España cuenta con cerca de 3,49 millones de trabajadores autónomos , una cifra récord que representa aproximadamente el 15% del mercado laboral y contribuye entre el 15% y el 18% del Producto Interior Bruto (PIB) nacional. Este colectivo, motor del autoempleo y la economía productiva, afronta sin embargo un escenario marcado por quejas recurrentes: la burocracia asfixiante, la presión fiscal, las cuotas de la Seguridad Social y la complejidad administrativa que lastra su día a día. En este contexto, Paula Nuévalos , agricultora valenciana de 28 años, ha logrado viralizar un mensaje en TikTok que resume el espíritu de resistencia del sector. En uno de sus vídeos, Nuévalos afirma rotunda que «los autónomos estamos hechos de otra pasta y estamos preparados para casi todo». La joven, que combina la tradición agrícola con la innovación tecnológica, utiliza sus redes para compartir experiencias cotidianas en el campo y visibilizar cómo la digitalización puede aliviar parte de la carga burocrática que tanto critican los autónomos. En sus contenidos, destaca herramientas como el autoguiado de John Deere o el Operations Center, sistemas que automatizan registros de labores, reducen errores y facilitan la gestión del cuaderno de campo sin papeleo adicional. «Tú en la pantalla lo puedes dividir en dos partes y puedes tener dos aperos. ¿Esto qué quiere decir? Que yo puedo estar sulfatando y viendo mi tractor, y en los monitores cuánto gasto, cuánto no sé qué, cuánto no sé cuántos, me parece increíble. O sea, puedes tener todos los aperos que tú quieras metidos ahí eh para todas las labores. Entonces yo vengo, le pincho al apero y directamente... ¡Madre mía, cómo sale la tierra, por favor! Fantástico», cuenta en la grabación. Aunque el número de autónomos no deja de crecer, las protestas del sector siguen siendo una constante en el debate público. Entre las reclamaciones más frecuentes destacan la burocracia excesiva, con trámites interminables, plazos cortos y normativas cambiantes que complican la gestión diaria; la presión fiscal, con tipos impositivos elevados y una percepción de agravio frente a otros regímenes laborales; las cuotas de la Seguridad Social, que aunque congeladas en 2026, muchos autónomos consideran desproporcionadas respecto a sus ingresos reales; la falta de protección social, con menor cobertura en desempleo, bajas por enfermedad o accidentes laborales en comparación con los asalariados; y la inestabilidad de ingresos, ya que la dependencia directa de la facturación mensual genera incertidumbre financiera.