La ciencia descubre por qué el dolor, el insomnio y la depresión suelen aparecer juntos

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Que el dolor nos quite el sueño parece inevitable. Lo verdaderamente preocupante es que el camino funciona en ambas direcciones: dormir poco amplifica el dolor y altera nuestro estado de ánimo. Una revisión reciente de 75 estudios confirma que estas tres condiciones se retroalimentan a través de vías cerebrales compartidas.Este efecto no requiere semanas para manifestarse. Tras una única noche despiertos, los participantes de un estudio con 24 personas sanas mostraron una sensibilidad al dolor significativamente mayor ante el frío y la presión, mientras que el sistema interno encargado de frenar esas señales redujo su rendimiento.Un círculo vicioso que puede empezar por cualquiera de los tres problemasLa revisión, publicada en International Journal of Molecular Sciences, explica que el dolor persistente activa células encargadas de proteger el sistema nervioso. Cuando esa respuesta se prolonga, estas células pueden seguir enviando señales de alarma aunque la lesión inicial ya haya mejorado.El resultado es que el sistema nervioso se vuelve más sensible. Un roce o una presión soportables pueden sentirse con mucha más intensidad. Al mismo tiempo, esa respuesta puede alterar sustancias relacionadas con el estado de ánimo, el sueño y la capacidad del cerebro para controlar el dolor.Por su parte, el insomnio puede empujar en la misma dirección. Dormir poco aumenta la sensibilidad al dolor, altera las defensas del organismo y desajusta hormonas relacionadas con el estrés. De ahí que cada vez se estudie más cómo dormir protege el cerebro y no únicamente cuántas horas descansamos.Asimismo, la depresión comparte parte de esos caminos, pues sustancias como la serotonina y la dopamina intervienen en el ánimo, el sueño y la forma en que percibimos el dolor. Por eso, cuando una pieza se altera, las otras pueden verse afectadas.Tratar el sueño podría ayudar a romper el círculoTodo esto puede explicar por qué una persona con dolor crónico acaba durmiendo peor y sintiéndose más deprimida, pero también por qué el proceso puede comenzar al revés. No existe necesariamente un único punto de partida.Una de las vías más prácticas para romper ese círculo podría ser mejorar el sueño. En personas con fibromialgia e insomnio, una terapia dirigida a recuperar buenos hábitos de descanso consiguió mejorar el sueño y reducir síntomas de ansiedad, depresión y pensamientos negativos relacionados con el dolor.Los tratamientos para la depresión ofrecen otra pista muy interesante. Algunos medicamentos que actúan sobre la serotonina y otras sustancias del cerebro también se utilizan contra ciertos tipos de dolor. Mientras tanto, siguen apareciendo opciones como el tratamiento doméstico sin pastillas, que ha sido aprobado recientemente en Estados Unidos.Eso sí, los autores reconocen que buena parte de lo que sabemos sobre los mecanismos más profundos todavía procede de animales o de estudios pequeños. La gran aportación de esta revisión no es presentar una cura, sino mostrar que el dolor, insomnio y depresión quizá deban abordarse como partes de un mismo problema que se refuerza a sí mismo.