El Ejército de Estados Unidos está utilizando una nueva arma de energía dirigida para hacer frente a la creciente presencia de drones en la frontera con México. Según responsables militares estadounidenses, el sistema láser de alta energía desplegado en el valle del Río Grande ha destruido once drones presuntamente vinculados a cárteles en apenas diez días. Las autoridades aseguran además que la actividad de estos aparatos se ha reducido un 75 % desde la entrada en funcionamiento del sistema, aunque no se han publicado los datos diarios de detección que permitan comprobar esa cifra con precisión.Conocido como Army Multipurpose High Energy Laser, el sistema comenzó a operar en la frontera el pasado 25 de agosto. Su objetivo es proporcionar a los soldados la capacidad para neutralizar pequeños drones que puedan estar realizando labores de vigilancia sobre posiciones militares o de las fuerzas de seguridad. Se trata de una diferencia importante frente a los sistemas tradicionales de guerra electrónica, que normalmente interfieren las comunidades o los sistemas de navegación del dron y pueden obligarlo a abandonar la zona, pero no necesariamente impiden que vuelva a utilizarse.Los cárteles recurren a drones para localizar a las fuerzas estadounidenses En un escenario en el que los drones comerciales de pequeño tamaño se han convertido en herramientas habituales de vigilancia, según las autoridades estadounidenses, los cárteles utilizan estas pequeñas aeronaves no tripuladas para observar los movimientos de soldados y policías a lo largo de la frontera. Esta información puede permitir a los cárteles identificar zonas con menor presencia y aprovecharlas para pasar personas o droga.El Ejército afirma que, desde comienzos de 2026, las fuerzas estadounidenses han derribado aproximadamente 300 drones presuntamente relacionados con estas actividades. La mayoría fueron interceptados mediante técnicas de interferencia electrónica, mientras que el láser se reserva para situaciones consideradas de amenaza inmediata. Robert Felicio, comandante de la 130th Maneuver Enhancement Brigade, considera que la principal ventaja del arma de energía dirigida consiste en eliminar de forma permanente un aparato que está siendo utilizado para vigilar las posiciones estadounidenses.El funcionamiento del sistema también resulta llamativo por la sencillez de sus controles. El arma está instalada sobre un vehículo y utiliza una cámara para localizar y seguir los drones. Los operadores reciben las imágenes en una pantalla similar a la de una tableta y controlan el sistema mediante un mando de Xbox. Durante la demostración realizada cerca del muro fronterizo, los soldados siguieron un pequeño dron y dirigieron contra él el haz láser. El rayo no era visible a simple vista y únicamente pudo observarse un breve destello en el punto donde impactó.Una tecnología cara con disparos muy baratos Los cárteles usan drones de bajo costeUno de los puntos fuertes de esta tecnología es su reducido coste operativo. AeroVironment, fabricante del sistema LOCUST en el que se basa la versión empleada por el Ejército, estima que cada disparo cuesta aproximadamente 3 dólares. La cifra contrasta con el elevado precio de adquisición del sistema completo, que ronda entre 17,4 y 25 millones de dólares por unidad. La diferencia pone de manifiesto uno de los principales atractivos de las armas de energía dirigida: utilizar grandes cantidades de energía eléctrica para neutralizar objetivos relativamente baratos puede resultar mucho más económico que emplear otros sistemas convencionales.No obstante, el láser no es una solución universal. Su eficacia depende de las condiciones atmosféricas, ya que la lluvia, el vapor de agua y otras partículas pueden dispersar el haz y reducir la energía que finalmente alcanza el objetivo. Además, las operaciones en las proximidades del espacio aéreo civil requieren coordinación. El Ejército trabaja con la Administración Federal de Aviación estadounidense antes y después de las intervenciones para garantizar que el uso del arma no genere riesgos para otras aeronaves.El despliegue del láser en la frontera representa, en cualquier caso, un paso significativo en la evolución de las tecnologías antidrones. A medida que los drones comerciales se vuelven más baratos, accesibles y capaces, los ejércitos buscan sistemas que permitan responder a ellos de forma rápida y económicamente sostenible. El caso del valle del Río Grande muestra cómo los láseres de alta energía están pasando progresivamente de las pruebas y demostraciones a escenarios operativos reales, aunque todavía con importantes limitaciones técnicas y operativas.