“Mira, con esto yo resuelvo el origen de las víboras”, espetó hace unos años un coleccionista europeo al paleontólogo argentino Federico Agnolín. Cerró el cajón y condenó al fósil a la oscuridad. “Era como una viborita ciega, un bicho que nunca vio la luz de la ciencia. Es muy complicado el tema. No puedo contar mucho más”, reconoce hoy el científico. Este verano, el diario The Guardian reveló que una de las colecciones más fantásticas de fósiles del Jurásico del Reino Unido había sido vendida a un museo en Abu Dabi, lo que los expertos británicos describían como una pérdida irreparable para una nación acostumbrada a que los tesoros de vitrina hagan el viaje opuesto. Los 318 especímenes reunidos por un coleccionista privado de fósiles alcanzaron una “suma de ocho cifras”.Seguir leyendo