Margaret Elaine Foster, de 76 años, tuvo que tomar la decisión más dolorosa: dejar a Teddy, su perro y compañero por ocho años, en un refugio, porque su salud empeoró y la residencia donde va vivir en Kentucky (EE.UU.) no acepta mascotas. Durante dos semanas buscó otra opción, pero nadie pudo quedarse con él. Lo entregó llorando, con su cama, comida, premios y una nota sobre todo lo que ama. Antes de irse, lo abrazó por última vez. No dejó de amarlo: eligió lo que creyó mejor para él.