¿En qué consiste el arte de la “verificación pastoral”? León XIV lo explica y también el tipo de sacerdote (y seminarista) que necesita Roma

Wait 5 sec.

(ZENIT Noticias / Roma, 20.09.2026).- Por la tarde viernes 18 de septiembre, el Papa León XIV, obispo de Roma, presidio la Asamblea de la Diócesis de Roma en la catedral de San Juan de Letrán. A partir del pasaje evangélico del encuentro entre María Magdalena y Jesús resucitado, el Papa desarrolló una nueva dimensión de los programas pastorales: la verificación. Posteriormente también profundizó en el tipo de sacerdote que necesita Roma. Ofrecemos a continuación la traducción al castellano realiza por ZENIT:***Queridos hermanos y hermanas,quisiera retomar con ustedes la mañana de Pascua, un jardín, un sepulcro vacío. María Magdalena está allí, al alba, cuando todavía es de noche, y la oscuridad en que se encuentra no es solo la de la noche que no ha terminado. Es la oscuridad de quien ha perdido a alguien, de quien busca y no encuentra, de quien se inclina y llora. El Evangelio, sin embargo, no la deja en ese llanto. Se le acerca un hombre, al que ella confunde con el guardián del jardín, y le dirige dos preguntas: «¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?» (Jn 20,15).Estas dos preguntas, queridísimos, quisiera que inspiraran el próximo camino de la Diócesis de Roma. Creo, en efecto, que podemos sentirlas dirigidas hoy a nuestra Iglesia y a toda la ciudad: «¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?». Conciernen a la búsqueda ansiosa de esperanza que percibís en las parroquias, en los encuentros y en los ambientes de vida, cuando os habéis puesto a escuchar unos a otros y a la gente. María Magdalena está despierta antes del alba y ya ha corrido al sepulcro, porque en ella hay vida, hay espera. Así también, en Roma son muchas las personas que vuelven a empezar cada mañana, pero también comunidades parroquiales, asociaciones, movimientos, grupos y realidades eclesiales que trabajan con generosidad en la evangelización, en la caridad, en el servicio a la oración litúrgica. Por supuesto, junto a esta riqueza han reconocido con honestidad algunas dificultades. Es el desconcierto de quien ya no logra encontrar dónde se encuentra con el Señor. Una experiencia que compartimos con muchos hermanos y hermanas, pero que también nosotros llegamos a vivir. A veces se multiplican las propuestas, las actividades, los encuentros y se pierde el centro, el sentido evangélico de lo que se hace.Y entonces, en el Evangelio, una sola palabra hace girar a la Magdalena: su nombre, «¡María!» (Jn 20,16). Así es como se encuentra a Jesucristo: sintiéndose llamar por su nombre por Él, de los muchos modos en que esto puede suceder. Es desde aquí donde debe arrancar toda acción pastoral: no tanto preguntándose «qué» hacer, sino más bien «a quién» y «cómo» encontrar. En nuestras comunidades se puede permanecer anónimo, invisible e incomprendido, o bien ser visto, conocido y llamado por su nombre. Y quien encuentra verdaderamente a Cristo, como María Magdalena, siente llenarse el corazón y entonces no puede quedarse quieto, corre y va a anunciar. «He visto al Señor» (v. 18), dice la mujer a los discípulos. No un recuerdo, no un hecho privado, sino una alegría profunda que genera comunidad.Por eso, hermanos y hermanas, no les entrego hoy un nuevo programa pastoral. No partimos de cero, y nada de lo que hemos vivido debe ser archivado. El trabajo sobre las «enfermedades espirituales» nos ha enseñado a reconocer lo que, en nuestra vida eclesial, pide ser curado, corregido o convertido. El Camino Sinodal nos ha enseñado cómo escuchar y discernir juntos, corresponsables de la única misión. Deseo proponerles en cambio desarrollar una tercera dimensión: la de la verificación pastoral.Verificar, a la luz del Espíritu Santo, significa detenerse, releer lo que ha sucedido, reconocer lo que ha dado fruto, comprender lo que no ha funcionado y buscar juntos sus razones. Significa, en una palabra, hacer verdad. Los invito a realizar esta verificación implicando a toda la comunidad y, en la medida de lo posible, escuchando también a personas que no la frecuentan y ven las cosas, por así decir, «desde fuera».Para ejercitarse en la verificación pastoral les señalo algunas atenciones, que distingo pero que forman un único dinamismo.ILa primera atención: encontrar a Cristo y hacer que otros lo encuentren. La Iglesia no existe para sí misma, sino para conducir a cada persona al encuentro con el Señor; y entonces no basta preguntarse si una actividad está bien organizada, si tiene participación, si lleva muchos años en marcha; hay que preguntarse si conduce realmente a Cristo, si hace que el Evangelio se encuentre con la vida concreta de las personas.IILa segunda atención: