La diócesis de Barbastro-Monzón no parece dispuesta a ceder en su pulso con el Opus Dei por el futuro de Torreciudad , y en especial, por la talla románica de Nuestra Señora de los Ángeles que desde 1975 se encuentra ubicada en el nuevo templo. En un comunicado hecho público este viernes, el obispado sostiene que la imagen pertenece a la diócesis, que nunca existió una autorización válida para trasladarla de manera permanente al nuevo santuario y que, después de medio siglo, debe regresar a la pequeña ermita en la que fue venerada durante cerca de mil años. La oportunidad de la nota no es menor. La diócesis la ha hecho pública veinticuatro horas antes de que Torreciudad celebre, este sábado, la 34 Jornada Mariana de la Familia, uno de los principales acontecimientos anuales del santuario que en esta ocasión estará presidida por monseñor Alejandro Arellano, decano de la Rota Romana y comisario pontificio plenipotenciario nombrado por Francisco para resolver precisamente el conflicto entre la diócesis y el Opus Dei. En la jornada, aunque la Virgen original se encuentra en el retablo del templo, la réplica peregrina cobra un especial protagonismo tanto en la procesión por la explanada como en el resto de los actos. El documento de este viernes supone además una respuesta detallada de la diócesis a los argumentos jurídicos esgrimidos hace una semana por la Prelatura, después de que el obispo, Ángel Pérez Pueyo, en una nota previa, elevara públicamente el tono y advirtiera de que estaba dispuesto incluso a presentar su renuncia si la solución definitiva de Torreciudad certifica que la imagen debe permanecer en el nuevo templo. Dentro de los acuerdos entre el Opus Dei y la diócesis de Barbastro sobre Torreciudad, que se remontan a 1962, la parte menos documentada se refiere precisamente al traslado de la imagen original al nuevo templo. La compleja controversia implica distinguir entre la propiedad, la posesión y la capacidad de disponer de la talla de cada una de las partes. Es en este punto en el que el obispado centra su docena de «aclaraciones» que ahora hace públicas. La diócesis recuerda que «durante más de mil años la talla original de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad permaneció en su ermita-santuario originaria», donde fue venerada por los fieles. Así, vincula esa devoción secular con la propia historia de san Josemaría Escrivá. Hasta allí acudieron sus padres, José Escrivá y Dolores Albás, «con su hijo Josemaría, cuya vida habían encomendado a la intercesión de la Virgen con motivo de su grave enfermedad». Aquella peregrinación, que según un estudio del santuario de Torreciudad pudo producirse en la primavera de 1905, marcó la devoción de Escrivá de Balaguer hacia esta advocación, aunque no volvería a visitar el lugar hasta abril de 1970, ya como fundador y máximo responsable del Opus Dei, cuando ya se habían iniciado las obras del nuevo santuario. Antes, y tal como recuerda la nota del obispado, se había alcanzado un acuerdo de cesión de la ermita y la imagen, recogido en una escritura pública del censo enfitéutico firmada el 24 de septiembre de 1962 entre la diócesis e Inmobiliaria General Castellana, sociedad vinculada al Opus Dei. Según recuerda ahora el obispado, entre las obligaciones que aparecían expresamente recogidas figuraba la de «no retirar la imagen de la ermita». En su comunicado, la diócesis reconstruye ahora lo sucedido cuando se terminó de construir el nuevo santuario. En 1975, asegura, la talla salió de la ermita para ser restaurada en Madrid, pero, concluido el trabajo, no regresó al pequeño templo románico, sino que fue colocada en el nuevo santuario. «Al conocer lo sucedido, monseñor Ambrosio Echebarría Arroita, entonces obispo de Barbastro, se dirigió por escrito a don Florencio Sánchez Bella, entonces vicario del Opus Dei en España. Le advirtió de que la imagen había sido colocada en el nuevo templo con intención de que permaneciese allí sin que constara autorización de la diócesis, y requirió que regresara a la ermita», explica el obispado. Aquí aparece uno de los puntos centrales de discrepancia entre las dos partes. Según la diócesis, el Opus Dei respondió entonces aportando un testimonio notarial referido a un documento privado atribuido al anterior obispo, Jaime Flores Martín, por el que este habría autorizado la colocación de la Virgen en el nuevo templo. El obispado sostiene ahora que «el documento original en el que se basa dicho testimonio notarial no ha sido aportado a esta diócesis», a pesar de haber sido requerido en distintas ocasiones. Añade que tampoco figura «en las actas del Cabildo Catedral ni en la documentación conservada en los archivos diocesanos autorización alguna para retirar la imagen de la ermita y trasladarla con carácter permanente al nuevo templo, ni acuerdo alguno que recoja una cesión de su propiedad o de su uso con carácter permanente». Es precisamente este extremo el que discute el Opus Dei. La Prelatura sostiene que la propiedad de la talla nunca ha estado en cuestión y reconoce que corresponde a la diócesis, pero defiende que el uso tanto de la imagen como de la antigua ermita fue cedido a perpetuidad a la empresa Inmobiliaria General Castellana mediante el censo enfitéutico de 1962. Sobre el traslado al nuevo templo, la obra esgrime un «testimonio notarial» del 8 de septiembre de 1966, firmado en Valencia, en el que el notario Joaquín Sapena Tomás daba fe de un «documento