Hay un producto que se ha popularizado en Ceuta desde la invasión de julio: el espray de gas pimienta. Con uno de ellos en mano se ha presentado este miércoles la diputada del PP Ana Vázquez en el Congreso para r ecriminar al Gobierno la situación de los ciudadanos ceutíes. A la diputada le ha valido la expulsión del Hemiciclo y la reprimenda de la presidenta del Congreso, Francina Armengol, por enseñar un «arma». Pero la adquisición de esprais de gas pimienta está aumentando no solo en Ceuta . Su compra es libre en España para los mayores de edad, siempre mostrando el DNI y en comercios especializados. Se regula mediante la Orden Ministerial de 3 de octubre de 1994 y el Reglamento de Armas (Real Decreto 137/1993), que considera espray de defensa personal a los botes que contengan «un gas comprimido, licuado o disuelto a presión, y provisto de un dispositivo que permita la salida del contenido en forma de aerosol destinado a su uso en defensa personal». El Ministerio de Sanidad es el encargado de establecer qué modelos están homologados; el último listado se publicó el 8 de abril de 2026, con 18 aprobados. El más vendido es Fito Defensa 50, que funciona como una especie de nube de expulsión y no requiere tanta precisión ni el pulso firme, cosas complejas de mantener en situaciones de tensión. Abunda también la oferta en sitios de comercio electrónico, como Amazon, a precios nada elevados, aunque utilizar un espray no autorizado puede tener consecuencias legales. Sus efectos son inmediatos. Genera ceguera temporal, el lagrimeo intenso y una sensación de quemazón extrema, así como el cierre involuntario de los párpados. Al entrar por las vías respiratorias, el gas genera también tos seca y persistente sensación de falta de aire u opresión en el pecho, mientras que en la piel expuesta da una sensación de calor intenso o fuego. Todo ello, en conjunto, sirve para desorientar al atacante e incapacitarlo temporalmente. «Los efectos del gas pimienta no dependen del umbral de dolor del agresor o de si está bajo la influencia de sustancias; la reacción física es involuntaria e inmediata», explica la Escuela Europea de Emergencias. El uso como elemento de defensa personal debe estar siempre justificado por el ciudadano, ser proporcional, y nunca debe llevarse en aglomeraciones. «Más allá del daño físico, el gas pimienta genera un fuerte impacto psicológico. El dolor agudo y la pérdida repentina de la visión suelen provocar un estado de pánico y desorientación total en el agresor. Al perder su capacidad de ataque y sentirse vulnerable, el instinto de agresión se detiene, permitiendo que la víctima gane la distancia necesaria para pedir ayuda», señala la Escuela Europea de Emergencias. También se utilizan para la evitar ataques de perros peligrosos u osos, por ejemplo, durante monterías y acampadas rurales, de ahí que se vendan también en armerías especializadas en cinegética. De otro modo, quien lo utilice de manera irregular puede enfrentarse a denuncias y sanciones.