Nicaragua: La reinvención del periodismo en el exilio

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El pasado 19 de julio el dictador Daniel Ortega proclamó que «en Nicaragua no volverá a haber elecciones». El anuncio provocó un escándalo internacional, aunque en realidad desde hace más de una década las elecciones democráticas para disputar el poder ya habían sido anuladas por las vías de hecho. En 2021, por ejemplo, Ortega y su esposa la «copresidenta» Rosario Murillo, se reeligieron sin competencia política, después de haber ilegalizado a los partidos políticos y encarcelado a los siete precandidatos presidenciales opositores. Lo nuevo ahora es que Ortega está oficializando un régimen de partido único, al incorporar la prohibición de elecciones democráticas en la Constitución. Este es solamente el último clavo con el que se pretende sellar el ataúd de una nación para consolidar una dictadura dinástica totalitaria. Desde 2018, después que la Policía y los paramilitares masacraron la protesta nacional en demanda de justicia, democracia, y elecciones libres, dejando centenares de muertos, se impuso un Estado policial que eliminó todas las libertades democráticas. Sin decretar un estado de emergencia, la dictadura anuló las libertades de reunión y movilización, la libertad de prensa y la libertad de expresión, y la libertad electoral, y encarceló a miles de personas. Y después de 2021, desató una feroz persecución contra la sociedad civil, incluyendo a la iglesia católica, y se eliminaron más de 5.500 asociaciones civiles, entre ellas universidades privadas, centros de pensamiento, las asociaciones médicas, los gremios empresariales, hasta las monjas de Madre Teresa de Calcuta. Según la Clasificación Mundial de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras, en 2026 Nicaragua ocupa el último lugar en América Latina, con el peor índice de libertad de prensa en el puesto 168 entre 180 países del mundo, mientras Cuba ocupa el 160, Venezuela el 159, y El Salvador el 143. Más de 200 periodistas y redacciones enteras se han visto obligados a salir al exilio de forma permanente, para preservar su libertad, y seguir haciendo periodismo. La buena noticia es que a pesar de la persecuCión política contra la prensa, el periodismo independiente en el exilio está derrotando la censura en Nicaragua. A contrapelo de los bloqueos de internet y de la criminalización de la libertad de expresión, en Confidencial y otras plataformas digitales nicaragüenses, que operan desde Costa Rica, Estados Unidos, España, y otros países, mantenemos el 50% de nuestra audiencia en Nicaragua. Sin embargo, ejercer el periodismo en el exilio demanda superar un triple desafío: primero, brindarle protección a nuestras fuentes y colaboradores a través de canales seguros de comunicación; segundo, realizar una labor extraordinaria de verificación para brindar información confiable, sin contar con periodistas en el terreno; y por último, y no menos importante, lograr la sostenibilidad económica de las redacciones en las condiciones más adversas y desventajosas. En estos cinco años en el exilio, Confidencial ha investigado decenas de casos emblemáticos de corrupción pública, la captura del Estado, y la demolición de la democracia: - 'La red de negocios privados de la familia Ortega Murillo al amparo del Estado', 'El testaferro y la compra de Disnorte y Dissur', 'La caja chica de Credicoop', y 'El negocio de la paquetería del nieto de los dictadores'. - 'La maquinaria del destierro, la apatridia y los crímenes de lesa humanidad', 'La persecución contra la Iglesia católica y las 39 propiedades confiscadas a la Iglesia'. - La «purga» interminable de Rosario Murillo para decapitar al «sandinismo histórico» y encarcelar a los operadores leales a Daniel Ortega. - 'Los anillos del poder de Daniel Ortega', y 'Los nuevos operadores del poder de Rosario Murillo'. Ese es el periodismo que la dictadura ha criminalizado y pretende descalificar como «golpismo», por incurrir en el presunto delito de informar, explicar, profundizar, y contar la verdad. En julio de este año, celebramos el aniversario de Confidencial, el medio que fundé en 1996, durante la transición democrática en Nicaragua, y que desde hace cinco años se enfrenta desde el exilio a una dictadura. A lo largo de estos 30 años, Confidencial y sus periodistas, han sido honrados por el reconocimiento profesional de instituciones internacionales que distinguen a nuestro trabajo entre lo mejor del periodismo latinoamericano. Pero el premio más importante de todos ha sido mantener la confianza que nos otorgan nuestras audiencias. Cuando ninguna ley o institución puede proteger a los periodistas de Confidencial porque ha colapsado el Estado de Derecho, nuestra única protección proviene de la credibilidad de nuestro periodismo y del compromiso de nuestros reporteros de apegarse a la verdad, a cualquier costo y de su talento profesional para seguir reinventando el periodismo, aun desde el exilio. Para Confidencial, reinventar el periodismo no es hacer un cambio estético, sino una estrategia de resistencia y sostenibilidad. Nos reinventamos cuando después del asalto a nuestra redacción y la censura televisiva, nos convertimos en un medio puramente digital, y nos reencontramos con las audiencias que nos buscan a través de sus teléfonos celulares. Nos reinventamos al transformar el trauma del exilio en una redacción transnacional que, a pesar de la persecución contra nuestros periodistas y nuestras fuentes, sigue reporteando sobre Nicaragua, saltando muros de censura y bloqueos digitales. Gracias a nuestras audiencias, a nuestras fuentes, y a nuestros periodistas, seguimos derrotando la censura, manteniendo viva la llama de la libertad de prensa, como la primera y la última reserva de todas las libertades. Este artículo de opinión es parte de la campaña World News Day, una iniciativa global para mostrar el valor del periodismo