original» que se correspondía con un acuerdo firmado en Madrid, el 15 de julio de ese año, entre el entonces obispo de Barbastro y el consiliario nacional del Opus Dei, Jaime Flores y Florencio Sánchez respectivamente. En ese acuerdo, del que el Opus Dei dice no conservar el documento original al haber pasado sesenta años, el obispo permitía el traslado de la imagen de la Virgen a Madrid para su restauración y a la posterior «custodia» de la talla en el nuevo templo que se estaba construyendo, un extremo que la diócesis considera incompatible con lo firmado en el acuerdo original de 1962, del que sí conservan copia tanto la diócesis como la Obra. Joaquín Sapena, antes de recalar en Valencia, había comenzado como notario en la comarca en la que se encuentra ubicado el santuario de Torreciudad. Además, tenía una fuerte vinculación con el Opus Dei, que ha continuado en su familia. Tras las acusaciones formuladas por Pérez Pueyo a finales de agosto, la Obra rechazó que pudiera hablarse de una apropiación clandestina o ilegal y aseguró que dispone de documentación que avala su posición, en referencia el acta notarial. Además, argumenta que de acuerdo a la «doctrina de los actos propios», tanto quienes intervinieron en aquel acuerdo como los que les sucedieron «han actuado de forma constante y pública conforme a lo pactado». Frente a ello la diócesis de Barbastro introduce ahora dos argumentos esenciales. Por un lado, al afirmar que el sucesor del obispo Flores, Ambrosio Echebarría, ya reclamó la vuelta de la imagen a la ermita original. Por otro, alegan que una cosa es que la imagen lleve medio siglo físicamente en el santuario y otra que quienes gestionan ese templo tengan capacidad jurídica para decidir dónde debe permanecer. «La localización material de la imagen en el nuevo templo desde hace cincuenta años no atribuye por sí sola la facultad de disponer de ella», sostiene el comunicado. Pérez Pueyo, añade, ha reclamado en numerosas ocasiones su regreso, entre ellas mediante un burofax remitido el 7 de septiembre de 2022 a Desarrollo Social, S. A., heredera de la antigua Inmobiliaria General Castellana. La nota abandona después el terreno estrictamente jurídico para entrar en el histórico y pastoral. La diócesis admite que la construcción del gran santuario promovido por san Josemaría ha contribuido a extender la devoción a la Virgen, pero considera que esa utilidad pastoral no legitima el traslado permanente de una imagen que pertenece a la Iglesia local. Para explicarlo utiliza una comparación llamativa: si una institución construyera un gran templo junto al lugar donde se encuentra el centenario Cristo de Graus, argumenta, eso no le permitiría trasladarlo por razones de «utilidad o conveniencia para su mayor culto». Cita también Lourdes y Fátima como ejemplos en los que la construcción de grandes santuarios no ha supuesto despojar al lugar original de su significado. La misma filosofía, sostiene el obispado, se ha aplicado dentro de la propia diócesis en santuarios como El Pueyo o Guayente, confiados a lo largo del tiempo a diferentes congregaciones religiosas sin que eso haya alterado el vínculo de las imágenes con sus lugares históricos. La misión encomendada a esas instituciones –y también en su día a los responsables del Opus Dei– habría sido «cuidar de la Madre común» y extender su devoción, pero manteniéndola en su «propio lugar». Barbastro ofrece, sin embargo, una salida que permitiría que la Virgen siguiera estando presente en el gran santuario. Una vez devuelta formalmente a la ermita, la diócesis se muestra dispuesta a autorizar traslados temporales al nuevo templo cuando existan motivos pastorales, con las correspondientes garantías. Lo que reclama, por tanto, es recuperar la posesión efectiva y con ella la capacidad de decidir sobre una talla cuya propiedad, significativamente, tampoco discute el Opus Dei. La publicación del documento añade así un nuevo elemento de presión en un momento especialmente delicado. El expediente sobre Torreciudad permanece en manos de Arellano, nombrado comisario pontificio por Francisco a petición del propio obispo, mientras se espera la decisión definitiva de la Santa Sede. El Opus Dei ha reiterado que colaborará con el comisario y que aceptará lo que finalmente disponga Roma. Mañana, A:rellano estará precisamente en Torreciudad, presidiendo ante miles de familias uno de los actos más emblemáticos organizados cada año en el santuario. Lo hará apenas una semana después de que Pérez Pueyo presidiera allí la Romería de las Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe y apelara públicamente a la unidad de la Iglesia, aunque sin renunciar a su reivindicación sobre la imagen. El comunicado termina con una formulación que resume hasta qué punto la talla se ha convertido en el principal escollo para cerrar un conflicto que comenzó hace años como una discrepancia sobre la situación canónica y económica del santuario. «Esta diócesis –pequeña y humilde en medios– no pide ningún privilegio ni nuevo derecho», asegura el obispado, que afirma que tampoco está dispuesta a aceptar «unos hechos consumados» sobre una imagen «que le ha pertenecido durante más de mil años hasta que le fue arrebatada hace cincuenta». Y remata su posición con una frase que traslada definitivamente la disputa desde los documentos notariales al terreno sentimental y religioso: «Los hijos de Barbastro-Monzón no quieren a su Madre de visita, la quieren en casa».