Salvador Illa anunció esta semana que el Govern de Cataluña quiere prohibir todo uso de inteligencia artificial en las escuelas hasta los 14 años. La medida forma parte de un paquete de 60 actuaciones de «bienestar digital» para menores de 16 años que incluye también la prohibición de redes sociales hasta los 15, el veto a los móviles, la retirada progresiva de dispositivos en educación infantil, el fomento de la lectura de clásicos y el retorno de los libros en papel. Lo analiza hoy Javier Jiménez en Xataka.El titular de Xataka lo resume bien: «por primera vez en mucho tiempo, la regulación va más rápido que la evidencia». No es un juicio sobre si la prohibición es buena o mala, sino una descripción de la situación: los datos empíricos sobre el impacto de la IA en el aprendizaje son todavía escasos, contradictorios y dependientes de cómo se use la herramienta.¿Qué dice la investigación disponible?El estudio más citado en este debate es el de Bastani et al. con cerca de 1.000 alumnos de bachillerato en Turquía. El resultado: dar acceso sin restricciones a GPT-4 mejoró el rendimiento en ejercicios prácticos en un 48% pero redujo el rendimiento en exámenes estándar sin IA en un 17%. Un efecto similar se ha documentado en China.La lectura rápida de ese resultado es que la IA permite saltarse el proceso de aprendizaje sin integrarlo. La lectura más matizada es diferente: el mismo estudio mostró que cuando la herramienta era un tutor de IA diseñado específicamente para apoyar el proceso de aprendizaje —no simplemente GPT-4 sin restricciones—, la práctica de los estudiantes mejoró un 127% y el rendimiento en el examen no sufrió deterioro significativo. El patrón se repite en Nigeria y en un piloto de física de Harvard: la misma tecnología produce resultados radicalmente diferentes según cómo se integre pedagógicamente.Lo que los estudios sugieren es que el problema no es la IA sino el diseño del uso. Una IA que hace los deberes por el alumno deteriora el aprendizaje. Una IA que actúa como andamiaje pedagógico —haciendo preguntas en lugar de dar respuestas, señalando errores en lugar de corregirlos— lo mejora.Prohibir la IA en las aulas no distingue entre esos dos usos. La medida catalana aplica el mismo veto a ambos.¿Por qué Cataluña y por qué ahora?El contexto local importa. La Generalitat tiene una crisis específica: los alumnos catalanes fueron excluidos de los resultados de PISA por razones relacionadas con la representatividad de la muestra. Esa exclusión política y estadística ha generado presión para tomar medidas visibles y rápidas que demuestren atención al rendimiento educativo.Pero el movimiento regulatorio no es solo catalán. Noruega recomendó en junio no usar IA entre los 6 y los 13 años. Italia exige desde octubre de 2025 consentimiento parental para menores de 14. Nueva York vetó ChatGPT en enero de 2023 —lo que calificó después de «miedo reflejo»— y su actual alcalde, Zohran Mamdani, lleva semanas defendiendo que «los niños necesitan profesores y conexión humana para aprender». Jonás Gahr Støre, primer ministro noruego, argumenta que «la IA permite a los niños saltarse pasos cruciales».La paradoja es que el debate sobre tecnología y educación lleva tres años centrado en los móviles —con evidencia cada vez más robusta sobre sus efectos negativos— y ahora el epicentro se ha desplazado a la IA antes de que la evidencia sobre esta tecnología sea comparable. El ritmo del debate público supera al ritmo de la investigación.Lagarde y el BCE advirtieron esta semana que el 75% del cómputo de IA mundial está en EE.UU. y el 5% en Europa: los países europeos están a la vez intentando regulat la IA en las aulas y quedándose atrás en la carrera por la infraestructura que la produce. La tensión entre ambas posiciones no está resuelta. La orden ejecutiva de Newsom en California sobre un mecanismo de control de emergencia de IA es el otro extremo del espectro regulatorio: no prohibir el uso sino garantizar que hay un interruptor cuando algo va mal. Microsoft fue señalado de perpetrar el mayor robo de trabajo en la historia de la humanidad en documentos del juicio NYT vs OpenAI: que los mismos modelos entrenados con datos potencialmente ilegales sean ahora los que se debaten para usar o no en las aulas añade otra capa al debate que los reguladores no están abordando todavía.La prohibición de Cataluña es una apuesta regulatoria ante la incertidumbre, no una respuesta a evidencia consolidada. Puede ser la decisión correcta o puede ser el equivalente a prohibir calculadoras en matemáticas. En 2026, todavía no tenemos los datos para saber cuál de las dos es.Lo que sí sabemos es que la evidencia disponible indica que el diseño del uso importa más que la presencia o ausencia de la herramienta. Un veto total a la IA en las aulas —sin distinción entre ChatGPT como sustituto de deberes y un tutor de IA diseñado pedagógicamente— trata dos situaciones distintas como si fueran el mismo problema. La regulación que llegará —porque llegará— será más útil si distingue esos casos en lugar de aplicar la misma prohibición a ambos. La Generalitat tiene hasta el primer semestre de 2027 para presentar el marco legal definitivo, lo que da tiempo para que la consulta con docentes, familias y expertos matice la propuesta inicial. Salvador Illa ha dejado claro que la prioridad del Govern es el bienestar digital de los menores; la pregunta es si ese bienestar se protege mejor con un veto total o con un marco de uso supervisado y pedagógicamente guiado. En enero de 2023, Nueva York vetó ChatGPT en las aulas; en mayo de ese mismo año levantó la prohibición y la calificó de «miedo reflejo». Cataluña tiene la oportunidad de aprender de ese ciclo antes de recorrerlo completo.La noticia Cataluña quiere prohibir la IA en las aulas hasta los 14 años: la regulación va por delante de la evidencia y Europa la sigue fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.