Médicos de tres generaciones: un emblemático centro de salud porteño cumple 100 años, entre cirugías inéditas e influencers foodies

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Un enorme #100 en color blanco, tridimensional, en el hall de acceso al Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento (IADT) asegura que no pase desapercibido el centenario de uno de los centros de salud más emblemáticos de la ciudad. Allí conviven tres generaciones de profesionales y una arquitectura que se fue fusionando con la evolución de la medicina en este último siglo. Fotografías color sepia o en blanco y negro en uno de los pasillos de la planta baja también cuentan esa historia que arrancó en 1926. La entonces sala de médicos convertida en restaurante con acceso a un patio francés, ambos abiertos al público con acceso por Marcelo T. de Alvear al 2300 en pleno Barrio Norte, hoy atrae influencers foodies que elogian su elegancia en redes sociales. Pero en los distintos pisos del sanatorio, profesionales y autoridades repasan hitos y también la innovación que siguen incorporando, como el Servicio de Imágenes Moleculares, una alianza público-privada con la Fundación Centro Diagnóstico Nuclear para realizar estudios que superan en información las imágenes anatómicas convencionales: los resultados confirman sospechas diagnósticas y orientan sobre la respuesta terapéutica en especialidades como oncología, reumatología, cardiología o neurología. “En un contexto de descenso de los nacimientos y aumento de la expectativa de vida, nos estamos preparando para acompañar las nuevas necesidades de salud de una población cada vez más longeva”, señalaron sus autoridades, encabezadas por el director médico, Gerardo Bozovich. “Con especialidades y equipos preparados para abordar de manera integral las enfermedades más prevalentes en las personas mayores, en el IADT estamos proyectando la atención hacia una nueva realidad demográfica donde la generación silver gana espacio”, sumaron. View this post on Instagram Fue durante una recorrida en la que participó LA NACION con motivo de conmemorarse el centenario de ese centro que es propiedad y está dirigido por médicos desde sus inicios. El IADT es una institución afiliada a la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y es centro formador en Cardiología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad del Salvador (USAL), junto con otras actividades de formación continua y prácticas simuladas para los planteles de enfermeros y médicos. Prevén abrir un programa de residencias. En el Servicio de Intervencionismo Cardiovascular no faltó la mención del primer implante en el mundo de un stent endovascular liberador de drogas que en 1999 lideró el cardiólogo Luis de la Fuente. Su discípulo, Julio Argentieri, dirige hoy el área donde hace un mes Rodrigo Alderete con colegas del Endovascular Calcium Lab Team –que coordina en el instituto– utilizó por primera vez en el país un dispositivo de uso en arterias periféricas (extremidades) para poder tratar una obstrucción de carótida grave en un paciente con enfermedad coronaria de alto riesgo. Se trata de un catéter que, por vía intraarterial y una vez en el lugar de la lesión, permite desplegar un balón que emite ultrasonidos de alta intensidad (pulsos de litotricia) que van fracturando el depósito de calcio que provoca la obstrucción carotidea. Luego, el equipo pudo realizar una angioplastía convencional con stent autoexpandible para restablecer el flujo sanguíneo. “Es un catéter con mayor diámetro y los pulsos son más potentes para poder fracturar lentamente el calcio acumulado”, explicó Alderete. “Cuando una obstrucción de una arteria carótida supera el 80%, está indicado tratarla. Pero si está muy calcificada, es una limitación para hacerlo por vía endovascular. Además, el paciente tenía enfermedad coronaria severa, lo que también es una limitación para la cirugía convencional –agregó en diálogo con LA NACION–. Discutimos el caso y decidimos avanzar con un dispositivo de litotricia diseñado para arterias periféricas. Así, se logró realizar con éxito la angioplastía que requería el paciente”. En ese servicio están tratando pacientes a edades cada vez más avanzada, en buen estado de salud general, pero con alteraciones asociadas al envejecimiento, según indicaron. “Con el incremento de la expectativa de vida al nacer en nuestro país, es decir los años que en promedio vive cada persona, aumenta progresivamente la carga global de enfermedad, fundamentalmente las [patologías] que no se transmiten de persona a persona. La enfermedad cardiovascular, el ataque cerebral (ACV) y el cáncer encabezan en el país las causas de discapacidad y de muerte”, explicó Bozovich. “En ese terreno nos centramos en la precisión diagnóstica y terapéutica con las unidades funcionales de evaluación oncológica multidisciplinaria y la línea instrumental que incluye ecografía de alta resolución, tomografía, resonancia, medicina nuclear, imágenes moleculares y tomografía por positrones”, puso como ejemplo. Oncología y terapia intensivaEl Servicio de Oncología también cuenta con capacidad para procesar quimioterapia que requieren sus pacientes, según contó Juan Ignacio Hernández Morán, jefe del área y exdirector del Instituto Roffo, de la UBA. Además, su equipo se destaca por la investigación clínica en la especialidad (hay varios estudios en curso). Las cirugías oncológicas son parte de las 18.000 intervenciones que se hacen por año en los quirófanos del sanatorio. Entre la tecnología de punta que aplican está un sistema con tecnología robótica portátil para procedimientos traumatológicos y la terapia focal por ultrasonido de alta frecuencia (HIFU, por su sigla en inglés) para el tratamiento ambulatorio del cáncer de próstata con el primer robot en su tipo disponible en la región.Y mientras que hay centros en el sistema público y privado del país que en los últimos años empezaron a reconfigurar sus terapias intensivas para flexibilizar horarios de visitas y el acompañamiento del paciente, el IADT fue pionero en 1971 con un diseño de la terapia para adultos y chicos con habitaciones individuales y la presencia permanente de acompañantes. El mismo modelo se replica en el área de procedimientos ambulatorios y las salas de internación general. Un programa interno, con requisitos básicos, permite que los animales de compañía visiten a sus dueños mientras están internados. “Especialmente en internaciones largas, son evidentes los beneficios del contacto con afectos y con el hogar”, destacó Bozovich.