El cierre de la marca Seat, anunciado por su propietaria Volkswagen para hacer frente a la crisis en la que se encuentra inmersa, ha supuesto un mazazo para España. Una firma histórica, con la que ciudadanos, empleados, empresas y hasta políticos se sienten muy identificados... hasta que toca pagar un Ibiza, un León o un Ateca. Ahí desaparece el patriotismo y llega la racionalidad del bolsillo: automóviles asiáticos, más baratos y sin tanta aura como los Seat pero con mucho más realismo doméstico. Esa es la radiografía de la vida real que deja el mercado automovilístico en España, atrapado entre el romanticismo de la marca que ha acompañado la vida de los españoles desde los años 60 y la realidad... Ver Más