Días antes de la disputa del derbi, empleados del Real Madrid muy cercanos a Florentino Pérez dormían intranquilos. La agónica victoria en el Martínez Valero, ante un Elche que peleará por la permanencia, había dejado un sabor agridulce. La distancia respecto al Barça solo seguía siendo de tres puntos, pero lo más probable es que tardara poco tiempo en aumentarse. El encuentro ante el Atlético, en un Metropolitano que es campo maldito para los blancos, tenía a la planta noble intranquila. Y sus sospechas se convirtieron en realidad. El Madrid llega al primer parón de la temporada con seis puntos menos que el Barcelona, con apenas 21 competidos. Y gracias. De momento, claro. Por el horizonte se asoma un mes de octubre de partidos de contexto complejo en el Bernabéu (Villarreal y Sevilla), además de la peligrosa visita al Camp Nou. Y en Europa, Roma y Leipzig, aunque la Champions ahora mismo no es lo que más preocupa. Van a ser tres semanas largas de parón en Valdebebas, con solo cinco jugadores (si es que se confirma la baja definitiva de Valverde con Uruguay, lesionado por la dura entrada de Kang-In Lee ) a disposición de Mourinho y muchos agujeros que tapar. Y ninguno es el arbitral. Más allá del lógico y normal enfado del entrenador del Madrid y de los jugadores, que acusaron a Ortiz Arias de ser un colegiado cobarde que fue a «joderles» y que, bajo su prisma, tuvo muy malas maneras con el Madrid, mejorar la calidad de los colegiados no depende del club blanco. Así que sus lamentos deberán ir virando hacia el poco fútbol que ha propuesto el equipo de Mourinho en estos dos primeros meses de su segunda etapa, si es que el equipo quiere hacer borrón y cuenta nueva cuando vuelva el campeonato y focalizarse en lo que pasa sobre el verde. Esa es, al menos, la idea de Mourinho y de su cuerpo técnico. Pasado el cabreo del domingo, el entrenador del Madrid y su equipo de trabajo se levantaron con un espíritu renovado. En su análisis del derbi , creen que la primera parte la tuvieron bajo su absoluto control, aunque apenas generaran ocasiones y el fútbol no fuera brillante, y que todo cambió tras el penalti y la expulsión de Huijsen. Una acción que, a pesar de lo que dijo Mourinho en la sala de prensa, está bien peritada y así lo reconocen el luso y su staff en su análisis de puertas hacia adentro. Un análisis en el que también se quiere lanzar un mensaje positivo. Para Mourinho nada se ha perdido a 21 de septiembre, por mucho que denuncien un celo arbitral, el Barça les aventaje ya en seis puntos y el juego de ambos equipos esté en dos dimensiones distintas: «La Liga es muy larga y estamos convencidos de que recuperamos esa distancia». Tan larga como que todavía quedan 31 partidos, que son 93 puntos. «Vamos partido a partido. Hay tiempo». Tiempo, exactamente estas tres semanas sin partidos de clubes, en el que Mourinho le va a dar una vuelta a la idea con la que llegó al Real Madrid. Es evidente que la propuesta del entrenador portugués, de reincidir con Valverde y Tchouaméni en el doble pivote, escorar a Arda a banda derecha y dejar un partido sí y a otro también a Bernardo en el banquillo, no termina de engrasar y hay piezas que chirrían. Tres años después de la marcha de Kroos y dos del adiós de Modric, el equipo ahonda en sus problemas a la hora de generar fútbol y gobernar los partidos. El no fichaje de Rodri, «la guinda del pastel» del mercado de fichajes del Madrid, como lo calificó Mourinho, no era solo la guinda. Era una absoluta necesidad y una temporada más nadie en el club ha sido capaz de traer un jugador que le dé sentido a todo lo demás. Lo de atrás y, sobre todo, lo de delante, cuya desidia ejemplificada en Vinicius tiene frustrada y harta a una buena parte del madridismo. Un madridismo que detecta desde hace tiempo una ausencia de calidad en la plantilla y una sobrevaloración de algunas estrellas que le hace ser agorero una temporada más. Tras el derbi, no eran ni uno ni dos ni tres los aficionados que volvían a preguntarse por qué Mbappé no aparece cuando más se necesitan sus goles y sus arrancadas. Y que se preguntaban si Konaté y Dumfries jugarían en el Madrid si el primero no hubiera venido gratis y el segundo solo hubiera costado 20 millones. Y por qué Mourinho, si el club se ha gastado 140 millones en Diomande y en lo poco que ha jugado ha dejado buenas sensaciones, no sienta a un Vinicius en las antípodas del jugador que estuvo cerca de ganar un Balón de Oro. Son algunas de las reflexiones de una afición resignada a otro posible año en blanco. Un temor que ya preocupa en la planta noble del club y que desde el cuerpo técnico se confía en darle la vuelta: «La Liga es muy larga y recuperamos esos seis puntos, seguro», insisten.