La NASA probó una nueva forma de navegación espacial que permite a un satélite calcular su propia órbita sin depender del GPS. En lugar de recibir una señal externa de posicionamiento, los pequeños satélites de la misión Starling observaron otros objetos que circulan alrededor de la Tierra, los identificaron mediante un catálogo almacenado a bordo y los utilizaron como puntos de referencia para saber dónde estaban.