3 razones para ver ‘Mis muertos tristes’, la miniserie de terror de Netflix basada en un cuento de Mariana Enríquez

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Mis muertos tristes, la nueva miniserie de terror de Netflix, resume el fenómeno del nuevo auge del género terrorífico en Latinoamérica. Lo hace, además, de una manera brillante. Eso, al tomar la obra de la escritora Mariana Enríquez y convertirla en una exploración del miedo desde un tipo de propuesta experimental. Pero también, resumiendo la evolución del terror en el continente. De las recordadas películas de 1950 sobre brujas y aparecidos, a una nueva mirada mucho más moderna y contemporánea. Lo cierto es que la miniserie de terror de la plataforma explora en una óptica sorprendente acerca del bien y del mal. Pero además, la producción se une al nuevo cine de terror latinoamericano. Una tendencia que dejó de ser una excepción en las carteleras para consolidarse como una de las corrientes más aclamadas del circuito cinematográfico internacional. A diferencia de las fórmulas tradicionales de Hollywood basadas en el susto fácil, el subgénero utiliza el terror como una potente metáfora. Una además, que abarca los traumas sociales e históricos de la región. Directores contemporáneos abordan heridas abiertas como las dictaduras, la violencia de las bandas y las crisis económicas brutales a través de manifestaciones sobrenaturales. En lugar de monstruos genéricos, el horror emerge de realidades opresivas y cotidianas que resultan profundamente perturbadoras. De modo que películas como Vuelven de la mexicana Issa López o Huesera exponen dilemas morales arraigados. Este enfoque conceptual no busca únicamente causar incomodidad en la audiencia, sino generar una reflexión sobre las heridas colectivas no resueltas. Algo que Mis muertos tristes lleva a otro nivel, que permite, además, analizar la cultura latinoamericana desde sus símbolos y mitología. Pero además, la miniserie de terror destaca por tres elementos que profundizamos a continuación. Y que además transforman a la historia en algo más interesante que solo un relato inquietante. Literatura de terror con acento latinoamericano Por supuesto, una de las grandes ventajas de esta miniserie de terror es que es ideal para fanáticos del género. Y es brindar la fascinante oportunidad de experimentar la literatura de la escritora argentina Mariana Enríquez convertida en un lenguaje puramente audiovisual. Reconocida como una de las grandes autoras del género contemporáneo, destaca por su punto de vista sobre lo sobrenatural. Uno en el que se entrelaza de forma inseparable lo terrorífico con las problemáticas sociales y cotidianas de la región. Mis muertos tristes logra una proeza artística al fusionar tramas y personajes provenientes de relatos aclamados de la autora. De Julie, Un lugar soleado para gente sombría y el cuento homónimo que le otorga el título al programa. Nada falta en esta combinación de terror, comentario social y también un tipo de visión del género por completo novedosa. De hecho, gracias a esta inteligente amalgama de historias, el espectador es transportado hacia un universo cohesivo donde los fantasmas no son simples monstruos. En lugar de eso, son una manifestación física del trauma colectivo, la memoria histórica rota y las profundas heridas causadas por la marginación. Para eso, la trama explora el barrio bonaerense de Piedrabuena. Por lo que recrea a la perfección el ambiente urbano decadente y opresivo que caracteriza a los cuentos. El resultado final no busca únicamente causar incomodidad o pánico superficial, sino explorar el terror social y psicológico. Un elemento que convierte a esta miniserie de terror en una brillante premisa, combinación tanto de una adaptación como de una mirada retorcida al género. Ideal para los que buscan un tipo de historia terrorífica más profunda y elaborada que las usuales. Pablo Larraín se pasa a la televisión Para la ocasión, la miniserie de terror cuenta con la dirección del reconocido cineasta chileno Pablo Larraín. Conocido por sus sofisticados retratos existenciales como Jackie o Spencer, Larraín vuelca toda esa sensibilidad cinematográfica en el terror. Además, en construir una atmósfera visual que brinda a esta historia sobrenatural una especial elegancia. Además, el realizador demuestra una sincronía asombrosa con el universo de Mariana Enríquez. Por lo que se enfoca en un apartado visual de texturas visuales sombrías, tonalidades densas y una composición formal que evoca un limbo espectral. Además, uno en el que conviven la vida y la muerte. Bajo su dirección, las calles y la particular arquitectura del barrio de Piedrabuena adquieren una dimensión simbólica extraordinaria. Por lo que se convierten casi en un personaje más que atrapa a los vivos y a los fallecidos en una misma agonía cotidiana. Larraín no utiliza lo terrorífico como un mero truco de feria o efecto especial. Lo hace como una ventana sensitiva y cruda hacia temas humanos desgarradores. Del duelo por el abandono, la soledad absoluta y la descomposición del tejido social contemporáneo frente a la injusticia. La maestría con la que maneja el ritmo narrativo garantiza que la tensión se cocine a fuego lento. Uno de los puntos más altos de esta miniserie de terror. Un elenco de altura para una miniserie de terror que hará historiaPara la ocasión, Mis muertos tristes cuenta con un elenco que sin duda es uno de sus mejores elementos. En especial, por incluir a intérpretes de la talla de Mercedes Morán y Dolores Fonzi. De hecho, uno de los puntos más interesantes de esta miniserie de terror es construir una atmósfera terrorífica a través de los dilemas de sus personajes. Algo que el grupo de estupendas artistas sostiene con interpretaciones emotivas y conmovedoras. Mercedes Morán deslumbra por completo al ponerse en la piel de Ema. Esta, una médica recién jubilada dotada de la capacidad de comunicarse con los espíritus de las personas fallecidas. Una condición que ha cargado durante toda su existencia más como una condena que como un regalo divino. La brillante interpretación de Morán captura la profunda irritación y el cansancio de una mujer que intenta con desesperación ignorar las voces del más allá. Todo, en un intento de no involucrarse en el dolor ajeno. Justo en un momento donde ella misma atraviesa el desgarrador proceso de procesar la muerte de su propia madre. La irrupción de Dolores Fonzi inyecta una enorme dosis de complejidad al relato, encarnando a la hija de Ema (o a Julie, según el cruce de relatos). Lo que desata un choque de enfoques y perspectivas generacionales respecto a la manera de interactuar con lo sobrenatural. También, con las heridas abiertas del pasado familiar. La enorme química que despliegan ambas intérpretes en pantalla sostiene el peso emocional de la miniserie de terror de cuatro capítulos. Y convierte la producción en una memorable visión del terror. Seguir leyendo: 3 razones para ver ‘Mis muertos tristes’, la miniserie de terror de Netflix basada en un cuento de Mariana Enríquez