generar comunidad. De la Pascua de Cristo nacen comunidades nuevas, libres, reconciliadas. Tengamos el coraje de cuidar lo esencial, para dejar espacio a relaciones verdaderas, dentro de las cuales las personas se sientan parte de un pueblo: se sientan acogidas, acompañadas, valoradas, corresponsables. A los jóvenes comprometámonos a ofrecerles tiempo y escucha, dentro y más allá de las iniciativas.IIILa tercera atención: habitar y servir la ciudad. Roma no es el telón de fondo indiferente de nuestras comunidades: es el lugar de nuestra misión. La comunidad generada por el Resucitado no puede permanecer cerrada en sí misma, sino que comparte las esperanzas, las fragilidades y las preguntas de las personas; y aprende a reconocer, en lo que sucede en los distintos ambientes de la ciudad, las preguntas a las que el Evangelio puede responder, si es nuevamente acogido.IVA estas tres atenciones de verificación se añade una cuarta, que las atraviesa todas: la formación del Pueblo de Dios. ¿Nuestras actividades hacen crecer en la fe? ¿Forman discípulos misioneros? ¿Ayudan a madurar responsabilidades eclesiales? ¿Generan una fe adulta, capaz de traducirse en opciones concretas de vida y de servicio?El corazón del método que les propongo es, sin embargo, una pregunta sencillísima: «¿por qué?». Se trata de detenerse juntos y preguntarse, por cada cosa que se hace: ¿por qué la hacemos? ¿Qué intención evangélica nos mueve, a qué necesidad real pretendemos responder, en qué medida esta elección corresponde a la misión de la Iglesia? Y luego, el segundo paso: ¿por qué obtenemos estos resultados y no otros? ¿Por qué algunas iniciativas generan caminos y otras permanecen aisladas? ¿Por qué algunas personas participan y otras se quedan en los márgenes? Del encuentro entre las razones de nuestras elecciones y las razones de sus efectos nace un discernimiento auténtico, que permite reconocer lo que hay que mantener, valorizar, corregir, abandonar o emprender.Para que todo esto no quede en un buen propósito, el camino tendrá su propio «ritmo», y agradezco al Cardenal Vicario y a los demás colaboradores haber preparado unas etapas que les serán presentadas.Les pido, pues, que se den el tiempo de caminar juntos —no un año, sino un camino—, para que sea un verdadero discernimiento y no una iniciativa que se añade a las demás. El Obispo no les pide programar nuevas actividades: les propone un método común de escucha, discernimiento, verificación y conversión. Los contenidos y las prioridades quedan confiados a la responsabilidad de sus comunidades, en los cinco ámbitos que son la catequesis y la iniciación cristiana, los jóvenes, la familia, la caridad y las vocaciones, porque el objetivo es compartir un estilo pastoral, no uniformar las experiencias. Y en esto las Prefecturas están llamadas a convertirse cada vez más en lugares de encuentro, de confrontación y de elaboración pastoral compartida.Queridos hermanos y hermanas, es verdad: un método, por sí solo, nunca ha convertido a nadie. Para que lo que les he propuesto no quede abstracto, les recuerdo también un rostro. He aprobado con alegría la decisión de dar los pasos necesarios para que se inicie la investigación diocesana sobre la vida, las virtudes y la fama de santidad de don Luigi Di Liegro, presbítero de esta Iglesia, muerto el 12 de octubre de 1997. El don que él ofrece a nuestro camino no reside principalmente en las obras que realizó: don Luigi, antes de construir cualquier cosa, quiso «ver». En 1969 encargó una investigación sobre la religiosidad de los romanos, porque había aprendido que no hay encarnación del mensaje sin escucha de la realidad. En su última intervención, pocas semanas antes de morir, don Luigi dijo a sus colaboradores: «El discernimiento es esta pregunta: Señor, ¿dónde estás?».Queridísimos, esto hace pensar en la pregunta de María Magdalena junto al sepulcro de Jesús. Es la pregunta con la que hoy volvemos a empezar. ¿Qué signos del Reino y qué llamadas del Espíritu Santo emergen hoy de la vida de Roma, y qué forma de Iglesia es necesario asumir para reconocerlos y servirlos? Custodiar en nosotros esta pregunta nos ayudará a ser Iglesia solidaria con el destino de esta ciudad, en contacto con sus heridas, sus esperanzas y sus transformaciones.Quisiera decirles ahora una palabra sobre el ministerio ordenado en Roma. Pero antes deseo decir «gracias», y no por formalidad. Gracias al Cardenal Vicario, a los Obispos auxiliares, a los Prefectos y a cuantos prestan servicio en las oficinas del Vicariato. Gracias a los Párrocos y a los Vicarios parroquiales; a los sacerdotes ancianos y enfermos, a los Capellanes de los hospitales, las cárceles, las escuelas y las universidades; a los sacerdotes venidos de otras Iglesias y de otros países, que