Desde 1978, China desarrolla una de las mayores campañas de reforestación del planeta para contener el avance del desierto de Gobi. Cuatro décadas después, los árboles lograron transformar el paisaje, pero también comenzaron a reducir la recarga de acuíferos y a intensificar el estrés hídrico en algunas de las regiones más secas del país.