Hay accidentes aéreos que se explican en cuestión de horas y otros obligan a los investigadores a pasar años reconstruyendo paso a paso lo sucedido. El caso de dos Boeing 737 separados por tres años pertenece a esta segunda categoría. Ambos aviones se encontraban cerca de la pista y comenzaron a comportarse de manera aparentemente inexplicable y, durante mucho tiempo, nadie consiguió determinar qué estaba provocando aquellas maniobras erráticas. Además, en un principio, los aviones no parecían tener ningún fallo.La primera tragedia ocurrió el 3 de marzo de 1991. El vuelo 585 de United Airlines había partido de Denver y se encontraba realizando la aproximación final al aeropuerto de Colorado Springs. El Boeing 737 descendía hacia la pista cuando algo cambió de manera repentina. El avión comenzó a inclinarse violentamente hacia un lado, perdió su estabilidad y terminó entrando en una espiral imposible de detener. En apenas unos instantes, cayó contra el terreno. El combustible se incendió tras el impacto y las 25 personas que viajaban a bordo murieron.La investigación se queda sin respuestas Aeropuerto de Colorado SpringsLa escena que encontraron los equipos de emergencia no facilitaba precisamente la investigación. Los restos estaban prácticamente destruidos y, en un primer momento, incluso se planteó la posibilidad de que una explosión hubiera ocurrido antes de que el avión llegara al suelo. No obstante, el examen de los fragmentos fue descartando esa explicación. La aeronave no había explotado en el aire.Los investigadores tampoco encontraron una respuesta en los motores. Las marcas y restos encontrados y sus componentes indicaban que las turbinas seguían girando cuando el avión se estrelló. Tampoco apareció una avería hidráulica evidente que justificara la pérdida de control. Los registros disponibles no señalan una actuación anormal de la tripulación y las condiciones meteorológicas eran favorables. Aunque hubo turbulencias, no fueron lo suficientemente intensas como para explicar el comportamiento del avión.El misterio quedó sin resolver. Y durante un tiempo pareció que aquel accidente sería simplemente otro caso sin una causa definitiva. Pero el 8 de septiembre de 1994 ocurrió algo que cambió por completo la investigación. Resulta que el vuelo 427 de USAir estaba aproximándose al aeropuerto de Pittsburgh cuando su Boeing 737 sufrió una pérdida de control muy parecida. El avión se inclinó de forma brusca y terminó precipitándose en un barranco. Murieron las 132 personas que se encontraban a bordo. Estos son los accidentes aéreos más trágicos que han tenido lugar en EspañaLa coincidencia era demasiado significativa para pasarla por alto. Dos Boeing 737, dos aproximaciones para aterrizar y dos pérdidas de control caracterizadas por un violento movimiento de alabeo. En ambos accidentes los motores parecían haber continuado funcionando hasta el impacto. Incluso determinados componentes del sistema hidráulico situado en la parte trasera de los aviones habían sobrevivido al impacto.Durante el análisis del segundo accidente apareció otro detalle que no se podía pasar por alto: en el fluido hidráulico se encontraron pequeñas partículas metálicas. Los investigadores comenzaron a sospechar que algún componente podía estar presentando un defecto de fabricación. Las piezas fueron sometidas a todo tipo de pruebas, pero una y otra vez los experimentos terminaban sin reproducir el comportamiento que había provocado los accidentes.Un testimonio que lo cambió todo Timón de dirección de un aviónLa investigación parecía estancada hasta que apareció un testimonio muy valioso. Un piloto que había experimentado un problema parecido describió una sensación difícil de explicar para alguien desde tierra: cuando intentaba utilizar los pedales para corregir la trayectoria del avión, el timón parecía responder en la dirección equivocada. En lugar de ayudarle a recuperar el control, sus movimientos parecían producir el efecto contrario.Aquella declaración dirigió la atención hacia una pieza que hasta entonces no había sido considerada la principal sospechosa: la unidad de control de potencia del timón, conocida como PCU. Este mecanismo es el encargado de transmitir las órdenes del piloto al timón de dirección situado en la cola. Para hacerlo utiliza presión hidráulica, y en su interior contiene una válvula servo doble formada por componentes que regulan el paso del fluido.El investigador Greg Phillips decidió llevar una de estas piezas al límite. La prueba buscaba reproducir los cambios extremos de temperatura que podía experimentar el mecanismo durante el vuelo. Primero se enfrió mediante hielo seco y nitrógeno. Después se introdujo fluido hidráulico a una temperatura elevada. Cuando se activó el sistema, la válvula se bloqueó. Pero el descubrimiento más importante vino después. Las pruebas demostraron que, bajo determinadas condiciones, aquel mecanismo no podía atascarse, sino que también podía invertir su funcionamiento. En otras palabras, una orden enviada por el piloto podía probar que el timón se moviera en sentido contrario al esperado. Captan en vídeo el espeluznante accidente de un helicóptero tras chocar contra un cable en ItaliaCuando los investigadores volvieron a examinar el accidente del vuelo 585 de United Airlines a la luz de este descubrimiento, encontraron suficientes elementos para concluir que el Boeing 737 había sufrido el mismo problema. El misterio que había permanecido sin resolver durante una década tenía finalmente una explicación.Las consecuencias fueron trascendentales para la seguridad de la aviación. El diseño de la válvula servo fue modificado para impedir que pudiera invertir su respuesta y se sustituyeron las unidades afectadas en numerosos Boeing 727 que estaban en servicio. Además, los pilotos comenzaron a recibir entrenamiento específico para enfrentarse a una posible respuesta anómala del timón.