Una cáscara de huevo parece demasiado frágil para inspirar el blindaje de una nave espacial, pero un equipo de la Universidad Tecnológica de Dalian, en China, ha demostrado lo contrario. Sus investigadores han creado una estructura de aluminio impresa en 3D que imita su forma y utiliza agua para absorber parte de la energía de un impacto.El sistema está pensado para proteger satélites y naves frente a la basura orbital, cuyos fragmentos pueden viajar a velocidades enormes. Aunque algunos midan apenas unos centímetros, un choque puede perforar componentes y causar daños graves.Una estrcutra que reparte la energía del impacto Así luce el nuevo material inspirado en la cáscara de huevoEl diseño coloca pequeñas piezas huecas con forma de huevo entre dos placas de aluminio. Los investigadores probaron también placas convencionales y estructuras esféricas rellenas de agua para comprobar cuál soportaba mejor los golpes.En las simulaciones y pruebas, los proyectiles alcanzaban unos 7,5 kilómetros por segundo. La estructura inspirada en huevos logró reducir su velocidad un 64,9%, mientras que una placa de aluminio por sí sola consiguió un 51%.La diferencia está en cómo se reparte el golpe. Las piezas se deforman una detrás de otra y evitan que toda la fuerza quede concentrada en un único punto. El agua también ayuda: al moverse dentro de cada pieza, absorbe energía y frena las ondas generadas del impacto.Hasta la orientación resultó importante, pues la configuración más eficaz colocaba las piezas de pie, con su extremo más estrecho tocando la placa superior.En definitiva, la naturaleza continúa sirviendo de inspiración para nuevos materiales. Otro ejemplo reciente es un tejido que bloquea el sol y logra mantener más fría la superficie que protege.Todavía queda mucho antes de verlo en una naveEl concepto busca mejorar los sistemas que ya utilizan las naves para romper y dispersar fragmentos antes de que lleguen a su estructura principal. La ventaja sería absorber más energía sin añadir capas más gruesas y pesadas.Eso resulta especialmente importante en el espacio, donde reducir peso puede marcar una gran diferencia. Asimismo, se investigan materiales con otras propiedades, como un polímero flexible, el cual tiene la capacidad de soportar condiciones extremas.Por ahora, el nuevo blindaje sigue siendo puramente experimental. El equipo quiere ajustar el grosor de las piezas, sus proporciones y la forma de colocarlas para conseguir más protección sin disparar el peso.Los resultados, publicados en Journal of Applied Physics, muestran una mejora frente al aluminio convencional. Aun así, serán necesarias más pruebas antes de instalarlo en satélites o naves reales. La idea deja una conclusión más que llamativa: una estructura asociada a algo tan frágil como un huevo podría acabar protegiendo vehículos en uno de los entornos más hostiles que existen.