sirven en esta ciudad como si fuera la suya. Gracias a los Diáconos permanentes y a sus familias. Gracias a los religiosos y a las religiosas; a quienes en el silencio sostienen a Roma con la intercesión; y a quienes la encuentran cada día en las escuelas, los hospitales, las casas de acogida, las periferias. Gracias a los catequistas, los educadores, los agentes de caridad. Lo sabemos: el bien no hace ruido, lo conoce el Señor, y hoy deseo reconocerlo también yo. ¡Gracias!Sé también que el servicio pastoral, hoy, es más fatigoso que ayer. Los exhorto a no cargar solos con las fatigas. Y les digo con claridad que el arte de la verificación pastoral no les pide hacer más: les da, al contrario, el permiso de hacer menos y mejor. Si la verificación pastoral se convirtiera en una carga adicional sobre sus hombros, habríamos traicionado su sentido.[El rostro de los sacerdotes y seminaristas que necesita Roma]Quisiera entonces ofrecerles algunas consideraciones sobre el rostro de los presbíteros que Roma necesita. El sacerdote debería ser un hombre que escucha antes de responder, que discierne antes de decidir. Una persona que permanece ante el Señor, porque no puede conducir a otros a un encuentro que él mismo no está viviendo. La pregunta del «¿por qué?» es ante todo una pregunta personal suya: ¿por qué soy sacerdote? ¿Corresponde todavía mi jornada al motivo por el que el Señor me llamó por mi nombre? El sacerdote no concentra en sí mismo toda responsabilidad. Reconoce los carismas, forma las conciencias, hace posible la corresponsabilidad de los laicos: no por falta de fuerzas, sino por fidelidad a la naturaleza de la Iglesia. Una comunidad en la que todo depende del párroco es una comunidad frágil, y presidir no significa hacerlo todo. Significa generar comunión, valorizar las energías de los demás, conectar personas y realidades, custodiar la unidad. El sacerdote, finalmente, se inserta y desea pertenecer a una comunidad capaz de leer su barrio, de compartir sus heridas y sus esperanzas, responsable de la vida de todos, también de quienes no cruzan el umbral de la iglesia. Esta es la forma que la caridad asume en la presidencia pastoral, y es lo que impide a una parroquia replegarse en la autoconservación.Nadie está llamado a vivir todo esto solo. El presbiterio no es la suma de sacerdotes que se encuentran por necesidades organizativas: es una fraternidad, y es el primer lugar donde verificar si lo que hacemos genera verdaderamente comunión. Deseo que las Prefecturas sean, antes que instrumentos de coordinación, lugares efectivos de fraternidad sacerdotal, donde se pueda expresar también el propio cansancio sin avergonzarse de ello. Junto a ustedes, los diáconos recuerdan a toda la Iglesia que ella existe para servir; y los religiosos y las religiosas, con la gratuidad de sus vidas, recuerdan a Roma que ninguna eficiencia salva al hombre y que el primado corresponde a Dios.Un pensamiento particular va a nuestros seminaristas. Queridos jóvenes, se están preparando para ser sacerdotes para esta Diócesis. Los invito a tomar parte, ya desde ahora, en este camino de verificación, aprendiendo a asumirlo como estilo durante los años de la formación. Y déjense formar tanto por los libros, que son necesarios para encontrar a los buenos maestros, como por los rostros: por los pobres, los enfermos, la gente de nuestras parroquias. A ustedes y a sus formadores les digo mi gratitud y mi confianza. Los jóvenes no se entregan a un papel, sino que siguen a hombres y mujeres que parecen felices de lo que son.Sé que este camino de verificación pedirá paciencia, y quizás también el coraje de dejar ir algo a lo que estamos apegados. Pero es el mismo coraje de María Magdalena, que tuvo que dejar ir el deseo de retener al Señor para correr, en cambio, a anunciarlo. De este discernimiento pastoral nacerá, lo espero, una fase de compartir las experiencias renovadas y luego la construcción de un camino común que nos prepare, juntos, al Jubileo de la Redención de 2033.Queridos hermanos y hermanas de Roma, ¡no teman dejarse llamar de nuevo por su nombre! El Señor vivo se deja encontrar por quien, como María al alba de Pascua, tiene todavía el coraje de buscarlo, incluso entre lágrimas, incluso en la oscuridad. Los acompañe la Madre de Dios, Salus Populi Romani, que fue la primera en creer y en engendrar a Cristo al mundo. Y a todos ustedes, a sus comunidades y a esta ciudad, llegue mi bendición.Traducción del original en lengua italiana realizado por el director editorial de ZENIT.Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace. The post ¿En qué consiste el arte de la “verificación pastoral”? León XIV lo explica y también el tipo de sacerdote (y seminarista) que necesita Roma appeared first on ZENIT - Espanol.