El lujo silencioso tiene nombre de hotel en Mallorca

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Toda una península a disposición, con las mejores vistas al mar, una naturaleza aún agreste alrededor y mucha historia detrás. Ubicado en lo más alto de ella, que a su vez constituye el punto más al norte de Mallorca, se levanta un refugio del lujo silencioso, el más apreciado por quienes realmente lo viven, con todas las comodidades del momento orientadas al descanso, el ocio exclusivo y el disfrute íntimo pero espacioso. Es el Four Seasons Mallorca , ubicado en Formentor. La cadena hostelera nacida en Canadá en 1961 abrió las puertas de este establecimiento, el segundo que tiene en España después del de Madrid, en un sitio que es emblemático en la isla balear, pues allí se levantó el mítico Hotel Formentor hace casi un siglo -1929-, donde se refugiaron durante décadas las estrellas, los intelectuales y los influyentes de entonces. Fue el sueño del mecenas argentino Adán Diehl , quien, en pleno despegue turístico del destino, se enamoró de ese entonces remoto cabo de piedra y pinos y le compró los terrenos a la familia del poeta Miquel Costa i Llobera para crear allí un lugar de encuentro para sus selectos amigos y un reducto del arte y la cultura, organizando seminarios, tertulias y premios literarios. Pasaron por aquellas habitaciones modernistas personalidades como Winston Churchill, Grace Kelly y Rainiero de Mónaco en su luna de miel, Audrey Hepburn, Charles Chaplin, Mario Vargas Llosa o Plácido Domingo, quienes al principio llegaban en barco porque aún no existía la carretera que hoy conecta el complejo con el cercano pueblo de Pollensa. Tras su época de gloria, la propiedad cambió de manos -el soñador Diehl quebró y debió abandonar todo en manos de sus acreedores- y fue decayendo en ambiciones. El nuevo hotel, abierto hace dos años de forma parcial y hace uno al completo, recupera aquel esplendor y, al tiempo que pone en valor su carácter y papel en el pasado de Mallorca, añade todos los detalles actuales de un cinco estrellas gran lujo. Cuenta con 110 habitaciones y suites (tarifa media, 2.100 euros), decoradas con maderas y tonos neutros, luminosas y de importantes dimensiones, todas ellas mirando al agua y a la vegetación autóctona que despliegan los extensos jardines. Entre otros servicios e instalaciones, hay dos piscinas exteriores (una de ellas, infinita solo para adultos); un spa con circuito de aguas, gimnasio y cabinas de tratamientos; servicio de playa y acceso directo a ella; viñedo y finca para eventos; bar y varios restaurantes de distinto estilo. El hotel -que acaba de recibir su segunda Llave Michelin - además ofrece experiencias personalizadas en la naturaleza -ciclismo, senderismo, paseos en barco o velero, deportes acuáticos, vuelos- o en el interior de la isla -cenas privadas en la viña o un picnic gourmet, entre otras opciones-. Además de ser uno de los principales atractivos para los huéspedes, la gastronomía del hotel Four Seasons Mallorca está atrayendo también a comensales de fuera. Y es que la cadena de lujo, dueña de 130 hoteles en el mundo, ha querido apostar especialmente por ella, diseñando diversos conceptos y fichando al chef mallorquín Javier Hoebeeck, quien pasó por Azurmendi o El Celler de Can Roca y trabajó en Japón antes de volver a casa y lograr la estrella Michelin para Fusión19. Como responsable global, el cocinero firma desde los exquisitos desayunos -carta y selecto bufé con puestos de cocina a demanda o de bowls de acaí, junto con repostería casera y zumos naturales- hasta el servicio de habitaciones, el bar -en Cercle hay cócteles clásicos y de autor, música en vivo y frecuentes colaboraciones con famosos bares de todo el mundo-, el comedor de la piscina y los distintos restaurantes en funcionamiento (que, en total, emplean a unas 250 personas y dan de comer a 1.400 cada día en temporada alta). La propuesta del hotel se centra en el producto balear y el Mediterráneo, y se nutre de una red de proveedores locales. Sus dos espacios más importantes, ambos ya con gran éxito de público, son Shima y Llumi i Sal .   El primero, cuyo nombre significa 'isla' en japonés, une las cocinas del país nipón con la peruana -fusión conocida como nikkei -. Con un ticket medio de 130 euros, funciona solo en servicio de cena en una elegante sala integrada en el edificio principal que tiene además una terraza cubierta mirando al jardín y al Mediterráneo. Como igualmente utiliza producto balear, algunos de sus platos más representativos son el nigiri de pez araña con sobrasada y miel de yuzu o la vieira acompañada de salsa de jalapeño verde, pero en su carta hay singulares creaciones en esta línea y también se puede disfrutar de un menú omakase de varios pases para tener una visión integral de sus recetas. El segundo -bautizado 'luz y sal' en mallorquín, y con un ticket medio de 87 euros en cena y de 110 en comidas- está ubicado directamente en la playa de Formentor , con acceso independiente del hotel y horario ininterrumpido. Con el apoyo del chef ejecutivo Francesco Mannelli y sala abierta al exterior, se centra en el marisco y el pescado que capturan cada mañana los pescadores, a los que acompaña de los alimentos salidos de la huerta de la isla, además del aceite y la miel de producción propia y de bocados ya triunfales como su Gilda XL. A solo unos pasos de sus animadas mesas esperan la arena blanca, las mansas aguas turquesas y las tumbonas atendidas por el solícito personal del Four Seasons para rematar un día perfecto.