, cómo organizar el espacio, cuánto diferenciarse de Sánchez y hasta dónde debe llegar la unidad. La reconstrucción electoral del bloque progresista depende tanto de que el PSOE remonte como de que exista algo a su izquierda capaz de sumar. Y hoy, tal y como admiten voces del espacio, ninguna de las dos cosas está asegurada.