La cadena de bloques entra en el banco central europeo

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La cadena de bloques es una de esas tecnologías que llevan ya mucho tiempo incorporadas a mis cursos de innovación, hasta el punto de que ha pasado ya por etapas completamente efervescentes en las que los alumnos ponían muchísima atención y por otras en las que simplemente me miraban con cara de escepticismo en modo «¿eso, todavía existe??» Mi visión siempre ha sido la de que, como tecnología, suponía posibilidades verdaderamente revolucionarias de cara a muchas cosas, desde la reinvención del dinero hasta la de la web, de ahí que la noticia de que el Banco Central Europeo incorpore la cadena de bloques a la infraestructura financiera me ha resultado bastante interesante. Y por supuesto, como toda noticia, precisa de un poco de investigación y documentación antes de lanzarse a escribir sobre ello.Bitcoin nació con una idea muy clara: hacer innecesarios a los bancos y a los bancos centrales. Sin embargo, de repente estamos viendo su institucionalización: desde fondos cotizados en bitcoin o ether, hasta elementos como la tokenización, la liquidación atómica o la programabilidad, desechando la parte más libertaria, anónima y especulativa. En realidad, no es que la tecnología haya conquistado al BCE: más bien que el BCE está tomando sus elementos útiles y aplicándolos. La tecnología sobrevive, sí, pero la revolución a la que quedó asociada ha terminado institucionalizándose. La iniciativa del Eurosistema se llama Pontes, y es una infraestructura que conecta plataformas privadas basadas en DLT con TARGET, el sistema de pagos del Eurosistema. Cuando un banco adquiere un bono tokenizado, la función de Pontes es coordinar la entrega de ese bono con el pago en dinero del banco central: o se ejecutan ambas operaciones, o no se ejecuta ninguna. De entrada, se han incorporado trece entidades, entre otras, Santander, Deutsche Bank, Société Générale, ABANCA, Cecabank y el Banco Europeo de Inversiones, además del BundesBank y operadores de DLT como Clearstream y otros. En cualquier caso, Pontes no estará completamente desarrollado hasta 2028, y Appia tendrá que diseñar para entonces el ecosistema europeo para finanzas tokenizadas.Pero pongamos las cosas claras: Pontes no es una criptomoneda, no es bitcoin y no es el futuro euro digital para ciudadanos y comercios. Es únicamente infraestructura mayorista de acceso restringido, sólo para entidades reguladas. Si un banco compra a otro un bono registrado en una cadena de bloques, ese bono circula por esa nueva infraestructura, pero los euros siguen moviéndose, por ahora, a través del sistema tradicional del Banco Central Europeo. Pontes, como su nombre indica, actúa como puente, coordinando ambos movimientos para que el bono y el dinero cambien de manos al mismo tiempo, o para que no lo haga ninguno. Se supone que con el tiempo, una parte mayor de este proceso podrá ejecutarse directamente en la nueva plataforma y automatizarse mediante contratos inteligentes. Pero por el momento, que el Financial Times hable del «debut del euro digital mayorista» me parece bastante engañoso, porque no estamos todavía ante un euro que viva íntegramente en la cadena de bloques, sino ante un primer puente operativo, aunque bastante ambicioso, entre esa tecnología y el sistema financiero convencional¿Qué aporta entonces la tokenización? No se trata sólo de sustituir una base de datos por una cadena de bloques: permite combinar emisión, negociación, pago, custodia, garantías, intereses y vencimiento en procesos programables, con todo lo que ello conlleva. Al hacerlo, las operaciones financieras ganan en atomicidad y programabilidad, y pueden reducir conciliaciones, mensajes entre intermediarios y operaciones manuales a lo largo de la vida de un activo. Además, puede permitir integrar unos mercados europeos aún fragmentados por países, que no es poca ventaja. En realidad, se trata de luchar contra el ascenso de las stablecoins denominadas en dólares (el 99% en 2025): si el BCE no ofrece dinero público utilizable en ese entorno, ese vacío sería ocupado por stablecoins privadas. Si permitimos que las futuras finanzas europeas se liquiden fundamentalmente en tokens vinculados al dólar, estaríamos importando infraestructura monetaria estadounidense y, básicamente, debilitando la soberanía del euro, lo que no parece un buen negocio. Podemos interpretar Pontes como la respuesta del BCE a la pregunta de quién emitirá el dinero de la economía programable: en lugar de tratar de frenar la tokenización, le ofrece un instrumento de liquidación más seguro. Pensemos que incluso una stablecoin bien respaldada depende de un emisor privado y de su capacidad para reembolsarnos, mientras que el banco central puede ampliar la liquidez cuando el sistema la necesita, especialmente durante una crisis, y ofrece el activo definitivo, con el que los bancos saldan sus obligaciones. Parece que, además, el BCE quiere aprender usándolo, porque va a invertir una parte pequeña de sus propios fondos en valores tokenizados, en principio deuda pública y supranacional denominada en euros. No va a comprar criptomonedas ni va a usar fondos de política monetaria, pero sí adquirirá experiencia en negociación, liquidación y gestión de este tipo de activos: además de impulsor y supervisor, se convierte también en usuario de su propia infraestructura. Y tampoco está solo: el BIS ha lanzado Project Agorá para la liquidación atómica entre reservas de bancos centrales y depósitos bancarios tokenizados, y el Bank of England, con la FCA, está trabajando ya en entorno real y prepara su propio servicio de sincronización. Lógicamente, tokenizar cosas no crea liquidez ni compradores, no elimina todos los intermediarios y tiende a sustituir unas complejidades por otras. Sigue habiendo problemas de interoperabilidad entre cadenas, posibles errores en smart contracts, problemas de ciberseguridad, fragmentación de la liquidez y automatismos que, en un momento dado, podrían acelerar una crisis. Pero aun así, todo indica que Wall Street está viviendo una nueva etapa de fascinación con la cadena de bloques, lo que implica que la tecnología que muchos daban por muerta, goza de bastante buena salud y sigue teniendo muchas posibilidades de ser un protocolo que terminemos utilizando en muchísimas cosas, aunque como ocurre con la mayoría de protocolos, buena parte de sus usuarios no sepan ni que está ahí, ni cómo funciona. Por tanto, más que pensar que el BCE se está rindiendo ante la cadena de bloques, mi conclusión es casi la opuesta, y aounta a la institucionalización: que el BCE entra en la cadena de bloques para asegurarse de que la cadena de bloques no pueda prescindir del BCE.