Ciegas, sordas, pero nunca mudas: 24 escritoras conversan al ritmo de Shakira

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Hay algo deliciosamente desmedido en la idea de levantar, en pleno Villaverde, una ciudad efímera de 185.000 metros cuadrados para que exista apenas doce noches. Como si la megalomanía de los faraones hubiera encontrado su equivalente contemporáneo en el pop. Bajo el paraguas de Es Latina, la plataforma cultural que envuelve la residencia, Shakira ha organizado un ciclo de doce encuentros (uno por concierto) en los que empareja a dos escritoras hispanohablantes para conversar a partir de una canción o un álbum de su repertorio. Teniendo en cuenta que el propio recinto está construido como un homenaje al pueblo imaginado por Gabriel García Márquez, Macondo, este evento no puede verse solo como un gesto promocional. Shakira, que ha hablado de esta residencia como una manera de reivindicar que «los latinos nunca han tenido una voz tan importante», ha decidido que esa voz también pueda escribirse. Los encuentros serán conversaciones entre dos escritoras en torno a una canción de Shakira, que servirá como punto de partida para abordar temas presentes tanto en sus obras como en la música de la artista. A través de sus novelas y de sus propios universos literarios, las autoras hablarán sobre cuestiones como el amor, el deseo, la familia, la memoria, la pérdida, la identidad o la pertenencia, conectándolas con las historias y emociones que atraviesan las canciones. Lo más interesante del cartel quizá sea que resulta imposible meterlo en una sola estantería. Conviven la periodista de investigación Lydia Cacho, la novelista de best seller histórico Julia Navarro, la autora de novela negra María Oruña y la escritora de la diáspora venezolana Karina Sainz Borgo. A ellas se suman María Roig, todoterreno difícil de encasillar; Elísabet Benavent , una de las grandes nombres de la novela romántica contemporánea, y las divulgadoras de psicología y bienestar María Esclapez y Alba Cardalda. Hay, en definitiva, algo menos parecido a una colección de escritoras que a una librería después de que alguien haya decidido quitar los separadores de género. Además, esta iniciativa surge con afán de permanencia, más allá del entorno de los conciertos. Durante el próximo año abrirá el club de lectura '⁠Es Latina by Shakira⁠', una pista de baile donde el pop y las letras hispanohablantes se darán cita cada mes; bajo el lema de descubrir una nueva historia cada fin de semana, este espacio mezclará sin complejos a los clásicos —como Gabriel García Márquez y Julio Cortázar— con el magnetismo contemporáneo de Elísabet Benavent o María Esclapez para que la fiesta de la lectura no decaiga jamás. La llamada «literatura femenina» ha tardado bastante en dejar de significar una cosa concreta. Y la propia etiqueta contiene una paradoja: si existe una literatura femenina, ¿dónde está la masculina? A nadie se le ocurre colocar una novela de hombres bajo ese rótulo, porque durante siglos lo universal tuvo la discreta costumbre de darse por masculino. La literatura escrita por mujeres, en cambio, tuvo que cargar con su propio apartado en la estantería. Durante décadas, «femenina» parecía implicar una serie de asuntos reconocibles —amor, familia, maternidad, identidad, intimidad—, como si las mujeres hubieran recibido al nacer un temario literario. Hoy puede contener todo eso, pero también feminismo, memoria, migración, thriller, biografía, salud mental, deseo o, sencillamente, una buena historia. Las escritoras no han dejado de hablar de aquello que históricamente se esperaba de ellas; han conseguido algo más interesante: que ya no sea necesario hablar únicamente de eso para que una literatura se considere femenina. Todas caben. Y caben porque lo que las convoca aquí es una emoción. Cada dupla ha sido asociada a una canción de Shakira: el pop ha hecho de celestina literaria y se hubiera encargado de buscarle a cada sentimiento su pareja de baile. Lo que sigue es: comprobar qué ocurre cuando una canción de tres minutos se encuentra con una novela de trescientas páginas. Tenemos varios vals a los que asistir. El 19 de septiembre, 'Loba' reúne a Cristina Morató, biógrafa incansable de viajeras y exploradoras que la historia prefirió olvidar —de 'Las reinas de África' a 'Las damas de Oriente'—, con Laura Chivite, que en su debut narrativo 'El ataque de las cabras' aborda el crecimiento y la construcción de la identidad a través de la relación entre una adolescente y su tía. Las separan generaciones, géneros y formas de escribir, pero las une una misma criatura: la mujer que se sale de la manada. Al día siguiente, 'Las de la intuición' junta a Rosa Montero, Premio Nacional de las Letras y una de las grandes exploradoras de la vida interior femenina en la narrativa española contemporánea, con Aixa de la Cruz, autora de 'Cambiar de idea' y 'Todo empieza por la sangre', dos obras atravesadas por la revisión de las propias certezas, la identidad y la experiencia femenina desde una perspectiva feminista. 'La intuición', conocimiento al que durante siglos se le exigió menos pruebas precisamente porque procedía de mujeres, aparece aquí como un puente entre dos generaciones. El 26 de septiembre, 'Ciega, sordomuda' —quizá la canción que mejor describe la desorientación del enamoramiento— junta a Elísabet Benavent y Mercedes Ron, las dos autoras más vendidas de la novela romántica en español y responsables de sagas que Netflix y Amazon Prime han convertido en fenómenos audiovisuales. Es una elección con intención: la comedia romántica lleva décadas siendo el género más leído y menos reseñado por la crítica cultural, precisamente el que mejor documenta cómo el amor puede anular el juicio. Ponerlo en el mismo cartel que Rosa Montero o Julia Navarro es, de facto, una reivindicación. El cierre del ciclo, el 11 de octubre, dialoga con esa misma tensión desde el extremo contrario: 'Monotonía' reúne a Joana Marcús, autora de la saga juvenil 'Meses a tu lado', con María Esclapez, psicóloga especializada en apego y relaciones de pareja. Una escribe el amor como intensidad narrativa; la otra lo explica como vínculo sostenible. Entre ambas queda planteada la pregunta que recorre buena parte de la cultura romántica contemporánea: ¿qué pasa con el amor cuando deja de ser una trama y se convierte en una vida compartida? Se podría objetar que reunir a veinticuatro escritoras alrededor de un cancionero pop es, sobre todo, una operación de marca: llenar de prestigio literario a una residencia de conciertos, tender un puente entre la cultura de masas y la «alta cultura» para que ninguna de las dos salga perdiendo. Y en parte lo es. Pero el gesto revela también algo más interesante, pues figuras como Dua Lipa, o en este caso, Shakira, ajenas al ecosistema literario, pueden funcionar como inesperados agentes de mediación cultural. Sus listas de lecturas, sus recomendaciones y sus propias referencias convierten libros que quizá habrían permanecido dentro de los circuitos habituales de la literatura en objetos de conversación para públicos mucho más amplios. El movimiento, por tanto, va también de reconocer que hoy la prescripción cultural ya no pertenece exclusivamente a escritores, críticos o editores: también puede llegar desde una estrella del pop. En este caso, es por una traducción de un estribillo a un ensayo, de un verso a una novela, es donde la voz femenina hispanohablante demuestra que escribe, en el fondo, sobre lo mismo que canta cualquiera que se haya quedado alguna vez con los pies descalzos, ciega, sorda, mirando salir el sol; sobre lo que nos pasa a todos.