Hay lugares en donde el tiempo no se mide en segundos, sino en unidades por hora, en cadencias de montaje y en el latido constante de miles de trabajadores que, turno tras turno, dan vida al motor económico de Galicia. La planta de Stellantis en Vigo no es solo una fábrica de automóviles, es un ecosistema industrial de precisión milimétrica en donde la historia de la automoción europea se reescribe cada día. Y en el epicentro de esta gigantesca maquinaria de metal, robots y talento humano se encuentra uno de los proyectos más exitosos y transformadores de la última década, la familia de vehículos comerciales ligeros y polivalentes conocida internamente bajo el código K9.Seguir leyendo....