Lecturas tóxicas

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El avispero cultural anda agitado con la censura a Ariana Harwicz en un festival en Granada: suma y sigue, porque es la segunda vez tras la Feria del Libro de Madrid y es todavía peor porque ahora ocurre en la ciudad de las tres culturas. Vivimos en una peligrosa paradoja: censurar en tiempos de una libre libertad libérrima, porque algo (una opinión, pose, origen) no gusta. En este caso, me da que a Harwicz le pasa factura tanto su personalísima posición en el campo literario (periférica y provocadora) como —pensando mal— la pura envidia: y es que no a todo quisqui le hace una peli Scorsese ('Die my love', a partir de 'Mátate, amor'). Y las que quedan. Más allá... Ver Más