José Elías, sobre el cliente que le dejó una deuda de tres millones y lo arruinó: «Me di cuenta que ese tío es el mayor benefactor que he tenido en mi vida»

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La crisis mundial que azotó a las economías en el año 2008 significó un golpe para muchos pequeños y medianos empresarios españoles. Hay quienes todavía, a día de hoy, luchan por recuperar una estabilidad personal y financiera que hace 18 años se vio comprometida. Algunos por circunstancias propias de su negocio y otros arrastrados por impagos de clientes que desencadenaron un efecto dominó sin precedentes.Entre esos emprendedores que vivieron momentos de gran tensión e incertidumbre se encuentra José Elías, que por aquel entonces contaba con 32 años de edad y dirigía una empresa dedicada a las instalaciones eléctricas. El negocio funcionaba, contaba con una cartera de clientes sólida y su empresa era capaz de generar un volumen notable de puestos de trabajo así como de beneficios. Sin embargo, todo aquello cambió de la noche a la mañana.Lejos de dejarse vencer por el desánimo o por la desesperación de quien ve cómo su estructura profesional y de ingresos se tambalea, Elías supo hacer de aquel episodio la primera piedra sobre la que levantar un patrimonio que hoy en día lo sitúa como uno de los empresarios más ricos de España. De hecho, el presidente de Audax Renovables y del Grupo La Sirena reconoce que quien en aquel momento de 2008 lo empujó a la quiebra se ha convertido en «el mayor benefactor que he tenido en mi vida».Una deuda de tres millones de euros como impulso financiero José Elías hace esa confesión en un vídeo publicado en su canal de YouTube en octubre de 2023. El capítulo recorre su historia, desde la caída de su empresa de instalaciones eléctricas en agosto de 2008 hasta el momento en que no solo recupera su estatus financiero, sino que alcanza una dimensión como referente empresarial que no había tocado antes de la crisis.El giro dramático de los acontecimientos se produjo al regreso del periodo vacacional, según recuerda él mismo. «Yo vine en agosto de 2008 de vacaciones y mis clientes no existían; directamente nos encontramos en la quiebra», recuerda el empresario catalán sobre aquel momento crítico. La estocada definitiva a la viabilidad de la compañía fue directa y Elías quedó sin capacidad de reacción: una sola firma contratista le dejó a deber tres millones de euros en el margen de apenas siete días, cuando todos sus clientes se evaporaron.La paradoja del éxito que aflora tras una deuda millonariaTras un tiempo inicial de rencor racional hacia quien provocó su ruina, la perspectiva de los años le hizo comprender la paradoja de su éxito y el papel que aquella empresa tuvo en que su recorrido empresarial haya llegado al punto que ocupa hoy en día: «Ni en el mejor de mis sueños pensé que acabaría donde estoy diez años después», reconoce Elías en su intervención.Una disección de un varapalo financiero que exige un ejercicio de resiliencia en los negocios y que sirvió como catalizador para que José Elías diera el paso de cara a reinventarse y construir su imperio energético. Pero antes de dar ese paso, y con el negocio de las instalaciones eléctricas herido de muerte, el empresario optó por gestionar el colapso con la máxima transparencia posible antes de cerrar definitivamente la persiana. «Intentamos ordenar el poco dinero que nos quedó para pagar lo máximo que pudimos», explica.Tras saldar lo máximo posible de sus cuentas con trabajadores y acreedores, José Elías tomó la determinación de fundar una comercializadora de energía eléctrica, el germen de lo que años más tarde se transformaría en Audax Renovables. Apenas cuatro años después de ese momento de máxima tensión vivido en 2008, su nuevo proyecto ofrecía un rendimiento que le permitió ir escalando el negocio hasta abrir proyectos en seis sectores en paralelo y recuperar un estatus económico que, de algún modo y aunque resulte irónico, le debe en parte a quien causó su quebranto financiero casi veinte años atrás.