El asteroide que borró al 75% de las especies hace 66 millones de años pertenecía a una familia que supone solo el 5% de los asteroides que caen

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Durante décadas, el cráter de Chicxulub ha sido una de las grandes pistas para reconstruir el episodio que cambió para siempre la historia de la vida en la Tierra. Hace unos 66 millones de años, un asteroide de entre 10 y 15 kilómetros de diámetro chocó contra la zona que actualmente ocupa la península de Yucatán, en México. La energía liberada fue suficiente para provocar alteraciones ambientales a escala planetaria y contribuir a la desaparición de alrededor del 75 % de las especies, entre ellas los dinosaurios no avianos.  Pero existe una dificultad a la hora de estudiar aquel acontecimiento: el asteroide prácticamente se desintegró en el momento del impacto. Viajaba a una velocidad estimada de unos 64.000 kilómetros por hora y la colisión fue tan violenta que quedó vaporizado. Para averiguar qué tipo de asteroide había llegado desde el espacio, los científicos han tenido que buscar señales microscópicas entre los sedimentos que quedaron después de la catástrofe.Los restos del impacto están repartidos por todo el planeta Una de las imágenes que acompañan al estudio. Se representan muestras individuales. Los datos isotópicos se normalizan internamente utilizando 61Ni/58Ni y las incertidumbres son de 2SE. Los símbolos de datos brillantes con contornos negros son de este estudio, mientras que los símbolos de datos desvanecidos sin contornos negros provienen de la bibliografíaUna de las evidencias se encuentra en una delgada capa de arcilla que puede localizarse en distintos puntos del planeta. Esta capa corresponde al límite entre los periodos Cretácico y Paleógeno y contiene pequeñas cantidades de material procedente de dicho asteroide. Aunque se trata de una fracción minúscula, su composición química permite establecer comparaciones con diferentes familias de rocas espaciales.Un nuevo estudio publicado en Science Advances ha utilizado precisamente esas huellas para acercarse al tipo de asteroide. Los investigadores realizaron mediciones extremadamente precisas de los isótopos del níquel presentes en muestras de arcilla. Estos isótopos tienen diferentes masas y funcionan como una especie de firma química que permite distinguir materiales de procedencias distintas. Los resultados indican que el asteroide pertenecía a las condritas carbonáceas de tipo CO, también conocidas como condritas de Ornans.La conclusión es que se trata de una clase de asteroide muy poco habitual. Las condritas carbonáceas representan aproximadamente el 5 % de los asteroides que se han identificado en la Tierra, y las condritas CO constituyen solo una pequeña parte de ese conjunto. Además, son considerados materiales muy primitivos, capaces de conservar características químicas de las primeras etapas de la formación del sistema solar. Así habría sido vivir el impacto del asteroide que acabó con los dinosaurios: un minuto a minuto del mayor cataclismo de la TierraCabe destacar que la composición de esta roca también puede ayudar a comprender mejor por qué el impacto tuvo consecuencias tan devastadoras. Las condritas CO contienen cantidades relativamente reducidas de elementos volátiles, entre ellos carbono, zinc, agua y, de manera significativa, azufre. Esto introduce un matiz importante en las hipótesis sobre el mecanismo que provocó la extinción.El azufre liberado durante el impacto ha sido considerado uno de los posibles agentes capaces de alterar el clima terrestre. No obstante, si el objeto que llegó a Chicxulub pertenecía realmente a una clase con poco azufre, resulta menos probable que el propio asteroide fuera la principal fuente de este elemento. La atención se desplaza así hacia los materiales que el impacto arrancó y pulverizó de la superficie terrestre.La enorme explosión habría lanzado a la atmósfera una cantidad extraordinaria de polvo y partículas microscópicas. Estas partículas pudieron permanecer en suspensión y reducir la cantidad de luz solar que alcanzaba la superficie. El consiguiente enfriamiento y las alteraciones ambientales habrían afectado a las plantas y, a partir de ellas, a las cadenas alimentarias que sostenían numerosos ecosistemas. De este modo, el polvo generado por la colisión podría haber desempeñado un papel central en la crisis biológica posterior.Una pista sobre el origen del asteroide El estudio no permite todavía determinar con certeza de qué zona del sistema solar procedía el asteroide. Entre las posibilidades se encuentran zonas lejanas del sistema solar anterior, donde existe abundante material residual, o regiones externas del cinturón de asteroides situadas en las proximidades de Júpiter.La investigación demuestra hasta qué punto una pequeña cantidad de material puede conservar información sobre un acontecimiento ocurrido hace decenas de millones de años. Aunque el asteroide de Chicxulub desapareció casi por completo en cuestión de segundos, sus huellas químicas quedaron atrapadas en los sedimentos de todo el planeta. Ahora, estas señales apuntan a un visitante espacial muy raro y ofrecen nuevas pistas sobre las circunstancias que hicieron de aquel impacto uno de los episodios más trascendentales de la historia de nuestro planeta.